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Setiembre de 2002


Dr. Alberto D.R. Salinas-Goytía
Consultor y Conferencista Internacional
http://www.geocities.com/adrsg7/
dsalinas@sol.racsa.co.cr

 

La Creatividad, la Ética y la Realización de Potencialidades Individuales y Empresariales: Un Proceso Vital a cargo de nuestra Inteligencia Espiritual, Individual y Colectiva

 

Como es bien sabido por los pensadores estrellas de todas las épocas y regiones del mundo, todo es posible. Nada es imposible. Pero en el plano de nuestras limitaciones y distorsiones sensoriales, impuestas por nuestros propios temores o desconfianzas, o por las culturas que nos rodean y en las que nos insertamos, nos rodeamos de situaciones aparentemente imposibles y de toda clase de limitaciones. Y, esto nos lleva a tener que vivir en el terreno de las probabilidades, las que, en su mayor parte, son función de estas limitaciones. Las misma, nos atan, definitivamente, al terreno del azar, y nos alejan del terreno de las infinitas potencialidades que nos rodean. Esto, en la ciencia cuántica de punta, se evidencia y deriva de lo que en la misma denominan como “cero point field.” O campo de fuerza implícito, “implícate” según David Bohm, o de infinita energía potencial, según los físicos cuánticos.

¿Cómo salimos de este primer escollo, que tanto nos destierra del reino de las infinitas posibilidades y potencialidades que siempre nos rodean, aunque no las percibamos?

Esto lo logramos, o podemos comenzar a lograrlo, adentrándonos en el silencio más profundo de la meditación; en nuestra comunión permanente y significativa con la naturaleza y el medio ambiente que nos rodea; y con un compromiso pronto y cumplido de no juzgar, por encima de todo. En efecto, en el silencio nos encontramos con nosotros mismos, y con ese reino todo lo potencial no manifestado, y potencialmente manifestable.

Comulgando con la naturaleza y el medio ambiente, nos conectamos con la unidad misma a la que pertenecemos, y, en ese proceso, intercambiamos energías y, literalmente, nos recargamos con la energía infinita que nos rodea y que no depende de las manipulaciones aquellas por las que, las energías que adquirimos son energías y fortalezas que otros pierden. Comulgando con la naturaleza y todas sus bellezas y potencialidades, nos conectamos con la fuente misma de la creación ya ocurrida y a ocurrir. Nos conectamos con lo permanente y trascendental por excelencia.

Y, si no juzgamos, nos abrimos la oportunidad, consciente o inconscientemente, de aceptar y comprender la realidad, el aquí y el ahora, el presente, como para, a partir de esta comprensión, estar en condiciones de, usando la dinámica misma de esa realidad, estar en condiciones de orientar y reorientar, una y otra vez, esa misma realidad, y las realidades subsecuentes, en la dirección a la que, a través de sucesivas aproximaciones, podemos acercarnos a nuestros propósitos más profundos y trascendentes. Si, por el contrario, no hacemos esto, lamentablemente, lo más probable es que estemos y continuemos negando la realidad, el presente, el aquí y el ahora, en la medida que el mismo no se ajuste a nuestras expectativas, prejuicios o pre-juzgamientos. En otras palabras, el tiempo y las obsesiones a las que nos conduce la negación de las realidades que no queremos, nos impiden que alguna vez podamos cristalizar las realidades que queremos o a las que aspiramos.

Ahora bien, superada esta actitud básica de aceptación, tenemos que preguntarnos, ¿cómo accesamos este reino de las infinitas potencialidades aun no manifestadas pero definitivamente sí manifestable? Definitivamente, podemos imaginarnos respuestas, tendientes a movilizar estos espacios energéticos infinitos. Por dónde lo veamos y apreciemos, no es posible movilizar las energías de estos espacios, si antes no inyectamos, desde dentro de nosotros mismos, energías compatibles con las que allí existen infinitamente. En otras palabras y dando un “salto cuántico”, tenemos que dar. Sí, tenemos que dar para, de lo mismo que damos, recibir desde ese espacio de infinitas potencialidades, energías del mismo signo que nosotros damos desde nuestro propio interior. Y, como parte de este mismo proceso, no basta dar para recibir, sino recibir para seguir dando. Esto es, para seguir circulando, sin fin, lo que damos y recibimos. Tenemos que, definitivamente, ampliar cada vez más nuestros circuitos de conexiones e interrelaciones. También en otras palabras, damos o tenemos que dar por el placer de dar, y no como una manera exprofesamente dirigida a recibir. Si hacemos esto último, es posible que no recibamos, por el hecho mismo de que, la condicionalidad de lo que damos, interrumpe el flujo mismo de las energías que nos regresan. Concluyendo este punto, todo lo que existe, nosotros incluidos, al igual que nuestras y empresas, somos flujos de energías que se intercambian unas con otras, atrayendo, siempre, energías del mismo signo. Las negativas, atraen energías negativas, y las positivas atraen energías positivas.

En este sutil y al mismo tiempo poderoso proceso, ¿qué necesitamos comprender, como precondición o prerrequisito básico para no abortar estos procesos de flujos y reflujos energéticos, de resonancias y de vibraciones de todo tipo? Pues bien, necesitamos comprender, en primer lugar, que siempre o casi siempre hay, por una parte, una relación de causa efecto en el ámbito de lo local; y, por la otra que, al mismo tiempo, relaciones no causales, en el terreno de lo no local, dentro de los ámbitos cuánticos, dentro y fuera de nosotros.

Y, si comprendemos o al menos no rechazamos estas afirmaciones, sin saber por qué las rechazamos, ¿qué es lo que nosotros, individual y / o colectivamente, tenemos que hacer para excitar positiva y conducentemente estos procesos en permanente devenir? Pues bien, tenemos que testimoniar, conscientemente ¿qué es lo que hacemos, qué es lo que pensamos, qué es lo que sentimos, qué es lo que nos dicen nuestras emociones, y, en fin, qué es lo que ocurre dentro y fuera de nosotros mismos, objetiva y subjetivamente, e incluso transpersonalmente, dentro de todo este proceso?. Pues bien, nosotros y nuestras organizaciones o empresas como colectivos humanos, tenemos que ser testigos cada vez más conscientes de nuestras propias escogencias.

No podemos abandonarnos negligentemente a los reinos del azar o de la chapucería. Al mismo tiempo y dentro de este marco de referencia, tenemos que evaluar consecuencias y, por supuesto, tenemos que, combinadamente, recurrir a la totalidad integrada de nosotros mismos. Esto es a nuestras inteligencias, al igual que a nuestras emociones y sentimientos.

No olvidemos que, en última instancia y casi de seguro, somos lo que pensamos, tanto como que somos lo que sentimos y lo que nuestras emociones hacen de nosotros. Estas tres esferas, tal vez no las únicas, las esferas del pensamiento, de las emociones y la de los sentimientos son vibraciones que resuenan entre sí coordinándose sincrónicamente, o cancelándose unas a otras, advertida o inadvertidamente. En otras palabras, tenemos que actuar integrando nuestras cabezas con nuestros corazones.

También, en este marco del flujo y reflujo continuo de energías, no podemos interferir con ellas, sino que tenemos que facilitar esos flujos. Analógicamente, no podemos luchar contra las olas, sino que tenemos surfearlas. En otras palabras, tenemos que recurrir, como ya dijéramos, a la aceptación y no a ignorar esos flujos, reflujos o procesos.

Del mismo modo, no podemos ser negligentes y abandonados, ni tenemos que buscar culpables de las ocurrencias que enfrentamos. Tenemos que, definitivamente, asumir las responsabilidades que nos caben en todo lo que es atinente a nosotros y lo que nos rodea. Y, esto, definitivamente, nosotros y nuestros colectivos humanos tenemos que hacerlo proactivamente, no defensivamente. Del mismo modo, todo lo anterior, aunque necesario, definitivamente no es ni puede ser suficiente. Nuestras intenciones, nuestras visiones, deseos e intenciones, excitan todos estos espacios, viabilizándolos y alineándolos, o, por el contrario, cancelándolos, si esos alineamientos ceden a los conflictos y a las distorsiones de las asincronías sin sentido, o de los “mamarrachos” productos de la negligencia o ausencia de foco, de atención, o de la planificación flexible y orientadora, y no de la planificación rigídidificantes o asfixiantes.

Continuando en este proceso, es parte de nuestras responsabilidades asumidas y a asumir, el de abstraernos de las ansiedades. Tenemos que tomar conciencia de nuestra propia espiritualidad, de nuestros yoes superiores y trascendentes. Del mismo modo, tenemos tener bien en claro, o lo más claro y actualizado posible, ¿cuáles son nuestros talentos o nuestras potencialidades, realizadas y realizables, con los recursos hoy a nuestra disposición, o con los recursos que, viablemente, podemos llegar a tener a nuestra disposición dentro de los marcos del tiempo y espacio en los que nos movemos? Y, del mismo modo, tenemos que tener en cuenta ¿cuál es la diferencia entre lo que ya hemos realizado y lo que podemos llegar a realizar? Y, a esta altura, para que todo esto pueda en realidad no abortarse, tenemos que, para ligar todo lo anterior, ¿preguntarnos y respondernos sinceramente si estamos o no estamos sirviendo a otros, a los que nos rodean, o si, por el contrario, estamos orientados, consciente o inconscientemente, a servirnos o utilizar a los demás? Si esto último es del caso, seguro que todo lo anterior se cancela. No podemos hacer de los demás, ni decir de ellos, lo que no queremos ni nos gusta que los demás nos hagan o digan de nosotros.

Por último, tenemos que hacer todo esto, con un verdadero y muy vital propósito vital y apasionado. Es una manera de, en otras palabras, cubrirnos en todos nuestros intersticios, de un verdadero y profundo sentido de misión. Tenemos que tener un norte en la vida. Y, por supuesto, tenemos que procurar ese norte, sin desmayos, sin negligencias, sin abandonos y, en fin, sin dejar de comprometernos y hacer de esos propósitos la “ley y motivo” mismo de nuestra vida.

Concluyendo, esquemáticamente, el éxito vive y se deriva de la integración de todo lo que somos, más allá de nuestros egos, de nuestros cuerpos, y de nuestras aspiraciones conscientes y ordinarias. Esto es, lo que somos integralmente, tanto en lo visible como en lo invisible; vale decir lo que somos en los distintos estados de conciencia por los que podemos atravesar y efectivamente atravesamos diariamente. Somos no solamente lo que somos cuando estamos despiertos, sino también lo que somos cuando estamos en vigilia, cuando dormimos, cuando soñamos, en fin, cuando nuestros estados de conciencia son otros y distintos que los que, conscientemente, podemos denominar como ordinarios. En otras palabras, en lo individual, es la interdependencia sustentable entre nuestros distintos y múltiples ámbitos de conciencia, hábitos, automatizados o no, y de nuestros estados de ánimo, tanto objetivos como subjetivos, dentro y fuera de lo personal y transpersonal que nos es propio. Y, en lo colectivo, es la interdependencia de lo formal y de lo informal; vale decir de lo que son y esperamos que sean nuestros comportamientos, conforme a lo que son nuestras regulaciones de todo tipo y orden; y lo que, al mismo tiempo, está dentro y fuera de nuestra cultura y de nuestros conscientes y subconscientes colectivos en nuestros distintos ámbitos personales, interpersonales, y transpersonales.

 

  Dr. Alberto D.R. Salinas-Goytía
Consultor y Conferencista Internacional
http://www.geocities.com/adrsg7/
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