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¿Por
qué hay empresas de un mismo rubro que funcionan mejor
que otras?
Porque esas
empresas, nos demos o no cuenta, satisfacen a sus clientes, y
tal vez a nuestros propios clientes, mejor que nosotros.
Más
allá de esta generalización, que difícilmente
puede no ser cierta, podemos hacer una generalización aún
mayor, la que, por nada, es menos verdadera y cierta. NUNCA TIENE
LA CULPA LA SITUACION U OTROS FUERA DE NOSOTROS MISMOS. Las empresas
que andan mejor que nosotros es porque, definitivamente, hicieron
mejor que nosotros sus tareas.
Reaccionamos
a las circunstancias desde la perspectiva de nuestra comprensión
de las mismas. Y, nuestra comprensión de las mismas, es
función de nuestras creencias, fijaciones y, en última
instancia, de nuestra capacidad de autocrítica y análisis.
Concretamente ¿qué tenemos que hacer? Como ya lo
dijéramos antes, son nuestros clientes los que nos tienen
que decir, o de los que tenemos que aprender, ¿qué
tenemos que hacer por ellos?
¿Que
hacer?
En primer
lugar tenemos que crecer y establecernos sólidamente. Entre
los principios básicos de cualquier economía, incluso
la economía doméstica, es "zapatero a tus zapatos;"
"nunca gastes más de los que te ingresa;" "no te endeudes
innecesaria o alegremente;" "no corras riesgos innecesarios o
riesgos de los que no tengas escapes previstos y pérdidas
posibles siempre fáciles de recobrar;" "ten siempre tus
reservas;" "siempre actúa como si tus reservas no existieran,
como si esas reservas no te pertenecieran en absoluto, y como
si fuera imposible acceder a ellas;" "nunca pongas ni tengas todos
tus bienes en una misma parte;" "jamás todos los huevos
en una misma canasta;" "diversifica tus riesgos y tus reservas;"
"no consideres las ganancias de tu empresa como ganancias tuyas;"
"no retires de tu empresa más de lo que vos o un patrón
muy estricto te pagaría por el trabajo que haces y por
lo que son la situación real de tu empresa y de la economía
en su conjunto dentro del medio específico en el que te
desenvuelves;" en fin, manéjate con una solidez financiera
a ultranza.
Si tus normas
de conducta se ajustan a lo anterior, o cuando más se aproximen
a las mismas, seguramente mayores serán los chances de
que seas vos, tu empresa, la que, en tu rubro, funciona mejor
que las demás.
Pero, por supuesto, esto no es suficiente. Nada que se queda en
los extremos puede serlo. Tienes que ser así de sólido
financieramente; pero no puedes ser falto de visión y de
previsión. Tienes que estar al tanto de lo que pasa en
el medio que te desenvuelves. No puedes darte el lujo que los
avances en tu rubro te tomen de sorpresa. Tienes que prever los
cambios que se vienen, y tienes que anticipar, aunque no en demasía,
los ajustes que tienes que hacer para acomodarte y aprovecharte
de esos cambios. Y, tienes que hacer todo ésto en tiempo
y forma; no antes de tiempo, no demasiado después.
Tus principios
a nivel individual, y la cultura colectiva a nivel de todos los
que colaboran contigo en tu empresa, tiene que ser conducente
al éxito. Tienen que estar siempre en sintonía con
tus clientes y con tus proveedores. Ellos son tus socios. Y, entre
tus clientes, los más importantes de todos ellos, son tus
propios empleados. A través de ellos, es que te conocen
y conocerán en la comunidad. Ellos como grupo, ven y se
relacionan con un mayor número de clientes que con los
que vos, individualmente, jamás podrás relacionarte.
Son ellos, por lo tanto, tus empleados, sus parientes y sus círculos
de amigos y conocidos, tus principales promotores, o detractores.
¿Lo dudas?
En segundo
o en igual lugar que tus empleados, sus familias y círculos
de conocidos, están tus clientes actuales y sus respectivas
relaciones. ¡Tienes que estar siempre actualizado, al día,
con lo que ellos quieren y con cómo lo quieren! ¿Lo
haces? ¿Lo haces siempre? ¿Es parte de tus hábitos
y de los hábitos individuales y colectivos de todos los
que trabajan contigo? ¿Estás seguro?
Y, cerrando
esta apretada síntesis, como en una trilogía, está
tu capacidad empresaria para mantener niveles de excelencia superiores
a los de tus competidores; y para mantenerte, al mismo tiempo,
posicionado en la mente de tus segmentos de clientela, como el
empresario que se diferencia positivamente de todos los demás.
Esto es, tu capacidad para que te reconozcan como el empresario
que, en tus rubros, les ofrece, y brinda y cumple con sus necesidades
antes y después de cada venta o servicio que contratan
contigo, mejor que todos los demás con los que puedan compararte.
Conclusión
Como ves,
no hay por dónde equivocarse. Esta son algunas de las razones
o conjunto de razones que justifican que, en un mismo ramo o rubro,
hayan empresas que funcionan mejor que otras.
En efecto,
para las empresas que más se aproximan a estos conceptos
y a otros vinculados que se desprenden de los mismos, las situaciones
llamadas "malas" o de "crisis" son realmente bendiciones. En esas
situaciones se benefician no solamente por las cosas que hacen,
sino también por lo que sus competidores dejan de hacer
o hacen o venían haciendo mal.
En épocas
de bonanza, en las que la disciplina financiera no aparece tan
imprescindible, la bonanza misma impide que las malas prácticas
o las prácticas no tan estrictas, hagan crisis y desemboquen
en sonados fracasos. Los indisciplinados, pueden gastar alegremente
o no cuidar de sus gastos suficientemente. Pero, en la medida
que así lo hacen, tienen menos reservas, o directamente
carecen de reserva alguna. La bonanza sigue, eso no se nota. Pero,
a la primera de cambio, cuando esa bonanza disminuye, las reservas
hacen falta. Los proveedores dejan de financiarnos o nos financian
en menor cuantía. Los intereses de los bancos suben o la
liquidez de los mismos disminuye. En fin, las condiciones varían
y tenemos que valernos, más que antes y por algún
tiempo, de nuestros propios recursos. Y, para complicar más
el panorama, las ventas disminuyen. Las "vacas flacas" están
con nosotros. Y, nosotros, sin reservas.
Los que las
tienen, los que aprovecharon las "vacas gordas" para acopiarse
sólidamente de reservas, están definitivamente en
una mejor situación. Y, lo que es mejor para ellos, están
en condiciones de compensar disminuciones de ventas, con la apertura
de nuevos puntos de venta. Pueden hacer un mejor uso de sus reservas
y, al hacerlo, se posicionan.
En los períodos
de "no bonanza" o de "crisis", los que no fueron suficientemente
previsores, no pueden hacer lo mismo y, por la fuerza de las circunstancias,
salen del mercado o sobreviven, debilitándose cada vez
más y en mayor profundidad. Los que fueron suficientemente
previsores, los que más se aproximan en sus comportamientos
a lo que señaláramos anteriormente, cuando vuelve
la bonanza, están posicionados; y, con sus nuevos puntos
de venta, más la recuperación o simple aumento de
las ventas, en esos nuevos puntos y en los anteriores, pasan a
crecer y consolidarse explosivamente.
En fin, en
un mismo y diferentes rubros, siempre habrán empresas y
emprendedores que se destacan, y otros que desaparecen. Los que
se destacan, serán los más disciplinados, los que
más se apegaron en sus comportamientos a la disciplina
empresaria que, en pocos brochazos, describimos brevemente en
los párrafos anteriores.
Las crisis
y turbulencias siempre limpian el mercado de los empresarios que
menos hacen por él. Esto es, de los que, metidos a empresarios,
no son realmente tales. Y, en la realidad, son malos empleados
de ellos mismos. Pero, como ellos no pueden despedirse a ellos
mismos, el mercado los despide de su seno.
Esto es lamentable,
más allá de cualquier ironía, porque estos
empresarios que así actúan inapropiadamente, no
sólo se perjudican a si mismos, sino que, lamentablemente,
son responsables de la destrucción de fuentes de trabajo
y empleo que podrían haberse mantenido. Son también
responsables del desperdicio de recursos y riquezas de todo orden,
que bien podría haber sido destinada a producir más
riqueza y bienestar común para toda la sociedad.
Concluyendo
y mirando hacia el futuro, los empresarios que hacen mal uso de
sus recursos y de los recursos puestos en sus manos, tendrían
que ser sujetos de figuras delictivas, como lo son en el caso
de las quiebras fraudulentas o culposas. O, como en el caso de
algunos códigos civiles, esos empresarios tendrían
que ser asimilados a la figura del "pródigo" y, legalmente,
retirarles la administración de sus propios bienes, antes
que, destruyéndose a si mismos, terminen eliminando, innecesariamente,
fuentes de trabajo con todos los perjuicios colaterales que eso
significa para la sociedad.
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