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Mayo de 2001


Dr. Alberto D.R. Salinas-Goytía
CPN - Consultor Internacional
http://tucma.com/dsalinas
dsalinas@sol.racsa.co.cr
dsalinas@hotmail.com

 

FORTALECIENDO UNA CULTURA DE INNOVACIÓN

 

¿Qué es cultura? ¿Qué es innovación? ¿Qué está antes, durante, y por siempre después de cualquier innovación?.

Y, en fin, ¿qué implica o de qué vale fortalecer una cultura de innovación, o una cultura o subcultura de cualquier otra naturaleza? Por último, ¿qué es innovación, un hecho aislado o un proceso continuo?

Y, si nos inclináramos por considerar la innovación como un proceso, ¿cómo desencadenamos, sostenemos y hacemos fortalecer dicho proceso, para que, sistemática, sostenible y crecientemente, beneficie y realice el desenvolvimiento y el avance de nuestras sociedades, países, regiones, y del mundo todo?

Estas preguntas son muchas y variadas. Pero aquí, lo que queremos es solamente esbozar algunas respuestas, consideraciones, reflexiones, e incluso orientaciones y recomendaciones básicas, para en efecto beneficiarnos de todo este ejercicio.

¿Cultura?

¡Comencemos! Antropológicamente, cultura es una configuración de hábitos, principios, valores o creencias, comunes a un grupo humano determinado, hasta el punto en que, sutilmente o de una manera muy clara y precisa, identifican y diferencian a ese grupo frente a otros grupos con el que el mismo interacciona, permanente u ocasionalmente.

Ahora bien, dentro de cualquier grupo, conviven diversas “culturas anidadas.” ¿Qué queremos decir? Decimos que, en el seno de, por ejemplo una empresa, se conjugan los hábitos de un sinnúmero de individuos, y que, dentro de la misma, pueden distinguirse, diversos subgrupos, cada uno con su propio conjunto de valores que los identifican y distinguen de los demás subgrupos. Pero que, frente a otras empresas u organizaciones, a pesar de todo lo anterior, puede distinguirse una cultura común propia que las distingue y diferencia claramente de las demás.

Vaya una ilustración: En una misma provincia, hay variadas organizaciones y empresas, cada una con su cultura única y diferenciada respecto a las demás. No obstante, hay también una cultura única y diferenciada de la provincia en su conjunto, frente a las demás dentro del mismo país. Y, más allá, a ese país, frente a los demás dentro de una misma región, le ocurre lo mismo; se identifica, distingue y diferencia de los demás por sus propios rasgos culturales. Y, así sucesivamente con regiones, continentes y cualesquiera otras subdivisiones que justificada y realmente puedan haber. Esto se distingue hasta en la forma de hablar, aunque todos tengan el mismo idioma.

Suficiente para caracterizar e ilustrar lo que nos preguntamos acerca de lo que es e implica el término “cultura.” Faltaría, sin embargo, agregar que la cultura es a los grupos humanos, lo que los hábitos y valores son a los individuos. También y de igual forma, en el ámbito de grupos humanos, como al nivel de individuos, tenemos rasgos culturales conscientes e inconscientes, tanto como hábitos y valores conscientes e inconscientes. Tenemos conscientes y subconscientes colectivos, tanto como tenemos, al nivel individual, reacciones conscientes y subconscientes.

Intencionalidad de cualquier comportamiento

Y, de aquí, ¿cómo pasamos a lo que sigue? Pues bien, en el marco anterior, tenemos pautas comportamentales que satisfacen o no satisfacen los objetivos que buscamos. Volviendo a lo básico. Todo comportamiento, individual o colectivo, estemos o no conscientes de esa realidad, es por definición y antonomasia, INTENCIONAL. Esto es, tiene en su incepción, conformación, realización y ejecución, un propósito. Y, ese propósito, cualquier que sea, tiene en común con todos los demás, el hecho de que, con su despliegue, procura satisfacer una demanda o un desafío interno o externo al individuo o colectivo que así se expresa.

Al existir esta intencionalidad, es lógico y evidente, existe la posibilidad que la intencionalidad se cumpla o no. En otras palabras, existe la posibilidad que el comportamiento desplegado satisfaga o no satisfaga la demanda, desafío o amenaza enfrentada y que dio lugar a dicho comportamiento desplegado.

De igual forma, estas satisfacciones o no satisfacciones, nunca o muy pocas veces si alguna, son absolutas. Siempre hay grados de satisfacción o insatisfacción de por medio. Y, para todavía complicar más esta realidad, como decía el sociólogo Robert Merton, cualquier acción, o comportamiento, puede tener resultados anticipados y no anticipados. Y, tanto unos como los otros, pueden ser, ex post fact, deseables o no deseables. Y, dentro de éstos últimos, bien podrían haber sido, hipotéticamente, deseables o indeseables con más o menor intensidad. En otros términos, en grados mayores o menores de intensidad, extensión o profundidad.

Aprendizaje, Retroalimentaciones, Perfeccionamientos e Innovaciones

Esta última reflexión, nos lleva al meollo de todo lo anterior. Cualesquiera sean los resultados de nuestras acciones o comportamientos, no importa lo satisfactorios que hayan sido, siempre son susceptibles de ser mejorados. Nada hay en este mundo que pueda ser la última y expresión de la perfección. Todo, sin excepción, es perfeccionable.

Y, el que algo sea perfeccionable, implica que siempre está, más que la necesidad, la imperiosidad de innovar constantemente. Y, como podemos presenciar en nuestra historia, estas innovaciones son constantes y cada vez más profundas. Lo único permanente es el cambio. La estabilidad es básicamente una ilusión.

Vectores de la Dinámica del Proceso de Innovaciones

Podríamos decir que las innovaciones, como un proceso de mejoramiento continuo y creciente, se desenvuelven en torno a tres ejes o vectores principales. Estos son los vectores de la “extensión,” de la “concentración,” y de la “profundización.” De la misma forma, podemos afirmar que el desenvolvimiento de los procesos de innovación en torno a estos vectores, no es secuencial, sino más bien simultáneo y concomitante.

¡Expliquémonos! Algo que se inicia, de por sí tiene el impulso consciente o inconsciente de ocupar todo espacio vacío disponible. Cualquiera sea lo que se inicia, desde una idea a un organismo, esa idea tiende de expandirse y llegar a todos los que puedan llegar. Y, si es un organismo, tiende a multiplicarse y ocupar todo el espacio disponible. Si nos referimos a algo tan aparentemente inmaterial como el concepto o naturaleza misma del poder, ocurre lo mismo. Quienquiera que tiene algún grado de poder sobre algunos, mientras no se lo impidan, trata, consciente o inconscientemente, de extender ese poder o capacidad de influenciar a los demás, tanto como puede, ocupando, casi de inmediato, cualquier “vacío de poder” que, como oportunidades, puedan brindárseles.

Al mismo tiempo que se desenvuelve el proceso anterior, surgen diferentes clases de especialidades. Estas son las concentraciones. En el desarrollo de organismo vivientes, primero se extienden a ocupar todo espacio disponible. Pasa con nosotros en el planeta, como con los microbios y microorganismos de cualquier naturaleza. Luego, en el caso nuestro, históricamente, nos concentramos en ciudades. Los microorganismos, al igual que nosotros, se concentran en núcleos.

Y, por último aunque nunca puede previsiblemente acabar, nosotros y los microorganismos, profundizamos los niveles de organización dentro de cada ciudad o grupo de cualquiera sea la naturaleza. Esto ocurre más inconsciente que conscientemente. Estos procesos, la interacción entre estos vectores de desenvolvimiento, no son percibidos por las mayorías de los organismos que intervienen, advertida o inadvertidamente, en la dinámica misma de estos procesos.

Esto, podríamos seguirlo indefinidamente. Pero, salvo que hayan algunas inquietudes específicas, a las que podemos atender y satisfacer después, damos esto por suficiente. Hemos descripto. En grandes brochazos, lo que es cultura y la naturaleza y dinámica propia de la misma y de las innovaciones.

¿Cómo desencadenamos y gestionamos el proceso de innovaciones?

Pasamos ahora a la última parte. Esto es las inquietudes que nos planteáramos en el segundo párrafo de estas reflexiones. Vale decir, ¿cómo desencadenamos, sostenemos y fortalecemos crecientemente los procesos de innovación y, por supuesto, las innovaciones mismas?

Esquemáticamente, esto es como sigue.

Primero, Fortalezas y Oportunidades

Tenemos que tomar conciencia de la realidad que nos rodea. Tenemos que conectarnos con esa realidad. Tenemos que verificar y convencernos que, en esa realidad que nos rodea, hay un mundo de potencialidades y posibilidades infinitas. De esas potencialidades y posibilidades, las que están identificadas son una mínima parte. Y, las que están realizadas, son, por supuesto, una proporción infinitamente menor.

Frente a esta realidad de potencialidades y posibilidades infinitas, no podemos ni tenemos que pensar “en chiquito. “ Tenemos que pensar “en grande.” Todo es posible. Pero eso sí, todo depende de nosotros. Y, he aquí el punto crucial. Nosotros, como individuos o como colectivos humanos, organizaciones, empresas o países, tenemos fortalezas y debilidades. Y, con esas fortalezas y debilidades, enfrentamos oportunidades y amenazas.

¿Qué hacemos frente a esta realidad tan multidimensional?

Lo primero de lo primero, es conocernos a nosotros mismos. Esto es, identificar nuestras fortalezas y debilidades tan objetiva y realísticamente como posible. Pero, he aquí que tenemos o enfrentamos nuestra primera disyuntiva. ¿En qué focalizamos nuestra atención?, ¿En nuestras fortalezas o en nuestras debilidades? La respuesta es clara, sencilla y extremadamente bien justificada. Tenemos que concentrarnos en nuestras fortalezas. Nuestras debilidades, aunque parezca raro y no convencional, importan poco.

Si nos concentramos y dirigimos nuestra atención a nuestras fortalezas, casi como subproducto natural de ese esfuerzo, energizamos y fortalecemos esas “fortalezas” Si, por el contrario, dirigimos nuestra atención a nuestras debilidades, con el pretexto o la falsa creencia que lo hacemos para eliminarlas o reducirlas, lo que logramos, energizándolas inconscientemente, es que las mismas se fortalezcan y realicen como debilidades.

Esto último es las fuerza comprobada en la literatura y en la filosofía del “pensamiento positivo. Lo contrario es el tan consabido “negativismo,” que carcome las bases mismas de nuestras personalidades, de nuestras organizaciones, de nuestras empresas, y, en fin, de nuestros países. Esta es la fuerza de la confianza fundada sólidamente en la realidad misma de nuestras fortalezas, individuales o colectivas. Y, en la medida que las fortalezas crecen y consolidan, las debilidades se diluyen y desaparecen o, simplemente, pierden peso y significatividad o relevancia para dirigir y fijar la orientación de acontecimientos y resultados.

Segundo, la realización de fortalezas y oportunidades

Basados en todo lo anterior, viene el gran segundo paso. Esto es, basados en esas fortalezas, identificar, solidamente, nuestras ventajas comparativas, únicas, diferenciadas, atractivas y deseables, para aquellos que mejor pueden, de manera lógica y natural, colaborarnos y apoyarnos en alcanzar nuestros objetivos, continuada, creciente y sosteniblemente.

Tercero, la proclamación o marketing

El tercer paso es proclamar esas ventajas comparativas, eficiente y efectivamente, entre los segmentos que más pueden contribuir a lo anterior.

Cuarto, el mejoramiento continuo

El cuarto paso es, por supuesto, como ya lo habíamos anticipado entre líneas, mejorar continuamente los procesos de innovación para anticiparnos a las demandas, oportunidades, desafíos y amenazas, antes que las mismas se concreten, y antes incluso que aquellos segmentos de la sociedad que nos interesan, tomen conciencia de esa realidad. Nosotros tenemos que hacérselas conocer.

En la medida que logramos esta sincronía de anticipaciones, seremos más y más exitosos. Seremos más y más innovadores. Seremos más y más los “hacedores” y “consolidadores,” primero de nuestros hábitos de mejoramiento continuo. Y, luego, de nuestras culturas y del fortalecimiento mismo de nuestras culturas de innovación.

Quinto, apego, aceptación y respeto a la realidad del “aquí y el ahora”

El quinto paso es reconocer y vivir la realidad de que todo lo que hacemos, bueno o malo, es un “boomerang” que vuelve a nosotros o nuestras organizaciones, empresas o países, no como premios, recompensas o castigos, sino como consecuencia natural de nuestros actos.

Nada o poco podemos hacer para borrar y corregir lo que hicimos en el pasado. Pero sí podemos hacer mucho, increíblemente mucho, para asegurarnos buenas cosechas de resultados favorables y deseables en el futuro.

¿Qué tenemos que hacer para esto?

Muy sencillo, tenemos que actuar bien. Como esto daría lugar no para un párrafo sino más bien para volúmenes, baste decir que, si queremos recoger buenos resultados en el futuro, en el presente “tenemos que hacer y decir de los demás, lo que queremos que los demás hagan y digan de nosotros.

Sexto, la subcultura del costo/beneficio

El sexto paso, es que, tal como hace la vida misma en todas sus manifestaciones, tenemos que hacer lo más con lo menos. Esto es, tenemos que tener sólidos “hábitos” y “subculturas” de efectividad, eficiencia y productividad.

En otros términos, siempre tenemos que pensar, actuar, revisar y reajustar nuestro accionar, y todo lo que hacemos, chico o grande, en términos de costo/beneficio. Y en esto valen y cuentan toda clase de recursos y esfuerzos.

Podemos hablar de dinero o de despliegues de energías o maneras de pensar. Siempre, tenemos que producir lo más con lo menos. Y, lo más importante, en el proceso de producir y crear, no solamente tenemos que utilizar menos recursos que los que generamos, sino que, también, al cabo de cualquiera sean los productos que hayamos realizado o generados, los recursos para seguir realizándolos y generándolos, tienen que haber crecido, no disminuidos, ni mucho menos extinguidos.

Lo anterior es la base de la sostenibilidad.

Séptimo, la visión y pasión operativa

Pues bien, el séptimo paso, es hacer todo lo anterior con pleno compromiso y pasión.

Para lograr el éxito sostenido y creciente, tenemos que contar con un estado de ánimo tal que, si dispusiéramos en exceso de todos los recursos que nos pagan por hacer nuestro trabajo, estaríamos más que dispuestos en utilizarlos para que nos permitan hacer ese trabajo.

Ese trabajo, tiene que ser nuestra mayor satisfacción y realización. En otras palabras, para construir la vida que queremos, tenemos que crear y realizar el trabajo que amamos.

Conclusión

Por último, valga señalar que, aunque hablamos de siete pasos, los mismos no son secuenciales. Pueden ir en cualquier orden. También pueden descomponerse en muchos otros. Pero estos siete conceptos básicos, tienen que estar presentes y tienen que realizarse plenamente.

Sólo así, es posible crear y fortalecer sostenible y crecientemente una verdadera cultura de innovación.

  Dr. Alberto D.R. Salinas-Goytía
CPN - Consultor Internacional
http://tucma.com/dsalinas
dsalinas@sol.racsa.co.cr
dsalinas@hotmail.com
 
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