|
|
FORTALECIENDO
UNA CULTURA DE INNOVACIÓN
¿Qué
es cultura? ¿Qué es innovación? ¿Qué
está antes, durante, y por siempre después de cualquier
innovación?.
Y, en fin,
¿qué implica o de qué vale fortalecer una
cultura de innovación, o una cultura o subcultura de cualquier
otra naturaleza? Por último, ¿qué es innovación,
un hecho aislado o un proceso continuo?
Y, si nos
inclináramos por considerar la innovación como un
proceso, ¿cómo desencadenamos, sostenemos y hacemos
fortalecer dicho proceso, para que, sistemática, sostenible
y crecientemente, beneficie y realice el desenvolvimiento y el
avance de nuestras sociedades, países, regiones, y del
mundo todo?
Estas preguntas
son muchas y variadas. Pero aquí, lo que queremos es solamente
esbozar algunas respuestas, consideraciones, reflexiones, e incluso
orientaciones y recomendaciones básicas, para en efecto
beneficiarnos de todo este ejercicio.
¿Cultura?
¡Comencemos!
Antropológicamente, cultura es una configuración
de hábitos, principios, valores o creencias, comunes a
un grupo humano determinado, hasta el punto en que, sutilmente
o de una manera muy clara y precisa, identifican y diferencian
a ese grupo frente a otros grupos con el que el mismo interacciona,
permanente u ocasionalmente.
Ahora bien,
dentro de cualquier grupo, conviven diversas “culturas anidadas.”
¿Qué queremos decir? Decimos que, en el seno de,
por ejemplo una empresa, se conjugan los hábitos de un
sinnúmero de individuos, y que, dentro de la misma, pueden
distinguirse, diversos subgrupos, cada uno con su propio conjunto
de valores que los identifican y distinguen de los demás
subgrupos. Pero que, frente a otras empresas u organizaciones,
a pesar de todo lo anterior, puede distinguirse una cultura común
propia que las distingue y diferencia claramente de las demás.
Vaya una ilustración:
En una misma provincia, hay variadas organizaciones y empresas,
cada una con su cultura única y diferenciada respecto a
las demás. No obstante, hay también una cultura
única y diferenciada de la provincia en su conjunto, frente
a las demás dentro del mismo país. Y, más
allá, a ese país, frente a los demás dentro
de una misma región, le ocurre lo mismo; se identifica,
distingue y diferencia de los demás por sus propios rasgos
culturales. Y, así sucesivamente con regiones, continentes
y cualesquiera otras subdivisiones que justificada y realmente
puedan haber. Esto se distingue hasta en la forma de hablar, aunque
todos tengan el mismo idioma.
Suficiente
para caracterizar e ilustrar lo que nos preguntamos acerca de
lo que es e implica el término “cultura.” Faltaría,
sin embargo, agregar que la cultura es a los grupos humanos, lo
que los hábitos y valores son a los individuos. También
y de igual forma, en el ámbito de grupos humanos, como
al nivel de individuos, tenemos rasgos culturales conscientes
e inconscientes, tanto como hábitos y valores conscientes
e inconscientes. Tenemos conscientes y subconscientes colectivos,
tanto como tenemos, al nivel individual, reacciones conscientes
y subconscientes.
Intencionalidad
de cualquier comportamiento
Y, de aquí,
¿cómo pasamos a lo que sigue? Pues bien, en el marco
anterior, tenemos pautas comportamentales que satisfacen o no
satisfacen los objetivos que buscamos. Volviendo a lo básico.
Todo comportamiento, individual o colectivo, estemos o no conscientes
de esa realidad, es por definición y antonomasia, INTENCIONAL.
Esto es, tiene en su incepción, conformación, realización
y ejecución, un propósito. Y, ese propósito,
cualquier que sea, tiene en común con todos los demás,
el hecho de que, con su despliegue, procura satisfacer una demanda
o un desafío interno o externo al individuo o colectivo
que así se expresa.
Al existir
esta intencionalidad, es lógico y evidente, existe la posibilidad
que la intencionalidad se cumpla o no. En otras palabras, existe
la posibilidad que el comportamiento desplegado satisfaga o no
satisfaga la demanda, desafío o amenaza enfrentada y que
dio lugar a dicho comportamiento desplegado.
De igual forma,
estas satisfacciones o no satisfacciones, nunca o muy pocas veces
si alguna, son absolutas. Siempre hay grados de satisfacción
o insatisfacción de por medio. Y, para todavía complicar
más esta realidad, como decía el sociólogo
Robert Merton, cualquier acción, o comportamiento, puede
tener resultados anticipados y no anticipados. Y, tanto unos como
los otros, pueden ser, ex post fact, deseables o no deseables.
Y, dentro de éstos últimos, bien podrían
haber sido, hipotéticamente, deseables o indeseables con
más o menor intensidad. En otros términos, en grados
mayores o menores de intensidad, extensión o profundidad.
Aprendizaje,
Retroalimentaciones, Perfeccionamientos e Innovaciones
Esta última
reflexión, nos lleva al meollo de todo lo anterior. Cualesquiera
sean los resultados de nuestras acciones o comportamientos, no
importa lo satisfactorios que hayan sido, siempre son susceptibles
de ser mejorados. Nada hay en este mundo que pueda ser la última
y expresión de la perfección. Todo, sin excepción,
es perfeccionable.
Y, el que
algo sea perfeccionable, implica que siempre está, más
que la necesidad, la imperiosidad de innovar constantemente. Y,
como podemos presenciar en nuestra historia, estas innovaciones
son constantes y cada vez más profundas. Lo único
permanente es el cambio. La estabilidad es básicamente
una ilusión.
Vectores de
la Dinámica del Proceso de Innovaciones
Podríamos
decir que las innovaciones, como un proceso de mejoramiento continuo
y creciente, se desenvuelven en torno a tres ejes o vectores principales.
Estos son los vectores de la “extensión,” de la “concentración,”
y de la “profundización.” De la misma forma, podemos afirmar
que el desenvolvimiento de los procesos de innovación en
torno a estos vectores, no es secuencial, sino más bien
simultáneo y concomitante.
¡Expliquémonos!
Algo que se inicia, de por sí tiene el impulso consciente
o inconsciente de ocupar todo espacio vacío disponible.
Cualquiera sea lo que se inicia, desde una idea a un organismo,
esa idea tiende de expandirse y llegar a todos los que puedan
llegar. Y, si es un organismo, tiende a multiplicarse y ocupar
todo el espacio disponible. Si nos referimos a algo tan aparentemente
inmaterial como el concepto o naturaleza misma del poder, ocurre
lo mismo. Quienquiera que tiene algún grado de poder sobre
algunos, mientras no se lo impidan, trata, consciente o inconscientemente,
de extender ese poder o capacidad de influenciar a los demás,
tanto como puede, ocupando, casi de inmediato, cualquier “vacío
de poder” que, como oportunidades, puedan brindárseles.
Al mismo tiempo
que se desenvuelve el proceso anterior, surgen diferentes clases
de especialidades. Estas son las concentraciones. En el desarrollo
de organismo vivientes, primero se extienden a ocupar todo espacio
disponible. Pasa con nosotros en el planeta, como con los microbios
y microorganismos de cualquier naturaleza. Luego, en el caso nuestro,
históricamente, nos concentramos en ciudades. Los microorganismos,
al igual que nosotros, se concentran en núcleos.
Y, por último
aunque nunca puede previsiblemente acabar, nosotros y los microorganismos,
profundizamos los niveles de organización dentro de cada
ciudad o grupo de cualquiera sea la naturaleza. Esto ocurre más
inconsciente que conscientemente. Estos procesos, la interacción
entre estos vectores de desenvolvimiento, no son percibidos por
las mayorías de los organismos que intervienen, advertida
o inadvertidamente, en la dinámica misma de estos procesos.
Esto, podríamos
seguirlo indefinidamente. Pero, salvo que hayan algunas inquietudes
específicas, a las que podemos atender y satisfacer después,
damos esto por suficiente. Hemos descripto. En grandes brochazos,
lo que es cultura y la naturaleza y dinámica propia de
la misma y de las innovaciones.
¿Cómo
desencadenamos y gestionamos el proceso de innovaciones?
Pasamos ahora
a la última parte. Esto es las inquietudes que nos planteáramos
en el segundo párrafo de estas reflexiones. Vale decir,
¿cómo desencadenamos, sostenemos y fortalecemos
crecientemente los procesos de innovación y, por supuesto,
las innovaciones mismas?
Esquemáticamente,
esto es como sigue.
Primero,
Fortalezas y Oportunidades
Tenemos que
tomar conciencia de la realidad que nos rodea. Tenemos que conectarnos
con esa realidad. Tenemos que verificar y convencernos que, en
esa realidad que nos rodea, hay un mundo de potencialidades y
posibilidades infinitas. De esas potencialidades y posibilidades,
las que están identificadas son una mínima parte.
Y, las que están realizadas, son, por supuesto, una proporción
infinitamente menor.
Frente a
esta realidad de potencialidades y posibilidades infinitas, no
podemos ni tenemos que pensar “en chiquito. “ Tenemos que pensar
“en grande.” Todo es posible. Pero eso sí, todo depende
de nosotros. Y, he aquí el punto crucial. Nosotros, como
individuos o como colectivos humanos, organizaciones, empresas
o países, tenemos fortalezas y debilidades. Y, con esas
fortalezas y debilidades, enfrentamos oportunidades y amenazas.
¿Qué
hacemos frente a esta realidad tan multidimensional?
Lo primero
de lo primero, es conocernos a nosotros mismos. Esto es, identificar
nuestras fortalezas y debilidades tan objetiva y realísticamente
como posible. Pero, he aquí que tenemos o enfrentamos nuestra
primera disyuntiva. ¿En qué focalizamos nuestra
atención?, ¿En nuestras fortalezas o en nuestras
debilidades? La respuesta es clara, sencilla y extremadamente
bien justificada. Tenemos que concentrarnos en nuestras fortalezas.
Nuestras debilidades, aunque parezca raro y no convencional, importan
poco.
Si nos concentramos
y dirigimos nuestra atención a nuestras fortalezas, casi
como subproducto natural de ese esfuerzo, energizamos y fortalecemos
esas “fortalezas” Si, por el contrario, dirigimos nuestra atención
a nuestras debilidades, con el pretexto o la falsa creencia que
lo hacemos para eliminarlas o reducirlas, lo que logramos, energizándolas
inconscientemente, es que las mismas se fortalezcan y realicen
como debilidades.
Esto último
es las fuerza comprobada en la literatura y en la filosofía
del “pensamiento positivo. Lo contrario es el tan consabido “negativismo,”
que carcome las bases mismas de nuestras personalidades, de nuestras
organizaciones, de nuestras empresas, y, en fin, de nuestros países.
Esta es la fuerza de la confianza fundada sólidamente en
la realidad misma de nuestras fortalezas, individuales o colectivas.
Y, en la medida que las fortalezas crecen y consolidan, las debilidades
se diluyen y desaparecen o, simplemente, pierden peso y significatividad
o relevancia para dirigir y fijar la orientación de acontecimientos
y resultados.
Segundo,
la realización de fortalezas y oportunidades
Basados en
todo lo anterior, viene el gran segundo paso. Esto es, basados
en esas fortalezas, identificar, solidamente, nuestras ventajas
comparativas, únicas, diferenciadas, atractivas y deseables,
para aquellos que mejor pueden, de manera lógica y natural,
colaborarnos y apoyarnos en alcanzar nuestros objetivos, continuada,
creciente y sosteniblemente.
Tercero,
la proclamación o marketing
El tercer
paso es proclamar esas ventajas comparativas, eficiente y efectivamente,
entre los segmentos que más pueden contribuir a lo anterior.
Cuarto,
el mejoramiento continuo
El cuarto
paso es, por supuesto, como ya lo habíamos anticipado entre
líneas, mejorar continuamente los procesos de innovación
para anticiparnos a las demandas, oportunidades, desafíos
y amenazas, antes que las mismas se concreten, y antes incluso
que aquellos segmentos de la sociedad que nos interesan, tomen
conciencia de esa realidad. Nosotros tenemos que hacérselas
conocer.
En la medida
que logramos esta sincronía de anticipaciones, seremos
más y más exitosos. Seremos más y más
innovadores. Seremos más y más los “hacedores” y
“consolidadores,” primero de nuestros hábitos de mejoramiento
continuo. Y, luego, de nuestras culturas y del fortalecimiento
mismo de nuestras culturas de innovación.
Quinto,
apego, aceptación y respeto a la realidad del “aquí
y el ahora”
El quinto
paso es reconocer y vivir la realidad de que todo lo que hacemos,
bueno o malo, es un “boomerang” que vuelve a nosotros o nuestras
organizaciones, empresas o países, no como premios, recompensas
o castigos, sino como consecuencia natural de nuestros actos.
Nada o poco
podemos hacer para borrar y corregir lo que hicimos en el pasado.
Pero sí podemos hacer mucho, increíblemente mucho,
para asegurarnos buenas cosechas de resultados favorables y deseables
en el futuro.
¿Qué
tenemos que hacer para esto?
Muy sencillo,
tenemos que actuar bien. Como esto daría lugar no para
un párrafo sino más bien para volúmenes,
baste decir que, si queremos recoger buenos resultados en el futuro,
en el presente “tenemos que hacer y decir de los demás,
lo que queremos que los demás hagan y digan de nosotros.
Sexto,
la subcultura del costo/beneficio
El sexto
paso, es que, tal como hace la vida misma en todas sus manifestaciones,
tenemos que hacer lo más con lo menos. Esto es, tenemos
que tener sólidos “hábitos” y “subculturas” de efectividad,
eficiencia y productividad.
En otros términos,
siempre tenemos que pensar, actuar, revisar y reajustar nuestro
accionar, y todo lo que hacemos, chico o grande, en términos
de costo/beneficio. Y en esto valen y cuentan toda clase de recursos
y esfuerzos.
Podemos hablar
de dinero o de despliegues de energías o maneras de pensar.
Siempre, tenemos que producir lo más con lo menos. Y, lo
más importante, en el proceso de producir y crear, no solamente
tenemos que utilizar menos recursos que los que generamos, sino
que, también, al cabo de cualquiera sean los productos
que hayamos realizado o generados, los recursos para seguir realizándolos
y generándolos, tienen que haber crecido, no disminuidos,
ni mucho menos extinguidos.
Lo anterior
es la base de la sostenibilidad.
Séptimo,
la visión y pasión operativa
Pues bien,
el séptimo paso, es hacer todo lo anterior con pleno compromiso
y pasión.
Para lograr
el éxito sostenido y creciente, tenemos que contar con
un estado de ánimo tal que, si dispusiéramos en
exceso de todos los recursos que nos pagan por hacer nuestro trabajo,
estaríamos más que dispuestos en utilizarlos para
que nos permitan hacer ese trabajo.
Ese trabajo,
tiene que ser nuestra mayor satisfacción y realización.
En otras palabras, para construir la vida que queremos, tenemos
que crear y realizar el trabajo que amamos.
Conclusión
Por último,
valga señalar que, aunque hablamos de siete pasos, los
mismos no son secuenciales. Pueden ir en cualquier orden. También
pueden descomponerse en muchos otros. Pero estos siete conceptos
básicos, tienen que estar presentes y tienen que realizarse
plenamente.
Sólo
así, es posible crear y fortalecer sostenible y crecientemente
una verdadera cultura de innovación.
|