|
|
Lo que somos, lo que creemos ser y el Proceso de Enseñanza-Aprendizaje Individual y Social
Nosotros y nuestras organizaciones y países somos y estamos más allá de lo que creemos ser. Es muy posible y casi seguro, que, como individuos o colectivos humanos, nos identifiquemos más con lo que hacemos y con lo que nos gusta, que con lo que, más allá de las circunstancias del momento y, casi de manera inmanente, fuimos, somos y seguiremos siendo.
En otras palabras, tenemos dos dimensiones, una más permanente que, casi filosóficamente, podemos decir que es lo que somos. Y, otras, muchas más, que están vinculadas a nuestros roles. Individualmente, podemos definirnos por lo que hacemos o creemos ser; esto es, como contador, médico, abogado, esposo, esposa, hijo, liberacionista, demócrata cristiano, radical, aliancista, social-demócrata, conservador, libertario, progresista, progre, o, por sus contrarios, anti (u opuesto) a una idea, situación o cualquier cosa, de un lado o del otro.
Es claro que cualquiera de todas las dimensiones mencionadas o combinaciones de ellas, definitivamente no definen la totalidad ni siquiera una parte medianamente significativa y trascendente de lo que realmente somos.
Lo que somos, de verdad, está mucho más allá de cualquiera de nuestros papeles en la vida, muchos de ellos conflictivos entre sí; y, por supuesto, mucho más allá de nuestras identificaciones del momento con ideologías, creencias, posiciones, tradiciones, hábitos o comportamientos más o menos fijados.
Lo mismo pasa con nuestras organizaciones y países. Más allá de todo lo que nuestras organizaciones o instituciones hacen o creen hacer en un determinado momento o por un extendido período de su historia, son algo más, seguramente mucho más integrador, inmanente o permanente que todo lo anterior combinado.
En este marco de reflexiones, podemos preguntarnos ¿cómo mejor enseñamos o educamos a nosotros mismos y a los que nos rodean, para que en efecto seamos y sean efectivos, eficientes y, por supuesto, capaces de crecer y realizarnos como individuos y como colectivos humanos trascendentes?
En una primera aproximación, respondemos que lo mejor es "aprender haciendo." Pero, ¿qué implica esto frente a lo anterior? Esto implica que el "haciendo" se refiera, por una parte, más a lo que "hacemos" que a lo "decimos," y, ya a un nivel mayor y trascendente de profundidad y significatividad existencial, más a lo que "somos" que a lo que "hacemos."
Elaboremos ésto algo más. Lo que decimos, no necesariamente se compatibiliza con lo que hacemos, y ninguno de los dos necesariamente concuerda con lo que somos en lo más profundo de nosotros mismos. Va de suyo que, lo ideal, sería una concordancia total de todas estas dimensiones. Pero, esto en la vida cotidiana no es del todo común, aunque si pueda ser posible. Es común la expresión bien conocida de "haz lo que yo diga y no lo que yo haga."
De igual forma es conocida la expresión que reza, "lo que haces habla tan alto, que lo que dices no se escucha." Estas expresiones ilustran claramente estas dicotomías e incongruencias y los resultados no deseables de estas prácticas. De igual forma y no menos cierta es la expresión de "lo que haces o dices, no se corresponde con lo que eres." Y, a continuación, surgen preguntas o especulaciones tales como "¿qué es lo que querrá?," u otras aún peores, como "miren, está haciendo el teatro para que lo creamos bueno, compasivo y solidario, cuando en la realidad, solo está buscando dinero, prestigio y/o poder." Lo mismo es, tanto con individuos como con organizaciones y países. Así tuvimos y aún quedan expresiones tales como "imperialistas," "anti-imperialistas," y otras expresiones por el estilo.
Es por esto, que, en los procesos de enseñanza-aprendizaje para el desarrollo individual y colectivo, la pregunta es ¿cómo nos des-identificamos de nuestras pautas mentales "egóicas" o egoístas? O ¿cómo reconocemos y nos liberamos de nuestros patrones inconscientes y egoístas de conducta frente a nosotros mismos y a los demás?
Seguramente, en este marco de la realidad, "lo que somos o lo que los demás perciben que en efecto somos, en lo más profundo de nosotros mismos, tiene mas fuerza, vitalidad y efectividad, como enseñanza, para transformarnos a nosotros mismos y a los que nos rodean, que cualquiera sean las cosas que hagamos o digamos."
Por esto, con frecuencia, nos encontramos con realidades políticas en las que, una cierta figura ministerial o de otro orden, a pesar de reconocérsele que sabe lo suficiente como para desempeñar su función, tanto o más o incluso mejor que otros, segmentos importantes de la población no lo apoyan; porque, consciente o inconscientemente, lo perciben, a nivel de persona, como que "no es" lo que tiene que ser.
Perciben que hay una incongruencia demasiado marcada entre "lo que es," percibido a veces "por lo que fue" o por otras razones, con lo que "saben que sabe," "con lo que dice," e incluso con "lo que hace." En fin, por la razón que sea, no despierta credibilidad.
Y la credibilidad, en los procesos de enseñanza-aprendizaje para la realización y el desarrollo, son esenciales, tanto en el ámbito de individuos como de organizaciones y, principalmente, de países.
Lo primordial es "lo que somos" y lo que las mayorías o los segmentos de más peso relativo en la toma de decisiones, "perciben que somos." De este modo, esas mayorías o segmentos decisivos, operan en el ámbito de lo que son las causas mismas "del hacer," y "del decir."
En lo más profundo de nuestras existencias individuales y colectivas, "los males," "los problemas," "lo indeseable," "las crisis"; en fin, todo lo que conspira contra nuestro propio bienestar y crecimiento, como lo que por añadidura conspira contra el bienestar y crecimiento del prójimo, de los demás, es "efecto de nuestras inconsciencias." Si, como individuos y como colectivos de individuos, ganamos en "conciencia," "cordura," y de "racionalidad en el ámbito del ser, individual y colectivo, y no de la mente egóica solamente," seguramente aprenderemos mejor; tendremos mayor éxito; el éxito será más compartido; y, para todos, ese éxito será más sostenible, creciente y duradero.
Para esto, en el ámbito de nosotros como individuos y en el ámbito de nuestras organizaciones y países, tenemos que "mirar hacia adentro," y no exclusivamente "hacia afuera." En efecto, es difícil que, como individuos, demos a los demás lo que no tenemos.
Damos lo que somos, tanto como que somos lo que damos. Es igual con nuestras, empresas, organizaciones y países. Por esto, antes que nada, tenemos que cultivarnos y crecer como personas; luego y al mismo tiempo, podemos crecer como organizaciones, como empresas y como países.
En el ámbito de las empresas, por esta razón, primero es el círculo interno, "los dueños, los clientes internos (o empleados) y sus familias." Luego, vienen los clientes que ya tenemos. Y, por último, viene la conquista de clientes que todavía no están ni forman parte de nuestra cartera. Si el núcleo de "los dueños, sus empleados, sus familias y los clientes actuales" es suficientemente fuerte, sólido y consistente, la conquista de nuevos clientes, viene por añadidura, naturalmente, y a los costos más bajos imaginables, con la mayor efectividad, eficiencia y productividad.
Todo lo anterior también aplica para nuestras organizaciones de defensa del medio ambiente. Podemos, trabajando desde adentro hacia fuera, y no al revés, ser mucho más significativos y exitosos. Por supuesto, esto no quiere decir que no tengamos en cuenta lo que pasa en el exterior.
Todo lo contrario, lo que pasa en el exterior, sin ser exageradamente crípticos, ya está pasando y pasará cada vez con más fuerza y vitalidad dentro de nosotros mismos. Tenemos que focalizar y concentrar nuestra atención e intenciones, en lo más profundo de "nosotros mismos," y del fondo de nuestras organizaciones, empresas o países," para que, como conjuntos humanos, nos unifiquemos, y como uno solo, crezcamos, nos desarrollemos más, nos realicemos mejor, y alcancemos niveles de éxito cada vez más crecientes, perdurables y sostenibles.
|