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Octubre de 2001


Dr. Alberto D.R. Salinas-Goytía
CPN - Consultor Internacional
http://tucma.com/dsalinas
dsalinas@sol.racsa.co.cr
dsalinas@hotmail.com

 

¿Cómo lograr y mantener la competitividad de nuestras empresas y, al mismo tiempo, facilitar el crecimiento de nuestra gente?

 

La clave está en la anticipación de las necesidades y demandas de su entorno y en su capacidad de satisfacer esas necesidades y demandas mejor y más eficiente y rentablemente que las demás empresas en el mercado.

Esto implica una alta, permanente y creciente capacidad instalada de la empresa para:

1. el reconocimiento oportuno y excelente de las necesidades y demandas cambiantes de su entorno relevante;
2. la articulación, planificación y ejecución de respuestas que las satisfagan eficiente y rentablemente; y para
3. continuamente revisar y revisar y responder adaptatÍvamente a cualquier cambio que se produzca dentro o fuera de la empresa con relevancia a sus respuestas.

Cumplir con esta condición, exige, según sea la situación del entorno, énfasis distintos en factores tales como capital, tecnología, organización, personal u otros de relevancia especial frente a las circunstancias del momento. De entre todos éstos y otros factores posibles, sin embargo, podemos destacar que el factor humano deviene y devendrá cada vez más como factor primordial. La importancia del factor recursos humanos cobra mayor importancia cuanto mayor es el nivel de competencia y globalización. Directa o indirectamente, todos los demás factores: capital, tecnología, organización u otros, necesitan de los recursos humanos. Estos son, indudablemente, el factor común o el trasfondo en el que se mueven y desarrollan todos los demás factores, especialmente si lo que se requiere es de personal calificado especialmente. Con esta última condición, es de destacar especialmente que las leyes de la oferta y la demanda funcionan y tienen un role crucial en este campo. Cuanto mayor la escasez de calificaciones especiales, mayor la demanda por el personal con esas calificaciones, si la competencia se acentúa.

En pocas palabras y sin abundar en mayores argumentos acerca de la dinámica anterior, podemos afirmar que la supervivencia y capacidad de adaptación continua, creciente y sustentable en el largo plazo de cualquier empresa, descansa principalmente en su capacidad real y efectiva para ATRAER, RETENER, DESARROLLAR, MANTENER MOTIVADO Y ASIGNAR a sus tareas claves, el mejor y más calificado e idóneo del personal requerido y disponible en el mercado.

Si atraemos ese personal y por cualquiera que sea la razón, luego no lo retenemos, podemos estar formando, eficientemente, personal idóneo para la competencia. O, si por política u otras circunstancias, atraemos personal mediocre o intermedio, podremos estar reduciendo costos; pero, también, estaremos reduciendo competitividad y capacidad de adaptación. De igual forma, si atraemos y retenemos nuestro personal, pero no lo desarrollamos, no lo mantenemos motivado, ni lo asignamos a tareas claves de nuestra empresa, estaremos planificando la obsolescencia y desadaptación creciente de ese personal. Y, por supuesto, estaremos reduciendo nuestra capacidad empresarial de adaptación a las demandas cambiantes y cruciales que nos impone la globalización y competición creciente.

En otras palabras, si no sintonizamos finamente nuestras políticas y decisiones acerca de la calidad y composición de la idoneidad y excelencia de nuestro personal con las disponibilidades y demandas del mercado, estaremos haciendo peligrar nuestra propia supervivencia empresarial. Si tenemos personal de una mayor excelencia y costo que el que necesitamos, nuestros costos empresariales serán mayores y, tarde o temprano, perderemos ventajas relativas frente a nuestros competidores.

Si, por el contrario, la excelencia de nuestro personal, aunque más barato, está por debajo del que tiene y busca atraer y retener la competencia, estaremos también sujetos a perder ventajas comparativas. Y, el precio de perderla, lamentablemente y por cualquiera sea la razón, es con frecuencia salir expelido del mercado, tarde o temprano, dependiendo de las circunstancias competitivas del momento, si es que no damos antes los necesarios golpes de timón para recuperar las ventajas comparativas perdidas.

El éxito sostenido en el tiempo es a veces un serio inconveniente. Se hace difícil adoptar políticas y prácticas crucialmente distintas, si las que venimos ejecutando nos dieron suficiente o espectaculares buenos resultados. Esto es lógico. El entorno cambia, pero no siempre tan dramáticamente como para posicionarnos frente a esos cambios con suficiente anticipación. Sabiendo este peligro, es fundamental que el empresario lo tenga siempre presente, y que, por lo tanto, nunca se canse de cuestionarse.

Es sabido que el comportamiento es intrínsecamente intencional; vale decir que cualquiera sean nuestras acciones, consciente o inconscientemente, las mismas se orientan a satisfacer las demandas percibidas inicialmente por el actor. Pero, si con éxito y prolongadamente recogemos los frutos de un determinado comportamiento, política o conjunto de acciones, seguramente tendemos, inconscientemente, a fijarnos en lo que veníamos haciendo exitosamente y no en los cambios de las demandas del medio.

Podemos estar, inconscientemente, respondiendo, con nuestras acciones y comportamientos, a demandas que ya no existen o que cambiaron tanto como para hacer que nuestros comportamientos arrojen resultados diametralmente opuestos a los que deseamos y esperamos.

Concretamente, si en nuestras empresas hemos trabajado exitosamente con idóneos y nuestros competidores comienzan a trabajar cada vez más con profesionales de primer nivel, es cuestión de tiempo que al final perdamos parte importante de nuestra capacidad empresarial de adaptación a los cambios y a las exigencias de una competitividad globalizada. Esta es un área fundamental a tener en cuenta.

Nuestro personal, para que tengamos las mayores ventajas comparativas del mercado, tiene que, en su mayoría, estar tan satisfecho y motivado que, en el caso de no estar haciendo ese trabajo y contara con sus propios recursos en abundancia suficiente, estaría dispuesto e incluso ansioso por pagar de su propio peculio para hacer lo que ahora hace en su trabajo. Cuando más nos aproximemos a este inalcanzable ideal, mayor será nuestra competitividad y ventajas comparativas frente a la competencia que no logre igual o similar nivel de adaptación que nosotros. Y, por supuesto, va de suyo que, cuando más nos alejemos de este ideal frente a nuestros competidores, mayor será nuestro riesgo frente a estos últimos.

Aquí son cruciales los conceptos de “enriquecimiento y empobrecimiento” de puestos. Cuando nuestros puestos de trabajo estén más en condiciones de ser “empoderados” mayor será nuestra capacidad y ventajas comparativas frente a la competencia.

Puestos enriquecidos son aquellos que aprovechan al máximo posible las necesidades de realización y expresión personal de los que los ocupan. Son aquellos puestos que por el solo hecho de ocuparlos ya el personal que los ocupa se motiva y realiza. Son puestos que brindan una oportunidad efectiva de realización al punto que sacan a la superficie, naturalmente, la creatividad y mística innata e inherente en sus ocupantes. Son cargos por los que quiénes los ocupan estarían dispuestos a sacrificar ingresos y confort, e incluso estarían dispuestos, si estuviera a su alcance, a pagar por ocuparlos. En efecto, muchas veces pagan, recibiendo pagas inferiores a las que recibirían en cargos no tan atractivos. Para estos puestos se necesita lo mejor de cada persona. Son puestos difíciles de estructurar, pero no por eso menos importante y urgente el crearlos, SI EN EL MEDIO EXISTE LA GENTE PARA OCUPARLOS.

Si no existe esa gente, lamentablemente hay que “empobrecerlos” hasta el punto de que los mismos se ajusten a las especificaciones tal vez no tan sofisticadas de la gente disponible en el mercado.

Pero, a medida que esa gente vaya apareciendo, se vaya formando, es esencial ir reestructurando estos puestos. Es esta la manera tal vez única y más efectiva de irnos posicionando para un mercado cada vez más competitivo, exigente, y globalizado. Es la manera única de mantener sustentable y crecientemente nuestras ventajas comparativas frente a competidores actuales y potenciales.

 

  Dr. Alberto D.R. Salinas-Goytía
CPN - Consultor Internacional
http://tucma.com/dsalinas
dsalinas@sol.racsa.co.cr
dsalinas@hotmail.com
 
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