| |
¿Vuelva
la imaginación al poder?
“Todavía queda por recorrer en las
sociedades modernas lo que se llama la personalización de
la demanda. (…) Los productos farmacéuticos que siguen
teniendo exclusivamente dos versiones: infantiles y de adultos.”
“¿Cuánta autonomía hace
falta para poder ser creativo? ¿Se ahogan los empleados debajo
de manuales de procesos y calidad? ¿La cultura de la empresa
es la de pedir perdón o la de pedir permiso?”
Desde hace poco, observamos que Microsoft está
haciendo tests de creatividad a sus directivos antes de ascenderlos.
También observamos que la mayoría de las grandes organizaciones
incorporan el término “innovación” en
sus documentos de misiones, visión, valores, es decir, los
documentos que definen la compañía. Pero, ¿realmente
existe innovación entre organización y la creatividad
de los recursos humanos de la empresa? A nuestros directivos se
les llena la boca con la palabra “innovación”;
nuestros manuales corporativos y principios y valores se decoran
con la palabra “innovación”. En el año
en el que el Gobierno de España va apostar más fuerte
que nunca en su historia reciente por el I+D+i, ¿nos estamos
preocupando por el desarrollo de la creatividad de nuestros dirigentes/directivos?
La respuesta es que hay una incoherencia con la innovación
real de las compañías y la tan traída innovación
que aparece en el frontispicio de todas sus presentaciones.
De mucho nos valdría recordar los dos aforismos
clásicos: “nadie da lo que no tiene” y el “todo
lo que vale cuesta”. Es muy difícil hacer que la innovación
inunde una empresa si no se tiene a las personas adecuadas, igual
que si se desea fomentar la creatividad habrá que poner los
medios e incentivos adecuados para que florezca y dé frutos.
Si las cúpulas directivas desean fomentar
la creatividad, deberán contestar a las siguientes preguntas:
· ¿Existe algún incentivo
económico o de otro tipo en la organización que
premie y por lo tanto incentive las buenas ideas?
· ¿Cómo se reconoce formal e informalmente
el valor de los recursos humanos, los empleados, que se han atrevido
a ser creativos?
· ¿Cuánta autonomía hace falta para
poder ser creativo? ¿Se ahogan los empleados debajo de
manuales de procesos y calidad?
· ¿La cultura de la empresa es la de pedir perdón
o la de pedir permiso?
Cuando las preguntas son las correctas, las respuestas
llegan casi solas: si no premia, no fomenta: fomente la creatividad
premiándola; y reconózcala cualitativamente (con los
gestos, con la palmada en la espalda) y no sólo cuantitativamente
(monetariamente). La creatividad necesita espacio, no puede encorsetarse
en procedimientos rígidos, por lo que hay que dejar espacio,
aunque sin perder la perspectiva (aquí la respuesta no es
tan sencilla). Y finalmente, si la cultura de su empresa es la de
pedir permiso, entonces los empleados no moverán jamás
un dedo, no se atreverán. Por lo tanto, reconocimiento, incentivo
económico, autonomía y cultura abierta son requisitos
para la innovación empresarial, no solamente técnica
sino en todos los aspectos: servicio al cliente, procesos, logística,
aprovisionamiento, manufacturación, administración,
finanzas…
Nos engañaron cuando nos explicaron la ley
de la Oferta y la Demanda. Nos tendrían que haber explicado
la Ley de la Demanda y de la Oferta. Es más fácil
y más necesario ser creativo en la demanda que en la oferta.
Cada vez que se nos pide creatividad, imaginación, ideas
nuevas, innovación, nos concentramos en la oferta, en la
parte tecnológica: a ver qué nuevo chip podemos inventar.
El enfoque debería ser el contrario, dirigido a la demanda.
Estamos en un entorno donde nos quejamos del consumismo y materialismo
y sin embargo quedan múltiples necesidades del ser humano
por satisfacer. Frente a productos y servicios inútiles hacen
falta otros absolutamente imprescindibles. Hay que pensar qué
necesita la sociedad en la que vives en lugar de pensar qué
puedes vender. La creatividad siempre viene por la vía de
la demanda, no por la vía de la tecnología. Piense
el lector que todavía queda por recorrer en las sociedades
modernas lo que se llama la personalización de la demanda.
No deja de ser manifiestamente mejorable una mayor personalización
en los productos farmacéuticos que siguen teniendo exclusivamente
dos versiones: infantiles y de adultos. Ni todos los niños
tienen la misma edad ni todos los adultos el mismo peso.
Nos enseña José María Bermúdez
de Castro, codirector del proyecto Atapuerca, que nuestra creatividad
se aloja en el lóbulo frontal de nuestro cerebro. Con esa
parte de nuestra inteligencia conseguimos creatividad, pero necesitamos
también el poder económico-político-mediático
y tecnológico que lleva a la práctica nuestras ideas.
Nos hace falta inteligencia política. Quizá por esa
falta de inteligencia política es por lo que la generación
del 68 y las posteriores no pueden asegurar la llegada de la imaginación
al poder.
|