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Más
allá de la Inteligencia Emocional, Hacia la holotrópica
Inteligencia Espiritual
En las empresas,
como en los individuos y naciones, tenemos que trascender de lo
verbal, y comenzar a incursionar en el terreno de lo transpersonal.
En este terreno, la ética cobra su sentido más amplio
y abarcador. Nos encontramos, con la realidad que nos trasciende
y a la que, sin saberlo, estamos conectados estrechamente. Y,
más allá incluso, con la realidad en la que todos
somos un solo ser interdependiente y universal.
Normalmente,
simplificando al extremo, podemos distinguir en nuestros análisis
empresariales e institucionales e incluso psicológicos
a nivel individual, los niveles o esferas analítica, del
sentido común o intuitiva, la de las asociaciones libres,
y la de los sueños. Como seres individuales, o como partes
interdependientes del multiuniverso en el que nos desenvolvemos,
consciente o inconscientemente, no hay lugar para el funcionamiento
de una cualquiera de estas esferas independientemente de las demás.
En cualquier
momento de nuestra vida individual o colectiva, lo que tenemos
a la mano en cualquier momento, se refleja en la pantalla cotidiana
de nuestra televisión interna. Canales de transmisión
que transmiten a esas pantallas, provienen de esas cuatro esferas.
Los estados definidos como saludables, son aquellos en los que,
la pantalla de nuestras vidas, es capaz de integrar en una sola
y vibrante transmisión, debidamente sincronizada, las emisiones
de estas cuatro esferas y de todas la esferas colaterales que
las rodean. Los estados de perturbación o de patología
a los que identificamos como problemas, por lo general podríamos
identificarlos como transmisiones desincronizadas y tumultuosas
de todas o más de una de estas esferas, al mismo tiempo,
sobre las pantallas televisivas de nuestra vida individual o colectiva.
En otras palabras,
como individuos y como colectivos empresariales o nacionales,
nuestras mayores dificultades provienen de la ausencia o insuficiencia
de conexiones suficientemente interdependientes e integradas.
Frente a situaciones patológicas en las que estas transmisiones
se agolpan sin sentido, es fundamental la clama y la cordura,
para discernir lo asincrónico de lo sincrónico,
y, a partir de allí, para integrar esas imágenes
en una imagen vibrante y llena de sentido y significatividad.
Esto, en
buena parte, se logra por la vía del respeto mutuo, comenzando
por el respeto reverencial e inteligente, sin límites,
a nosotros mismos. La primera integración que tenemos que
lograr, es la integración entre lo que pensamos, decimos
y hacemos. Cuando pensamos de una forma, y a esa forma o a su
contrario la expresamos en palabra, seguro que lo que estaremos
haciendo no será congruente con lo anterior. Y, todo lo
que no es congruente, genera que las partes acalladas a la fuerza,
salgan en tropel a nuestras pantallas televisivas, haciendo evidente,
para nosotros mismos y para lo que nos rodean, que estamos siendo
incongruentes. Y, en última instancia, casi de por cierto
y seguro, de que estamos siendo anti-éticos. Es lo que
la sabiduría popular tan atinadamente expresa cuando dice,
"lo que haces habla tan alto, que lo que dices no se escucha."
O, más comúnmente, la expresión tan lamentable
de que algunos, los que debieran ser nuestros líderes,
se limitan a expresarnos "hagan lo que digo pero no lo que yo
hago."
Entrando algo
más con profundidad y congruentemente con el título,
podemos introducir dos términos. Uno es hylotrópico,
y el otro es el que ya usamos en el título, holotrópico.
El primero se refiere a emisiones desde nuestras esferas sensoriales
más básicas y primitivas. Se refiere a lo que nos
dice la vista, el oído, el gusto, el olfato o el tacto.
Lo que estos sentidos nos dicen, necesariamente, tienen las limitaciones
y distorsiones propias de todos y cada uno de ellos. No oímos
ni siquiera el silbato que oye un perro. No lo oímos porque
nuestro oído no capta vibraciones o frecuencias por arriba
o por debajo de un cierto rango. Igual pasa con todos los demás
sentidos. Esta realidad, la de nuestros sentidos limitados y distorsionados,
es la que nos da una realidad muy especial y a la cual nosotros
creemos es la única. Esta es la visión hylotrópica.
La visión
holotrópica, en cambio, por lo general o siempre, no se
funda en los sentidos objetivos y físicos antes mencionados,
sino más bien a la versión subjetiva y sin soportes
físicos, con iguales rangos de distorsión y limitaciones,
que los físicos. En este campo, la visión holotrópica
de la realidad, es muy distinta y tal vez incomprensible para
la visión hylotrópica. Esta visión holotrópica,
por otro lado varía con profundidad y vivencia, casi infinitamente.
Seguramente, como las visiones que nos vienen de nuestros sentidos
físicos, deben tener sus limitaciones y distorsiones. Seguro
que las que provienen de nuestras esferas de la intuición,
pueden o no entrar en ciertos niveles de profundidad de nosotros
mismos y de todo lo que nos rodea y con los cuales somos interdependientes.
Las que provienen de nuestras asociaciones libres, seguramente,
también pueden tener distintos niveles de profundidad.
Y ¿qué decir de las que provienen de nuestros sueños?
En fin, en
nuestra pantalla de la vida, podemos recibir transmisiones desintegradas
y perturbadoramente desincronizadas de dos o más esferas
de estas al mismo tiempo. Es aquí, donde la ética
pasa a jugar un papel primordial. El substractum mismo de la ética,
se sintetiza en la expresión popular, "no hagas ni digas
de los demás, lo que no quieres que los demás te
hagan o digan de ti." En el funcionamiento saludable de este principio,
encontramos la congruencia interna para congraciarnos con nosotros
mismos. Y, a partir de allí, de manera natural y sincronizadamente,
como decía Carl Gustav Jung, nos congruenciamos con el
medio que nos rodea. Y, en el proceso, de por cierto, todos crecemos
y nos beneficiamos. No por supuesto en un esquema de suma cero,
en el que para que alguien gane tienen que haber otros que pierden.
Pero, sí en un esquema integrado de ganar / ganar, en el
que todos los que intervienen se beneficien.
En el primer
esquema, en el de las sumas cero, la creatividad es mínima.
Y, como se dice popularmente, "el pastel siempre es igual." En
el otro esquema, la situación cambia. Por el esfuerzo sinergético
de todos los intervinientes, "el pastel crece y crece." Estos
esquemas, los de ganar / ganar son siempre creativos y, no tienen
fin.
Espiritualmente,
y ahora como lo verifica la ciencia cuántica, lo que nos
rodea tiene energía infinita. No entro en esto, pero pueden
estudiarlo en los libros "Visions" e "Hyperspace" del laureado
científico Michio Kaku, o en los mútliples e interesantes
trabajos de Fritjof Capra. Entre otros, "The Web of Life," "The
Tao of Physics", "The Turning Point" y otros. O, en los excelentes
trabajos de Stanilav Grof, tales como "The Adventure of Self Discovery"
o "Holotropic Mind." También, yendo a las fuentes, podemos
ver lo hermoso del librito de Carl Gustav Jung titulado "Sinchronicities."
Más
allá de este marco conceptual, vemos que los trabajos y
experiencias tan excelentes y trascendentales de Daniel Goldman,
tal como expresadas en su libro titulado "Emotional Intelligence,"
ahora podemos complementar con obras como las anteriores, y adentrarnos
de lleno en lo que, anticipatoriamente, podemos denominar, inteligencia
espiritual.
Concluyendo,
es en estas ideas en las que tenemos que incursionar, para integrar
lo ético con lo práctico y lo rentable. Allí
reside, sin cortapisas, la abundancia infinita de posibilidades
y potencialidades, a la espera de que, nosotros y nuestras empresas
y naciones, nos conectemos interdependientemente e integradamente,
para satisfacernos sosteniblemente, sin en el proceso agotar o
dañar los recursos con los que nos hemos satisfecho y con
los cuales nos tenemos que seguir satisfaciendo cada vez más
y mejor.
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