|
|
El
Éxito y La Abundancia de los Empresarios Espiritualizados,
Honestos y Decentes
¿Cómo
nos aseguramos, de manera más sostenible, el éxito
en nuestros emprendimientos, sin en el proceso consumir nuestra
salud y bienestar, sino más bien y por el contrario, construyendo,
al mismo tiempo que nuestro éxito económico, nuestra
paz y felicidad espiritual?
Ilustremos
esto con una historia alegórica. Una señora muy
caritativa y llena de compasión, sola en su casa, se conmovió,
mientras esperaba a su marido del trabajo, al ver tres ancianos
pordioseros y aparentemente hambrientos, acurrucados en la vereda
frente a su casa.
Conmovida
los invitó a que pasaran a comer con ella. Los tres al
unísono respondieron que no aceptaban la invitación
hasta que estuviera reunida toda la familia. Cuando llegó
su marido e hija, la señora les contó lo acontecido;
y, de acuerdo los tres, volvió a invitarlos. La respuesta,
esta vez, también de los tres al unísono, fue que
tenían antes que ponerse de acuerdo entre todos los miembros
de la familia a quién de los tres invitaban. Dijeron llamarse,
amor, éxito y abundancia.
La señora, con esta respuesta, entró nuevamente
a su casa; y, en reunión de familia discutieron a cuál
de los tres invitaban. El marido quería invitar a ÉXITO,
ella a ABUNDANCIA, y la hija a AMOR. Al final se decidieron por
este último.
Al
comunicarles que habían decidido invitar a AMOR, los tres
se levantaron y, como una sola persona, se encaminaron hacia dentro
de la casa. La señora, curiosa, les preguntó ¿por
qué antes no habían aceptado la invitación
colectiva? A esto le respondieron, que, si ellos hubieran decidido
por invitar a cualquiera de los otros dos, solo ese hubiera entrado.
Pero que, cuando invitaban a AMOR, siempre lo seguían ÉXITO
Y ABUNDANCIA.
Con
el amor, con la compasión, lo demás va o viene por
añadidura. Cualquiera de los otros dos están limitados
a ellos mismos, por no tener el magnetismo suficiente para atraer
a los otros.
Es
así en los negocios, los que más ganan son, frecuentemente,
los que, enamorados de lo que están haciendo y de las relaciones
en las que se involucran, no se plantean las ganancias como objetivo.
Pero, por más que dejen de ocuparse de ellas, las mismas
se acumulan.
Lástima
que no siempre nos podamos “enchufar” en ese espacio de la potencialidad
pura que rodea al apasionamiento que nos embarga cuando hacemos
algo que beneficia a los demás!
Cuando
hacemos ésto con todo nuestro ser, no tanto por el dinero,
como por el amor que sentimos por lo que estamos haciendo y por
la gente a la que servimos, esto es a nuestros empleados, colaboradores
y clientes, la abundancia, dinero incluido, nos viene por añadidura..
Esa
es la primera regla, “enchufarse” y vivir en la potencialidad
pura generada por el “amor, compromiso, pasión y entrega
total a nuestra misión y a la atención de nuestros
colaboradores, socios y clientes.”
En
el ámbito individual, los psicólogos y los místicos,
en diferentes términos, nos dicen que, para lograr estos
estados de satisfacción interior, tenemos que entrar en
un “espacio” en el que no hay limitaciones de “espacio ni tiempo”
y que, más bien abstractamente, identifican como a nuestro
“ Super Yo.”
A
este último lo diferencian del EGO, y nos dicen que, más
bien, el “Super YO.” el “YO SOY,” es parte del mismo campo de
energía que todos compartimos con el universo y con Dios
mismo.
En
este ámbito, dicen están todas las potencialidades
y posibilidades, no manifestadas, pero listas para manifestarse,
dejando el campo de lo abstracto, de las ideas, y pasando a transformarse
en las realidades concretas que, por añadidura, constituyen
la abundancia misma que alcanzamos.
Esto
mismo, nos dicen, se da en lo colectivo. Así como tenemos
un SUPER YO y un EGO individual, tenemos también, en nuestras
empresas y organizaciones, UN SUPER YO y un EGO colectivo.
La
segunda es la ley del dar para recibir, y, cuando decimos dar,
nos referimos a dar de la misma naturaleza y especie de aquello
que queremos recibir.
Así,
de este modo, reactivamos o activamos las ideas que hayamos puesto
en el "no espacio" anterior.
La
tercera es la ley de, consciente y proactivamente, crear reacciones
causa-efecto futuras, favorables y promisorias, haciendo el bien
sin mirar a quién. En fin, esto es, haciendo, diciendo
y dando a los demás, a nuestros colaboradores, socios,
clientes e interlocutores en general, solo aquello que queremos
que los demás hagan por y para nosotros, digan de nosotros,
o nos den a nosotros. Todo ésto, en un ambiente de silencio
creativo y de no juzgar jamás a los demás, ni a
nada (algo muy difícil).
La
cuarta ley es trabajar inteligentemente, y no dura y obsesiva
o ansiosamente. Ésto es, imitar la ley del menor esfuerzo
que utiliza la naturaleza, no la ley del menor esfuerzo o negligencia
de los vagabundos (creo no estar juzgando).
La
quinta ley es la de dar fuerza y orientación a nuestras
intenciones y deseos, para que, entre brecha y brecha de pensamiento,
se filtren al no espacio de la potencialidad pura del Super Yo
para que, esas intenciones o deseos naturalmente y sin esfuerzo
alguno se realicen.
Digo
entre brecha y brecha de pensamiento, porque es ésto, tal
vez a lo más que podemos aspirar o acceder. Lograr entrar,
en fluido diálogo con el Super Yo, es tal vez demasiado
pretencioso por ahora, al menos para la mayoría de nosotros.
Estamos
algo lejos de eso; o , tal vez, sin darnos cuenta, en algún
momento ese dialogo eclosiona. Para ésto, que es tan deseable,
tenemos que estar listos para aceptarlo; pero no podemos atribularnos
por lograrlo o pretenderlo. Y, si llegamos a acercarnos a concretar
esta aspiración, tendríamos que estar muy listos
y preparados para, con tanto poder, no cometer “tropelías”
inarreglables.
Pleno
dialogo con el Super Yo y la consiguiente capacidad de colocar
a voluntad en ese ámbito no limitado por espacio ni tiempo,
todas nuestras intenciones y deseos, nos transformaría
en poco menos o un poco más que demiurgos realizados plenamente,
en avatares del todo.
La
sexta ley, vinculada a todas las anteriores y especialmente a
la quinta, en lo que hace todos aquellos de nosotros que podemos
implantar nuestras intenciones entre brecha y brecha de pensamiento,
está la del desapego total con los resultados de las intenciones
implantadas o que intencionamos colocar en ese ámbito del
Super Yo nuestro, universal y divino.
Lo
que salga, si allí colocamos la intención, corresponde
siempre a lo que más nos conviene. Y, sea lo que sea, cuando
llegue, tenemos que aceptarlo con entusiasmo; aunque, a partir
de ese mismo instante, comencemos un nuevo proceso para cambiar
esos mismos resultados. Esto es legitimo.
Por
ultimo, en la trama de todo lo anterior, tenemos la séptima
ley, ésto es, la ley de nuestro propósito en la
vida, de nuestro sentido de misión, de nuestra visón-misión.
Concluyendo,
podemos decir que estas reflexiones casi místicas y abstractas,
son muy útiles en el ámbito de nosotros como individuos,
llenos de roles a cumplir en nuestras familias y comunidades,
como en nuestras organizaciones y empresas.
Estas
reglas o leyes, si las sabemos desarrollar y realizar individual
y colectivamente, seguramente el éxito y la abundancia,
tranquila y sin sobresaltos, estará necesariamente con
nosotros, nuestras organizaciones y nuestras sociedades.
Invitemos
al amor en nuestras vidas, y el éxito y la abundancia vendrán
sin que las busquemos. Si, por el contrario, nos esforzamos por
lograr el éxito o a alcanzar la abundancia o la fortuna,
sin la tranquilidad del amor, lo que consigamos, si lo logramos,
por mucho que sea, seguramente no será sostenible. Y, peor
aún, no nos dará mayores satisfacciones ni , por
supuesto, felicidad duradera alguna. La tranquilidad de espíritu,
por más que nos esforcemos por lograrla en cursos, charlas
y religiones organizadas, difícilmente nos llegará,
si antes no traemos el amor y la compasión a nuestras vidas.
|