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Por Robert Assink
Director General de Interxion España
Si analizamos a los responsables de los diferentes departamentos de una compañía, seguramente no resultará demasiado complicado identificar las cualidades, perfiles y atribuciones laborales de cada unos de ellos; las funciones de un Director Financiero, de un Director de Marketing o de un Director Comercial se encuentran perfectamente definidas y acotadas. Sin embargo, la figura del Director de Tecnología o Responsable de la Dirección Informática (RDI) requiere, en la mayoría de los casos, un análisis aparte.
El primer escollo lo encontramos, sin ir más lejos, en la propia denominación, no está muy claro si ser Responsable de la Dirección Informática es lo mismo que ser Director de Sistemas, Director de Tecnología o Director de Informática. A partir de este punto, digamos que todo sigue la misma tónica, del mismo modo que no existe una unidad a la hora de atribuirle un nombre concreto a su cargo, igual sucede cuando analizamos el punto más importante, sus atribuciones.
Hasta el momento, en la mayoría de las compañías, nadie duda de que su figura es imprescindible, con independencia de que hablemos de una compañía tradicional o relacionada directamente con las TI. Ya que, nos guste o no, la tecnología incide en la mayoría de los departamentos de una empresa, y de su correcto funcionamiento depende el trabajo de otros.
Pero, las nuevas circunstancias económicas y tecnológicas han hecho que la línea que separa tecnología y negocio cada vez sea menor, por lo que los equipos directivos deben comenzar a considerar a los Directores de Tecnología como elementos esenciales en la política de la compañía. Por ello, estos profesionales deben estar representados en las reuniones estratégicas de la organización; y más cuando existe una coincidencia casi universal en que las tecnologías de la información aportan una clara ventaja estratégica.
Los altos directivos deben comprender que un Director de Tecnología, no sólo es un profesional capacitado para asegurar el correcto mantenimiento de los sistemas, capaz asumir responsabilidades en cuanto a seguridad o recuperación frente a desastres. Los Directores Técnicos son nadadores experimentados en las aguas del cambio, ¿acaso hay algo más cambiante que la tecnología?. Estos profesionales son gestores productivos de la información, extremadamente provechosos, con grandes cualidades para hacer equipo.
El problema está en que en gran parte de las empresas aún siguen considerando el Departamento Técnico como un anexo del negocio, siendo su trabajo poco valorado por el resto de los equipos directivos y produciéndose, por tanto, un desaprovechamiento de sus cualidades.
Un caso concreto de mal aprovechamiento de sinergias lo encontramos en la relación Director Financiero - Director Técnico, parece que son figuras destinadas a la eterna confrontación, ahorro de costes frente a inversión en tecnología. Sin embargo, el acercamiento entre ellos es poco menos que inevitable y, en los casos en los que se produce, extremadamente provechoso. De hecho, sus posturas son más cercanas de lo que pudiera parecer.
Del mismo modo que la correcta gestión del capital social o del capital humano de cualquier compañía, repercute directamente en la evolución de la misma y en su grado de competitividad en el sector, el capital tecnológico representa la tercera "pata" en la que se sustenta su actividad. Y la interrelación de los distintos capitales para afrontar un único objetivo es fundamental, no sólo para crecer, sino para sobrevivir.
La responsabilidad de los distintos capitales recae en profesionales que, ante todo, deben ser gestores. Como ha quedado sobradamente demostrado, la tecnología por si sola no llega a ninguna parte, al igual que inversiones sin una base profesional adecuada, por no hablar de profesionales sin capital y sin base tecnológica.
Existe, por tanto, una doble responsabilidad: por un lado, las compañías deben involucrar más al Director Técnico en decisiones que hasta la fecha eran competencias casi directas del Director Financiero y, por otro lado, los Directores Técnicos deben evolucionar hacia posturas más gestoras y, tal vez, menos técnicas, reclamando una mayor participación y asumiendo un conocimiento más global de la empresa, de sus objetivos y organización. De hecho, en la mayoría de los casos la evolución de estos profesionales ha sido esta de forma más o menos natural, si no conoce la estrategia global de la empresa en la que trabaja, difícilmente gestionará el capital tecnológico de una forma eficaz.
El control de estos sistemas y su dirección se ha vuelto esencial en las empresas, y aunque la coyuntura actual no sea la más adecuada, seguramente no encontraremos un profesional más preparado para hacer frente a dos preocupaciones permanentes de las compañías, los cambios y las incidencias. Al fin y al cabo, se trata de su día a día.
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