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Las
PyMEs y el Mercadeo, en una Perspectiva Integral, Sostenible y
Creciente
La comercialización,
el mercadeo, el marketing o como lo queramos llamar, es un punto
clave a tener en cuenta frente a cualquier empresa o emprendimiento.
Pero, como tal, no puede verse separado de la Gestión integral
de la empresa o emprendimiento. La comercialización es
una denominación que damos a una parte del flujo de bienes,
servicios y energías que, viniendo de afuera y combinándose
con los de adentro de la empresa misma, salen, como bienes o servicios,
a los clientes que, pagando por ellos, permiten que esos recursos
vuelvan a la empresa para seguir produciendo esos mismos u otro
productos diferentes. O, mejor dicho, para que, con esos recursos,
la empresa pueda seguir mejorando la satisfacción y fidelización
de sus clientes y allegados a todo nivel.
Primero, frente
a este requisito primordial, tenemos que ver:
¿Cuál
es el objetivo principal y primordial de cualquier empresario
o emprendedor, no importa en que sector o ramo o país o
región pueda encontrarse?.
La respuesta,
por supuesto, no es vender cada vez más. Es un error verlo
de ese modo. El objetivo principal y primordial de cualquier empresario
es satisfacer cada vez más y, siempre más que sus
competidores o que la mayoría de ellos, las necesidades
reconocidas o no reconocidas de sus clientes actuales y potenciales.
Según
sea el grado en el que satisfagan este objetivo principal y primordial,
serán los montos y evolución de sus ventas. Estos
montos y evolución vendrán por añadidura,
aumentando en la medida que las actividades en conjunto de la
empresa o emprendimiento, con sus bienes y/o servicios, satisfacen
a proporciones significativas y crecientes de sus clientes; o,
si por el contrario, la satisfacción a sus clientes se
estanca o disminuye, haciendo que, la proporción de esas
insatisfacciones sea significativa y definitivamente de signo
negativo, también tendrá su impacto, aunque lamentablemente
también de signo negativo: menos satisfacciones en su clientela,
menos ventas, menos ganancias, menos lealtad interna, menos satisfacciones
dentro y fuera de la empresa y sus asociados de todo orden.
También
hay que tener en cuenta que las necesidades reconocidas y latentes
de clientes actuales y potenciales son siempre y por definición,
no solamente cambiantes, sino también crecientes y cada
vez más exigentes y sofisticadas. Es aquí fundamental,
como resumen, tener en cuenta que, cualquier plan de marketing
o como lo queramos llamar, tiene que partir de este punto principal
y primordial. A partir de allí tenemos que refinar consideraciones.
La primera
consideración a tener en cuenta, es comenzar, siempre por
satisfacer a los más cercanos; por integrar a los más
próximos; por asegurarnos que esos, los más allegados,
estén satisfechos mas allá de sus expectativas más
ambiciosas; en fin, por que esos, los más próximos
y los cercanos a ellos, estén, como consecuencia de esas
satisfacciones, cada vez más fidelizados y cada vez más
dispuestos a recomendarnos y a recomendarnos cada vez con mayor
ardor y convencimiento.
¿Quiénes
son estos más cercanos?
Primero
que nada, nosotros mismos y nuestras familias y contactos. Inmediatamente
después o al mismo tiempo, nuestros empleados, nuestros
clientes internos, y todos sus familiares y amigos.
Segundo,
a un nivel casi igual que los primeros, nuestros clientes actuales.
En ellos, en estos primeros grupos, casi como si fuera uno solo,
los PyMEs, MyPyMEs o los que sean, tienen que destinar, como guerrilleros
del mercadeo entre el 70% y más % de los recursos, energías
y esfuerzos necesarios para mercadear. Ver http://homepages.go.com/~salinas_goytia/compilar.htm.
Este es el primer círculo concéntrico de concentración
básica.
Después,
para utilizar el 30% o menos de nuestros recursos remanentes para
estos fines, tenemos los habitantes de los espacios entre cada
uno de las demás circunferencias concéntricas; ésto
es, los que ya tenemos identificados como clientes potenciales
para el mercadeo directo y, por ultimo, la población en
general, a la que llegamos con los anuncios a través de
los medios.
Lamentablemente,
en la práctica, equivocadamente, nuestros empresarios invierten
los ordenes de prioridad y destinan a estos últimos la
mayor parte de sus esfuerzos y recursos.
Siguiendo
con esto, y para ir cerrando o concluyendo, tenemos que enfatizar
que no hay mejor ventaja, o desventaja, comparativa que la de
la propia organización con la que contemos. Esta es la
ventaja comparativa mejor, o la desventaja, más difícil
o imposible de imitar.
¿En
qué consiste esta ventaja comparativa crucial e inimitable
para el éxito en el mercadeo de nuestros bienes y servicios?
La respuesta
no es otra que, EN:
(1) La coordinación
de nuestro manejo de los recursos de todo orden a nuestra disposición,
siempre sinergizándolos y optimizándolos;
(2) En nuestra
cultura organizacional;
(3) En nuestra
segmentación, posicionamiento y diferenciamiento dentro
de nuestros mercados;
(4) En nuestra
organización, estructuras, practicas y procedimientos,
para traducir, en normas y prácticas, esas características
del mercado, la peculiaridad de nuestros recursos sinergizados,
y la cultura.
Todo ésto,
manejado por una conducción estratégico-operativa
capaz de mantener todos estos puntos en balance dinámico,
vibrante y operante.
Por último,
tenemos que volver a los puntos mas referidos en la literatura
especializada:
(1) FODA (Análisis
y consideración actualizada de Fortalezas, Oportunidades,
Debilidades, y Amenazas), para mantener actualizadas ventajas
comparativas fundamentadas en nuestras fortalezas y en nuestras
debilidades y amenazas, debidamente transformadas en fortalezas
y oportunidades realizadas,
(2) Nuestra
proclamación eficiente y efectiva de esas ventajas comparativas
y de los productos y servicios derivados de ellas,
(3) Nuestra
calidad total y mejoramiento continuo,
(4) Nuestro
respeto al prójimo y el reflejo de ese respeto en un tratamiento
único a todos nuestros clientes tal como expresado al comienzo,
y
(5) La realización
y el mejoramiento continuo de todo lo anterior con verdadera pasión
y compromiso, fundado en una verdadera visión-misión
internalizada, realista y siempre en constante actualización
y vitalización.
Finalmente,
y a riesgo de repetirme, quiero mencionar otros siete puntos clave,
algunos de ellos ya cubiertos en los anteriores, pero, a mi juicio,
dignos de verlos separadamente.
(1) Reconocimiento
y aprovechamiento de un medio de infinitas potencialidades y posibilidades
alrededor de nosotros y, principalmente, dentro de nosotros mismos,
(2) Aceptación
que hay que dar lo mismo que queremos recibir. No queremos vender
por vender más. Queremos vender para estar más satisfechos.
Para eso, para estar cada vez más satisfechos, tenemos
que satisfacer más a los demás. Para ser cada vez
más ricos, tenemos que hacer a los que nos rodean cada
vez más ricos. Los funcionarios de Bill Gates son el grupo
humano en el que más millonarios se concentran.
(3) Aceptación
de lo que hacemos y de lo que tenemos que hacer, reconociendo
la ley de causa efecto, reconociendo que, para que funcione todo
lo anterior y lo que sigue, tenemos que plantar las semillas apropiadas.
Malas semillas dan malas cosechas. Desatención al cliente,
dan clientes descontentos y reducción de ventas. Vale infinitamente
más conservar un cliente actual, que ganar uno nuevo. Nos
cuesta muchas veces más conseguir al nuevo, que mantener
y fidelizar crecientemente al actual y sus contactos. Y, por cada
cliente que se va, seguramente por algún descontento, se
van decenas, o más, con él.
(4) Reconocimiento
que, como en la naturaleza, en todo lo que hacemos tenemos que
seguir la ley del menor esfuerzo, mejor conocida en la jerga gerencial
como compromiso, hábito y cultura de análisis y
apego actitudinal y real a las relaciones costo / beneficio, ya
que como ley del menor esfuerzo puede hasta mal interpretarse.
En este sentido, la ley del menor esfuerzo no implica dejarse
estar o “vagabundear.” Implica, en otras palabras, no trabajar
duramente, sino, más bien, inteligentemente.
(5) Aceptación
que nada podemos realizar si no imprimimos, abierta, deliberada,
y expresamente, nuestras intenciones en todos nuestros actos.
Esto es fundamental. Aquí está la planificación
estratégica. Aquí está el seguimiento, monitoreo
y reajustes constantes, apropiados y oportunos, de todas nuestras
acciones.
(6) Reconocimiento
que no tenemos que PRE-ocuparnos por los resultados al punto de
aferrarnos a ellos hasta el punto de frustrarnos si no llegan
o no llegan cuando queremos. Tenemos que esforzarnos por hacer
lo mejor de lo mejor en todos nuestros procesos, lo demás
viene por añadidura. Y, si no viene tal cual pensábamos
que iba venir, lo que viene siempre es mejor que lo que esperábamos.
Esta es la base misma de la Administración de la Calidad
Total y del Mejoramiento continuo. Y un
(7) Compromiso
de vida y verdadero sentido de misión, dentro de la visión-misión
que nos propusimos.
Conclusión
Lo anterior
es el marco de referencia para cualquier esfuerzo de mercadeo,
comercialización o márketing empresarial, dentro
de cualquier ramo o rubro de actividad, en cualquier lugar del
mundo o de nuestros países o regiones, sin importar cuál
sea el tamaño o relevancia de nuestras empresas o emprendimientos,
o de nuestras actividades familiares, deportivas, artesanales,
profesionales, o de cualquier naturaleza que sean.
El mercadeo,
o como le queramos llamar, no puede separarse de la Gestión
integral de la Empresa o Emprendimiento. De igual forma, las tres
enumeraciones que hicimos en este corto artículo, ninguna
de ellas puede verse como un conjunto de puntos separados o secuenciales.
Son, en los tres casos, e incluso entre ellos, cuando no se repiten,
tramas o configuraciones matriciales que interactúan y
auto sostienen, unas con otras.
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