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¿Cómo
lograr y mantener la competitividad de nuestras empresas y, al
mismo tiempo, facilitar el crecimiento de nuestra gente?
La clave está
en la anticipación de las necesidades y demandas de su
entorno y en su capacidad de satisfacer esas necesidades y demandas
mejor y más eficiente y rentablemente que las demás
empresas en el mercado.
Esto implica
una alta, permanente y creciente capacidad instalada de la empresa
para:
1. el reconocimiento
oportuno y excelente de las necesidades y demandas cambiantes
de su entorno relevante;
2. la articulación, planificación y ejecución
de respuestas que las satisfagan eficiente y rentablemente; y
para
3. continuamente revisar y revisar y responder adaptatÍvamente
a cualquier cambio que se produzca dentro o fuera de la empresa
con relevancia a sus respuestas.
Cumplir con
esta condición, exige, según sea la situación
del entorno, énfasis distintos en factores tales como capital,
tecnología, organización, personal u otros de relevancia
especial frente a las circunstancias del momento. De entre todos
éstos y otros factores posibles, sin embargo, podemos destacar
que el factor humano deviene y devendrá cada vez más
como factor primordial. La importancia del factor recursos humanos
cobra mayor importancia cuanto mayor es el nivel de competencia
y globalización. Directa o indirectamente, todos los demás
factores: capital, tecnología, organización u otros,
necesitan de los recursos humanos. Estos son, indudablemente,
el factor común o el trasfondo en el que se mueven y desarrollan
todos los demás factores, especialmente si lo que se requiere
es de personal calificado especialmente. Con esta última
condición, es de destacar especialmente que las leyes de
la oferta y la demanda funcionan y tienen un role crucial en este
campo. Cuanto mayor la escasez de calificaciones especiales, mayor
la demanda por el personal con esas calificaciones, si la competencia
se acentúa.
En pocas palabras
y sin abundar en mayores argumentos acerca de la dinámica
anterior, podemos afirmar que la supervivencia y capacidad de
adaptación continua, creciente y sustentable en el largo
plazo de cualquier empresa, descansa principalmente en su capacidad
real y efectiva para ATRAER, RETENER, DESARROLLAR, MANTENER MOTIVADO
Y ASIGNAR a sus tareas claves, el mejor y más calificado
e idóneo del personal requerido y disponible en el mercado.
Si atraemos
ese personal y por cualquiera que sea la razón, luego no
lo retenemos, podemos estar formando, eficientemente, personal
idóneo para la competencia. O, si por política u
otras circunstancias, atraemos personal mediocre o intermedio,
podremos estar reduciendo costos; pero, también, estaremos
reduciendo competitividad y capacidad de adaptación. De
igual forma, si atraemos y retenemos nuestro personal, pero no
lo desarrollamos, no lo mantenemos motivado, ni lo asignamos a
tareas claves de nuestra empresa, estaremos planificando la obsolescencia
y desadaptación creciente de ese personal. Y, por supuesto,
estaremos reduciendo nuestra capacidad empresarial de adaptación
a las demandas cambiantes y cruciales que nos impone la globalización
y competición creciente.
En otras palabras,
si no sintonizamos finamente nuestras políticas y decisiones
acerca de la calidad y composición de la idoneidad y excelencia
de nuestro personal con las disponibilidades y demandas del mercado,
estaremos haciendo peligrar nuestra propia supervivencia empresarial.
Si tenemos personal de una mayor excelencia y costo que el que
necesitamos, nuestros costos empresariales serán mayores
y, tarde o temprano, perderemos ventajas relativas frente a nuestros
competidores.
Si, por el
contrario, la excelencia de nuestro personal, aunque más
barato, está por debajo del que tiene y busca atraer y
retener la competencia, estaremos también sujetos a perder
ventajas comparativas. Y, el precio de perderla, lamentablemente
y por cualquiera sea la razón, es con frecuencia salir
expelido del mercado, tarde o temprano, dependiendo de las circunstancias
competitivas del momento, si es que no damos antes los necesarios
golpes de timón para recuperar las ventajas comparativas
perdidas.
El éxito
sostenido en el tiempo es a veces un serio inconveniente. Se hace
difícil adoptar políticas y prácticas crucialmente
distintas, si las que venimos ejecutando nos dieron suficiente
o espectaculares buenos resultados. Esto es lógico. El
entorno cambia, pero no siempre tan dramáticamente como
para posicionarnos frente a esos cambios con suficiente anticipación.
Sabiendo este peligro, es fundamental que el empresario lo tenga
siempre presente, y que, por lo tanto, nunca se canse de cuestionarse.
Es sabido
que el comportamiento es intrínsecamente intencional; vale
decir que cualquiera sean nuestras acciones, consciente o inconscientemente,
las mismas se orientan a satisfacer las demandas percibidas inicialmente
por el actor. Pero, si con éxito y prolongadamente recogemos
los frutos de un determinado comportamiento, política o
conjunto de acciones, seguramente tendemos, inconscientemente,
a fijarnos en lo que veníamos haciendo exitosamente y no
en los cambios de las demandas del medio.
Podemos estar,
inconscientemente, respondiendo, con nuestras acciones y comportamientos,
a demandas que ya no existen o que cambiaron tanto como para hacer
que nuestros comportamientos arrojen resultados diametralmente
opuestos a los que deseamos y esperamos.
Concretamente,
si en nuestras empresas hemos trabajado exitosamente con idóneos
y nuestros competidores comienzan a trabajar cada vez más
con profesionales de primer nivel, es cuestión de tiempo
que al final perdamos parte importante de nuestra capacidad empresarial
de adaptación a los cambios y a las exigencias de una competitividad
globalizada. Esta es un área fundamental a tener en cuenta.
Nuestro personal,
para que tengamos las mayores ventajas comparativas del mercado,
tiene que, en su mayoría, estar tan satisfecho y motivado
que, en el caso de no estar haciendo ese trabajo y contara con
sus propios recursos en abundancia suficiente, estaría
dispuesto e incluso ansioso por pagar de su propio peculio para
hacer lo que ahora hace en su trabajo. Cuando más nos aproximemos
a este inalcanzable ideal, mayor será nuestra competitividad
y ventajas comparativas frente a la competencia que no logre igual
o similar nivel de adaptación que nosotros. Y, por supuesto,
va de suyo que, cuando más nos alejemos de este ideal frente
a nuestros competidores, mayor será nuestro riesgo frente
a estos últimos.
Aquí
son cruciales los conceptos de “enriquecimiento y empobrecimiento”
de puestos. Cuando nuestros puestos de trabajo estén más
en condiciones de ser “empoderados” mayor será nuestra
capacidad y ventajas comparativas frente a la competencia.
Puestos enriquecidos
son aquellos que aprovechan al máximo posible las necesidades
de realización y expresión personal de los que los
ocupan. Son aquellos puestos que por el solo hecho de ocuparlos
ya el personal que los ocupa se motiva y realiza. Son puestos
que brindan una oportunidad efectiva de realización al
punto que sacan a la superficie, naturalmente, la creatividad
y mística innata e inherente en sus ocupantes. Son cargos
por los que quiénes los ocupan estarían dispuestos
a sacrificar ingresos y confort, e incluso estarían dispuestos,
si estuviera a su alcance, a pagar por ocuparlos. En efecto, muchas
veces pagan, recibiendo pagas inferiores a las que recibirían
en cargos no tan atractivos. Para estos puestos se necesita lo
mejor de cada persona. Son puestos difíciles de estructurar,
pero no por eso menos importante y urgente el crearlos, SI EN
EL MEDIO EXISTE LA GENTE PARA OCUPARLOS.
Si no existe
esa gente, lamentablemente hay que “empobrecerlos” hasta el punto
de que los mismos se ajusten a las especificaciones tal vez no
tan sofisticadas de la gente disponible en el mercado.
Pero, a medida
que esa gente vaya apareciendo, se vaya formando, es esencial
ir reestructurando estos puestos. Es esta la manera tal vez única
y más efectiva de irnos posicionando para un mercado cada
vez más competitivo, exigente, y globalizado. Es la manera
única de mantener sustentable y crecientemente nuestras
ventajas comparativas frente a competidores actuales y potenciales.
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