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  Última actualización 05-11-2007 Publicación sobre marketing, publicidad, e-commerce, diseño y promoción en Internet  
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Noviembre de 2001


Dr. Alberto D.R. Salinas-Goytía
CPN - Consultor Internacional
http://tucma.com/dsalinas
dsalinas@sol.racsa.co.cr
dsalinas@hotmail.com

 

¿Cuáles Son Las Consecuencias de que predomine El Poder o la Fuerza en los Mercados?

 

Nosotros, como seres humanos, todos tenemos, naturalmente y en principio, libertad de escogencia. Sin esa libertad de escogencia no podríamos asumir responsabilidades, ni podríamos ser considerados responsables de nuestros actos. No podríamos ser sujetos a sanciones ni recompensas. Ahora bien, el espectro de escogencias posible, es probablemente infinito. Pero, por encima de todo y primero que nada, tenemos que escoger, ahora y en todo momento, el plano energético en el que nos movemos, y en el que nos insertamos.

Entendemos como plano energético en el que nos movemos, a nuestras escalas de valores prevalentes. Si en esas escalas de valores nos inclinamos a considerar, respetar y amar a los demás como a nosotros mismos, tenemos, frente al mercado, respuestas de ese mismo tono, aunque no necesariamente en el cortísimo plazo y de inmediato. Si, por el contrario, consideramos a los demás como sujetos de los que podemos aprovecharnos y a los que podemos utilizar, puede ser hasta posible que, en el cortísimo plazo nos vaya bien y salgamos gananciosos. Pero, seguramente, en el mediano y largo plazo, los demás, conciente o inconscientemente, no considerarán y actuarán respecto a nosotros de la misma forma Y, consecuentemente, no saldremos gananciosos.

En la primera postura, nuestros emprendimientos, frente a la segunda postura, serán, sobre todo, más sostenibles; y, al mismo tiempo, en el mediano y largo plazo y como promedio, definitivamente las empresas con la segunda postura, serán más rentables y apreciados. Y, cuando mayor sean los grados de competitividad y globalización, tanto menor será la duración de los plazos; y, por supuesto, tanto más rápidamente, recogeremos o recibimos de los demás, del mercado, lo que nosotros hemos dado o brindado a los demás y a este último, tanto en cantidad como en calidad y especie. Bien por bien, y mal por mal, con la salvedad que, casi invariablemente, lo que recibimos es siempre, sea para bien o para mal, mucho más o varias veces lo que dimos o brindamos, o lo que dejamos de dar o brindar.

En ninguna parte es esto tan válido y contundente, como en el mundo de los negocios, tal como éstos se hacen cada vez más manifiestos en la aldea global y competitiva; esto es, en esta acelerada fase que nos está tocando vivir en el mundo actual. Del mismo modo, en ninguna parte podríamos evitar los fracasos tan fácilmente, como en el mundo de los negocios y emprendimientos, solamente si pudiéramos comprender y efectivamente aplicar estos conceptos antes mencionados. Vale decir, que, aunque sea por conveniencia y no por convicción, tenemos que tratar al prójimo, de una manera tanto o mejor que la que queremos que el prójimo nos trate a nosotros.

En última instancia, si analizamos las poblaciones de empresas en cada mercado, comprobaremos, invariablemente que las empresas más exitosas, más sostenibles, y que más años se han mantenido en el mercado, son empresas que, como grupo, han cumplido, en un mayor grado que las demás, con los conceptos antes mencionados. También y del mismo modo, comprobamos que, a medida que la globalización avanza, los mercados, como campos interconectados de fuerza y poder, se amplían cada vez más. Y, al mismo tiempo, observamos que, las exigencias de cumplir en un mayor grado con los puntos anteriores, se hace cada vez más crucial, y materia de vida o muerte. Es por eso que, con la globalización y competitividad creciente, los mercados se hacen cada vez más densos y pequeños, por extendidos que puedan estar geográficamente; y las empresas y emprendedores en esos mercados, se confrontan cada vez más rápidamente con las consecuencias de sus actos, para bien o para mal, en lo que hace a la sostenibilidad y rentabilidad de sus negocios.

A la luz de lo anterior, podemos asegurar que, en una escala en la que ubiquemos los grados de cumplimiento efectivo de los anteriores principios, y a las empresas que en esos mercados se corresponden con cada uno de ellos, las que estén en los grados superiores de cumplimiento serán como promedio, más exitosas y sostenibles que las que se ubican en los grados inferiores de adhesión y efectivo cumplimiento de estos principios.

Con frecuencia los posibles “compradores”, sin importar de qué producto o de qué servicio público o privado, pueden ser encandilados con la mercadotecnia glamorosa de una campaña de publicidad, al punto de adquirir productos o servicios que, en la realidad de sus consecuencias, demuestran no ser lo que efectivamente necesitaban. En otras palabras, con esas campañas, esos compradores pueden ser engañados. Esto es, pueden ser utilizados e irrespetados por aquellos que conducen esas campañas y por aquellos que las contrataron. Pero, siempre en diferentes grados, esos “triunfos” de empresarios y publicistas, siempre terminan siendo “pírricos,” si, más tarde, los adquirentes de esos productos o servicios, desencantados, por una parte, no vuelven a adquirirles nuevos servicios o, si no lo pueden evitar, les siguen adquiriendo en cantidades por debajo de las que les adquirirían de estar conformes con ellos. Y, por la otra, esos adquirentes disconformes, o no suficientemente fidelizados, no apoyan y más bien despotrican o son apáticos e indiferentes para con esas empresas, esperando, conciente o inconscientemente, la aparición de nuevos competidores, para de inmediato o demasiado fácilmente, irse con ellos.

Y, a la luz de lo anterior, introducimos los conceptos de “poder” y “fuerza” como dos expresiones diametralmente opuestas en el juego de los mercados y de los que actúan dentro de ellos, tanto como compradores o vendedores, toda vez que estos papeles se confunden. Nadie en cualquier mercado, es solamente comprador, o solamente vendedor. Todo el que compra vende, y todo el que vende compra. Esto es obvio y de perogrullo, pero es muy importante para distinguir el alcance que aquí queremos dar, para continuar con este análisis, a los términos ya mencionados de “poder” y “fuerza.”

El “poder” en los mercados es un principio activo que actúa como una fuerza magnética que atrae naturalmente a que los que en los mercados actúan, para que recurran a satisfacer sus necesidades en los que mejor pueden satisfacerlas, sin presiones de naturaleza alguna. La “fuerza” en estos mismos mercados, es un principio pasivo, al que, ante la ausencia de un “poder” genuino de atracción, los empresarios que menos cumplen con los principios anteriores, recurren, para forzar a que les compren productos o servicios que no están a la altura de los productos o servicios que, respetando a los clientes que son sus prójimos, estarían ofreciendo. En otras palabras, la “fuerza” o el “engaño,” es la sustancia misma de las publicidades faltas de sinceridad, o de los arreglos monopólicos de cualquier corte, con los que un vendedor o un grupo de vendedores, obliga o seduce a que otros compren lo que ellos, en condiciones de poder declinar, declinarían de comprar. El “poder,” en una analogía, sería como la ley de gravedad, que, sin forzar, atrae naturalmente y nadie puede abstraerse de ella. La “fuerza”, en cambio, sería la que puede ser ejercida, brutalmente o encubiertamente, para forzar a que alguien haga lo que no le conviene y en contra de su propia voluntad, hasta que se da cuenta y revierte su comportamiento.

El “poder” es genuino y valioso. La “fuerza” es engañosa y no deseable. Con el “poder” genuino del lado de compradores y vendedores de bienes y servicios, las relaciones son más estables y fructíferas. Con la “fuerza” que lleva a que alternativamente compradores y vendedores se vean “obligados” a comprar o a vender, las relaciones son menos estables y fructíferas. Va de suyo, por lo tanto, las sociedades donde predomina el “poder” entre las partes que contratan e interactúan entre sí, son sociedades más sanas, más prósperas, y más felices. Mientras que, en las sociedades donde predomina la “fuerza” entre esos mismos protagonistas, son sociedades menos sanas o más enfermas, menos prósperas o más miserables, y, definitivamente, son menos felices que las anteriores. Por supuesto, en este mundo, probablemente no haya sociedad alguna que sea perfecta y en la cual solo predomine el Bien. Pero, indudablemente, lo anterior se da en diferentes grados en todas las sociedades del mundo. Y, consecuentemente, las sociedades donde hay menos engaños, son más prósperas y felices que las otras.

Lo anterior es válido tanto para el mercadeo o el márketing de empresas y emprendimientos, como en el márketing político para atraer o repeler votantes. En esto último campo, el político, las listas sábanas y muchas otras características de nuestros sistemas, son recursos de fuerza, con los que el sistema obliga a que los votantes, quieran o no, voten o no, se abstengan o no, anulen o no sus votos, directamente queden despojados de sus legítimos derechos de escogencia, en beneficio de una elite de políticos o sindicalistas que, gracias a esas limitaciones, no necesitan atraer genuinamente a los votantes, para acceder o mantenerse en el poder. Con esto, en estos sistemas, las relaciones son siempre o la mayoría de las veces, marcadas por las turbulencias y los descontentos. Y, las sociedades dónde estos se da, son menos estables, menos prósperas, más decadentes, menos confiables, menos sólidas, más conflictivas y, en fin, menos justas y felices. Igual con los negocios. Y, como entre negocios y política existen estrechos vasos comunicantes, unas a otras, para bien o para mal, se influencian y, en el proceso, se depuran o se hacen cada vez peores.

 

  Dr. Alberto D.R. Salinas-Goytía
CPN - Consultor Internacional
http://tucma.com/dsalinas
dsalinas@sol.racsa.co.cr
dsalinas@hotmail.com
 
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