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Hablemos sobre motivación. ¿Y quién me motiva a mí?
Esta es la pregunta que un sinfín de ejecutivos y empresarios con más o menos personal a su cargo se hace constantemente. Como echando en cara a la empresa que si bien ellos son los responsables de motivar a su gente, nadie parece motivarlos a ellos.
¿Le pasa a usted querido lector?. Si es así, quizá la lectura de este pequeño artículo le ayude en su camino.
Los que me conocen bien saben que soy una persona eminentemente práctica, por lo que no vamos a tratar aquí las tan estudiadas y sabidas teorías X y Z o los factores exógenos y endógenos de motivación que en toda universidad y master que se precie se estudian y se aprenden.
Empecemos por definir la palabra motivación. ¿Qué es motivación? Curiosamente, llevo haciendo esta pregunta muchos años y las respuestas que oigo no dejan de sorprenderme muchas veces.
Motivación, la misma palabra lo dice, es motivo en acción. Motiv-ación. Así una persona motivada es aquella que tiene uno o varios motivos para poner acción. Por el contrario, no estaremos motivados cuando no tenemos motivos para poner acción.
De esta simple definición se derivan unas consecuencias tremendamente esclarecedoras y de una importancia vital en la vida de toda persona que aspire a algo.
1) El primer principio que ha de estar claro en nuestra mente y en nuestro corazón es que el primer y único responsable de estar motivado es uno mismo. En el instante en que uno toma conciencia de esta gran realidad, la vida empieza a tener otro sentido.
2) La segunda gran verdad de la que tenemos que ser conscientes es que “yo” soy el responsable de tener claro el motivo de mi actuación. Es decir, en mi vida, a lo largo de toda ella, yo tengo que tener muy claro cuál es mi objetivo, mi meta, lo que deseo. Sólo las personas que tienen claro lo que quieren en la vida lo consiguen.
3) Si “mi motivo” o motivos en la vida es lo suficientemente grande (entendiendo por grande, deseado, querido), los obstáculos que encuentre en mi recorrido vital los podré sortear o vencer, pues “mi motivo” es más grande que mis obstáculos. Sin embargo si en un momento dado, me encuentro cuestionándome si merece la pena hacer tal o cual cosa en pos de alcanzar mi objetivo, entonces lo que puedo tener muy claro es que o bien mi motivo no es lo suficientemente grande, en cuyo caso no me merecerá la pena salvar o vencer el obstáculo, o directamente ese no es “mi motivo” en cuyo caso tendré que valorar la importancia o deseo real de mi motivo. Hay otra tercera posibilidad, se da en lo que muy gráficamente llamamos los “muertos en vida”, aquellas personas que no tienen ningún objetivo de vida, por lo que cualquier contrariedad en la vida les impedirá realizar el más mínimo esfuerzo. Sencillamente, “no merece la pena”.
El entendimiento de esta simple verdad ha provocado maravillosas “revoluciones” personales, empezando por mí mismo, y siguiendo por decenas de personas que hemos tenido la fortuna y el honor de conocer en nuestros cursos. Y si hemos de terminar este argumento, me encanta hacerlo con lo que escribió el célebre pensador británico Somerset Maugham: “lo curioso de la vida es que si le pides lo mejor, ésta te lo da”. Ojo con lo que buscamos, porque al final lo encontraremos.
Conscientes de esta contundente necesidad, en VESP compartimos una vía para mantener la motivación constante en todo ser humano, la llamamos la vía “SMCes” que viene de Sueño, Meta, Cambio y Comunicación Interior Constructiva.
Toda persona que tiene un sueño claro y realmente deseado, que lo convierte en una meta concreta, entendiendo qué es el cambio y cómo hacerse íntimo amigo de él en la vida para beneficio propio y de la sociedad que formamos parte, a través de un diálogo interno constructivo que está de acuerdo con lo que nosotros trabajamos como “los 4 pilares de la comunicación interior constructiva”, está abocada a tener un nivel de automotivación tal que mantenga el rumbo hacia la consecución de su meta independientemente de los reveses que la vida pueda deparar en cada momento.
La vía “SMCes”, nos recuerda que ese que meces somos cada uno de nosotros, pues dentro de cada uno de nosotros está vivo el niño que no tenía límites, ni había obstáculos a lo que quería conseguir. Esta vía nos recuerda que si seguimos meciendo al niño que llevamos dentro, estaremos cada día más cerca de aquello para lo que realmente vinimos a este mundo, y la motivación, nuestra motivación, nunca más será un problema en nuestra vida.
Pero ahondar en esta vía daría para unos cuantos artículos más.
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