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La
Creatividad, la Ética y la Realización de Potencialidades
Individuales y Empresariales: Un Proceso Vital a cargo de nuestra
Inteligencia Espiritual, Individual y Colectiva
Como
es bien sabido por los pensadores estrellas de todas las épocas
y regiones del mundo, todo es posible. Nada es imposible. Pero
en el plano de nuestras limitaciones y distorsiones sensoriales,
impuestas por nuestros propios temores o desconfianzas, o por
las culturas que nos rodean y en las que nos insertamos, nos rodeamos
de situaciones aparentemente imposibles y de toda clase de limitaciones.
Y, esto nos lleva a tener que vivir en el terreno de las probabilidades,
las que, en su mayor parte, son función de estas limitaciones.
Las misma, nos atan, definitivamente, al terreno del azar, y nos
alejan del terreno de las infinitas potencialidades que nos rodean.
Esto, en la ciencia cuántica de punta, se evidencia y deriva
de lo que en la misma denominan como “cero point field.” O campo
de fuerza implícito, “implícate” según David
Bohm, o de infinita energía potencial, según los
físicos cuánticos.
¿Cómo salimos de este primer escollo, que tanto
nos destierra del reino de las infinitas posibilidades y potencialidades
que siempre nos rodean, aunque no las percibamos?
Esto
lo logramos, o podemos comenzar a lograrlo, adentrándonos
en el silencio más profundo de la meditación; en
nuestra comunión permanente y significativa con la naturaleza
y el medio ambiente que nos rodea; y con un compromiso pronto
y cumplido de no juzgar, por encima de todo. En efecto, en el
silencio nos encontramos con nosotros mismos, y con ese reino
todo lo potencial no manifestado, y potencialmente manifestable.
Comulgando
con la naturaleza y el medio ambiente, nos conectamos con la unidad
misma a la que pertenecemos, y, en ese proceso, intercambiamos
energías y, literalmente, nos recargamos con la energía
infinita que nos rodea y que no depende de las manipulaciones
aquellas por las que, las energías que adquirimos son energías
y fortalezas que otros pierden. Comulgando con la naturaleza y
todas sus bellezas y potencialidades, nos conectamos con la fuente
misma de la creación ya ocurrida y a ocurrir. Nos conectamos
con lo permanente y trascendental por excelencia.
Y,
si no juzgamos, nos abrimos la oportunidad, consciente o inconscientemente,
de aceptar y comprender la realidad, el aquí y el ahora,
el presente, como para, a partir de esta comprensión, estar
en condiciones de, usando la dinámica misma de esa realidad,
estar en condiciones de orientar y reorientar, una y otra vez,
esa misma realidad, y las realidades subsecuentes, en la dirección
a la que, a través de sucesivas aproximaciones, podemos
acercarnos a nuestros propósitos más profundos y
trascendentes. Si, por el contrario, no hacemos esto, lamentablemente,
lo más probable es que estemos y continuemos negando la
realidad, el presente, el aquí y el ahora, en la medida
que el mismo no se ajuste a nuestras expectativas, prejuicios
o pre-juzgamientos. En otras palabras, el tiempo y las obsesiones
a las que nos conduce la negación de las realidades que
no queremos, nos impiden que alguna vez podamos cristalizar las
realidades que queremos o a las que aspiramos.
Ahora
bien, superada esta actitud básica de aceptación,
tenemos que preguntarnos, ¿cómo accesamos este reino
de las infinitas potencialidades aun no manifestadas pero definitivamente
sí manifestable? Definitivamente, podemos imaginarnos respuestas,
tendientes a movilizar estos espacios energéticos infinitos.
Por dónde lo veamos y apreciemos, no es posible movilizar
las energías de estos espacios, si antes no inyectamos,
desde dentro de nosotros mismos, energías compatibles con
las que allí existen infinitamente. En otras palabras y
dando un “salto cuántico”, tenemos que dar. Sí,
tenemos que dar para, de lo mismo que damos, recibir desde ese
espacio de infinitas potencialidades, energías del mismo
signo que nosotros damos desde nuestro propio interior. Y, como
parte de este mismo proceso, no basta dar para recibir, sino recibir
para seguir dando. Esto es, para seguir circulando, sin fin, lo
que damos y recibimos. Tenemos que, definitivamente, ampliar cada
vez más nuestros circuitos de conexiones e interrelaciones.
También en otras palabras, damos o tenemos que dar por
el placer de dar, y no como una manera exprofesamente dirigida
a recibir. Si hacemos esto último, es posible que no recibamos,
por el hecho mismo de que, la condicionalidad de lo que damos,
interrumpe el flujo mismo de las energías que nos regresan.
Concluyendo este punto, todo lo que existe, nosotros incluidos,
al igual que nuestras y empresas, somos flujos de energías
que se intercambian unas con otras, atrayendo, siempre, energías
del mismo signo. Las negativas, atraen energías negativas,
y las positivas atraen energías positivas.
En
este sutil y al mismo tiempo poderoso proceso, ¿qué
necesitamos comprender, como precondición o prerrequisito
básico para no abortar estos procesos de flujos y reflujos
energéticos, de resonancias y de vibraciones de todo tipo?
Pues bien, necesitamos comprender, en primer lugar, que siempre
o casi siempre hay, por una parte, una relación de causa
efecto en el ámbito de lo local; y, por la otra que, al
mismo tiempo, relaciones no causales, en el terreno de lo no local,
dentro de los ámbitos cuánticos, dentro y fuera
de nosotros.
Y,
si comprendemos o al menos no rechazamos estas afirmaciones, sin
saber por qué las rechazamos, ¿qué es lo
que nosotros, individual y / o colectivamente, tenemos que hacer
para excitar positiva y conducentemente estos procesos en permanente
devenir? Pues bien, tenemos que testimoniar, conscientemente ¿qué
es lo que hacemos, qué es lo que pensamos, qué es
lo que sentimos, qué es lo que nos dicen nuestras emociones,
y, en fin, qué es lo que ocurre dentro y fuera de nosotros
mismos, objetiva y subjetivamente, e incluso transpersonalmente,
dentro de todo este proceso?. Pues bien, nosotros y nuestras organizaciones
o empresas como colectivos humanos, tenemos que ser testigos cada
vez más conscientes de nuestras propias escogencias.
No
podemos abandonarnos negligentemente a los reinos del azar o de
la chapucería. Al mismo tiempo y dentro de este marco de
referencia, tenemos que evaluar consecuencias y, por supuesto,
tenemos que, combinadamente, recurrir a la totalidad integrada
de nosotros mismos. Esto es a nuestras inteligencias, al igual
que a nuestras emociones y sentimientos.
No olvidemos que, en última instancia y casi de seguro,
somos lo que pensamos, tanto como que somos lo que sentimos y
lo que nuestras emociones hacen de nosotros. Estas tres esferas,
tal vez no las únicas, las esferas del pensamiento, de
las emociones y la de los sentimientos son vibraciones que resuenan
entre sí coordinándose sincrónicamente, o
cancelándose unas a otras, advertida o inadvertidamente.
En otras palabras, tenemos que actuar integrando nuestras cabezas
con nuestros corazones.
También,
en este marco del flujo y reflujo continuo de energías,
no podemos interferir con ellas, sino que tenemos que facilitar
esos flujos. Analógicamente, no podemos luchar contra las
olas, sino que tenemos surfearlas. En otras palabras, tenemos
que recurrir, como ya dijéramos, a la aceptación
y no a ignorar esos flujos, reflujos o procesos.
Del mismo modo, no podemos ser negligentes y abandonados, ni tenemos
que buscar culpables de las ocurrencias que enfrentamos. Tenemos
que, definitivamente, asumir las responsabilidades que nos caben
en todo lo que es atinente a nosotros y lo que nos rodea. Y, esto,
definitivamente, nosotros y nuestros colectivos humanos tenemos
que hacerlo proactivamente, no defensivamente. Del mismo modo,
todo lo anterior, aunque necesario, definitivamente no es ni puede
ser suficiente. Nuestras intenciones, nuestras visiones, deseos
e intenciones, excitan todos estos espacios, viabilizándolos
y alineándolos, o, por el contrario, cancelándolos,
si esos alineamientos ceden a los conflictos y a las distorsiones
de las asincronías sin sentido, o de los “mamarrachos”
productos de la negligencia o ausencia de foco, de atención,
o de la planificación flexible y orientadora, y no de la
planificación rigídidificantes o asfixiantes.
Continuando
en este proceso, es parte de nuestras responsabilidades asumidas
y a asumir, el de abstraernos de las ansiedades. Tenemos que tomar
conciencia de nuestra propia espiritualidad, de nuestros yoes
superiores y trascendentes. Del mismo modo, tenemos tener bien
en claro, o lo más claro y actualizado posible, ¿cuáles
son nuestros talentos o nuestras potencialidades, realizadas y
realizables, con los recursos hoy a nuestra disposición,
o con los recursos que, viablemente, podemos llegar a tener a
nuestra disposición dentro de los marcos del tiempo y espacio
en los que nos movemos? Y, del mismo modo, tenemos que tener en
cuenta ¿cuál es la diferencia entre lo que ya hemos
realizado y lo que podemos llegar a realizar? Y, a esta altura,
para que todo esto pueda en realidad no abortarse, tenemos que,
para ligar todo lo anterior, ¿preguntarnos y respondernos
sinceramente si estamos o no estamos sirviendo a otros, a los
que nos rodean, o si, por el contrario, estamos orientados, consciente
o inconscientemente, a servirnos o utilizar a los demás?
Si esto último es del caso, seguro que todo lo anterior
se cancela. No podemos hacer de los demás, ni decir de
ellos, lo que no queremos ni nos gusta que los demás nos
hagan o digan de nosotros.
Por último, tenemos que hacer todo esto, con un verdadero
y muy vital propósito vital y apasionado. Es una manera
de, en otras palabras, cubrirnos en todos nuestros intersticios,
de un verdadero y profundo sentido de misión. Tenemos que
tener un norte en la vida. Y, por supuesto, tenemos que procurar
ese norte, sin desmayos, sin negligencias, sin abandonos y, en
fin, sin dejar de comprometernos y hacer de esos propósitos
la “ley y motivo” mismo de nuestra vida.
Concluyendo,
esquemáticamente, el éxito vive y se deriva de la
integración de todo lo que somos, más allá
de nuestros egos, de nuestros cuerpos, y de nuestras aspiraciones
conscientes y ordinarias. Esto es, lo que somos integralmente,
tanto en lo visible como en lo invisible; vale decir lo que somos
en los distintos estados de conciencia por los que podemos atravesar
y efectivamente atravesamos diariamente. Somos no solamente lo
que somos cuando estamos despiertos, sino también lo que
somos cuando estamos en vigilia, cuando dormimos, cuando soñamos,
en fin, cuando nuestros estados de conciencia son otros y distintos
que los que, conscientemente, podemos denominar como ordinarios.
En otras palabras, en lo individual, es la interdependencia sustentable
entre nuestros distintos y múltiples ámbitos de
conciencia, hábitos, automatizados o no, y de nuestros
estados de ánimo, tanto objetivos como subjetivos, dentro
y fuera de lo personal y transpersonal que nos es propio. Y, en
lo colectivo, es la interdependencia de lo formal y de lo informal;
vale decir de lo que son y esperamos que sean nuestros comportamientos,
conforme a lo que son nuestras regulaciones de todo tipo y orden;
y lo que, al mismo tiempo, está dentro y fuera de nuestra
cultura y de nuestros conscientes y subconscientes colectivos
en nuestros distintos ámbitos personales, interpersonales,
y transpersonales.
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