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Por
Robert Assink
Director General de InterXion España
Resulta gratificante
para los que siempre hemos apostado por el mercado español comprobar
que, día a día, está posicionándose mejor
en la carrera de Internet, ese ilimitado universo de posibilidades.
Internet une ya a
260 millones de personas en todo el mundo, cifra que, según las
previsiones, alcanzará los 765 millones de usuarios en el año
2005. España se ha subido a tiempo al tren de la tecnología
y ocupa el puesto decimoquinto en el número de "internautas". En
efecto, la mayoría de los usuarios en nuestro país están
en la banda de los 25 a los 34 años, pero, afortunadamente, cada
vez hay más directivos mayores de cuarenta años por un lado,
y jóvenes universitarios, menores de 25 años, por otro,
que se conectan habitualmente a la Red.
En una Europa dispuesta
a competir abiertamente con Estados Unidos, se espera que en el 2002 la
mitad de la población de la Unión Europea (136 millones
de personas) utilice Internet frente a los 62 millones que navegaban por
la Red el pasado año. De la misma forma, se espera que el comercio
electrónico se duplique en el mismo periodo, pasando de 16 a 34
millones de usuarios. Se calcula que para el 2002, cuando entre en vigor
la moneda única, el comercio electrónico alcance en España
255.000 millones de pesetas.
En España,
los incrementos también serán espectaculares; de casi un
millón de Internautas en 1997 se pasará a siete millones
en el 2003, y en el 2002, más de dos millones de personas utilizarán
el comercio electrónico, según datos del Observatorio Europeo
de Nuevas Tecnologías. La penetración de ordenadores en
los hogares (28%) todavía tiene que crecer y equipararse a la alemana
(35%) o inglesa (37%) y ojalá no muy tarde a la sueca (64%). El
gobierno parece haberse dado cuenta de la importancia de la Red y está
implantando políticas que estimulan su uso en distintos ámbitos.
Con la liberalización
del mercado de las telecomunicaciones y la última concesión
de nuevas licencias, España está demostrando su interés
en recuperar cuanto antes la diferencia con otros países occidentales
en el terreno de Internet. No es casual que la penetración del
teléfono móvil por habitante (superior a un 40%) sea una
de las mayores de Europa, ni que España sea el segundo país
europeo en conceder licencias de telefonía móvil de la tercera
generación (UMTS), ni que la banca española haya sido de
las primeras en posicionarse en Internet. La combinación del uso
del móvil y la navegación por Internet presagia posibilidades
ilimitadas, aún necesitando una mayor infraestructura tecnológica.
Si la Unión
Europea se va a consolidar como una de las zonas mundiales más
dinámicas con crecimientos en las nuevas tecnologías superiores
al 10%, España es uno de los miembros de la Unión que más
rápidamente está creciendo en este campo; en 1999 su ritmo
fue superior al 15%. Se puede decir que ha comenzado la carrera por Internet
con cierto retraso, pero su velocidad de crucero le llevará seguramente
a estar en los puestos de cabeza en muy poco tiempo.
Es igualmente esperanzador
ver cómo las principales empresas españolas están
a marchas forzadas incorporando nuevas estrategias para aprovechar las
oportunidades que ofrece Internet. La entrada de empresas extranjeras,
como la mía, para hacerse un hueco en el mercado interactivo, será
igualmente beneficioso ya que al aumentar la oferta y la competencia,
los precios bajarán y se estimulará la demanda.
Teniendo el segundo
crecimiento más fuerte de la Unión Europea, en parte por
un punto de partida inferior, pero también por el favorable ambiente
económico que tenemos, parecen bastante coherentes las recientes
declaraciones de Patricia Botín en las que afirmaba que España
iba a convertirse en el Silicon Valley europeo.
A pesar de todos estos
datos, las previsiones optimistas podrían aún mejorarse
si se solucionaran los tres problemas que están frenando la carrera
de Internet en este país; la escasez de profesionales cualificados;
la mejora de la oferta educativa y el abaratamiento y la mejora de las
conexiones.
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