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Si
estás dispuesto a trabajar en toda Europa tienes más oportunidades
de empleo y más sueldo
Está claro que en la era de Internet y la globalización de las comunicaciones,
la disponibilidad geográfica de los profesionales del futuro será
imprescindible. Aprender, formarse, hacer prácticas o realizar una
investigación, son algunos de los motivos que impulsan a los jóvenes
de hoy a desplazarse a otros países, pero es una opción que crecerá
de forma exponencial a lo largo del siglo que acabamos de estrenar.
Entre los objetivos marcados en la creación de la Unión Europea,
está la meta de conseguir profesionales europeos, que conozcan lenguas
y culturas europeas y que supongan un aporte de calidad y conocimientos
altamente estratégicos para el mundo laboral del siglo XXI.
Un profesional europeo será una persona que conocerá al menos 2
lenguas europeas además de la suya materna, que habrá realizado
sus estudios en distintos países y cuya carrera profesional será
de ámbito internacional, puesto que resultarán profesionales de
alto valor para las empresas.
Para conseguir estos profesionales del futuro, los ministros de
Educación europeos se comprometieron en 1999 a crear un espacio
europeo de la enseñanza, introduciendo un sistema de títulos universitarios
fácilmente comparables y desarrollando un sistema de transferencia
de créditos como medio para promover una movilidad lo más amplia
posible.
Un ejemplo es el caso de LOS ESTUDIANTES ERASMUS Y LA EMPLEABILIDAD.
En 1999 se llevó a cabo un estudio en el que "se siguió la pista"
de diversos estudiantes ERASMUS (F. Maiworm; U. Teichler: "Study
Abroad and Early Career. Experiences of Former Erasmus Students",
Monografías Erasmus nº 21, Jessica Kingsley Publishers Ltd, Reino
Unido, 1999), en el marco de la evaluación de este programa. Este
estudio presenta varios datos sobre las relaciones existentes entre
el hecho de estudiar en otro país y el empleo, la carrera y las
tareas de trabajo que tienen los antiguos estudiantes ERASMUS, basándose
en una encuesta llevada a cabo cinco años después de su experiencia
en el extranjero.
Según este estudio, muchos antiguos estudiantes ERASMUS, y especialmente
los que pasaron de seis a doce meses en el extranjero, suelen tener
éxito a la hora de encontrar empleo y acostumbran a realizar tareas
en las que pueden aplicar la experiencia internacional adquirida
o reforzada durante su estancia en otro país, como son el idioma,
el conocimiento profesional del país de acogida, el conocimiento
de primera mano de la cultura y la sociedad de ese país, etc.
Cerca de un tercio de estos estudiantes recibieron una oferta de
empleo en el extranjero; alrededor de una quinta parte de ellos
trabajaban en el extranjero en el momento de la encuesta, la mitad
de ellos en el país de acogida del programa ERASMUS.
Además, el 71 % de estos estudiantes fueron contratados por organizaciones
o empresas de orientación internacional.
Debemos reconocer que España es aún uno de los países europeos donde
menos se hablan lenguas extranjeras, lo que supone un obstáculo
a la movilidad; nuestra asignatura pendiente para acceder a una
educación y empleo cuyas fronteras abarcan ya el viejo continente
al completo, aunque esta situación se encuentra ya en vías de cambiar.
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