|
Mente
que agrupa
Dicen que los
tres dichos del mexicano son: mañana te pago; la última
y nos vamos; y el tercero es mejor no mencionarlo por pornográfico.
Al mexicano típico se le considera, en general, bajo el estereotipo
difundido por Hollywood y las caricaturas de Speedy González.
Los estereotipos,
prejuicios, agrupaciones, clasificaciones, y categorizaciones son
parte de la estructura mental de las personas. La mente tiene que
desmenuzar para no confundirse y ordenar para no caer en el caos.
El riesgo son
las generalizaciones, por ejemplo: todos los musulmanes son terroristas
y todos los árabes con turbantes que se suban al avión,
deberían considerarse peligrosos.
Una fotografía
en primera plana del New York Times muestra a un grupo de mujeres,
con velas blancas en mano, orando por las víctimas del atentado
en Nueva York. La foto se fue a primera plana porque se trataba
de mujeres musulmanes con todo y su vestimenta cubridora. El mensaje
implícito era: las esposas, hermanas, hijas o madres de los
"guerreros de Dios", como se autodenominan ciertas facciones radicales,
se unían a la tristeza de la muerte de miles de inocentes.
Los árabes
y musulmanes se quejan por la forma en que se les trata en estos
momentos. Una niña de 9 años -a la vista musulmana-
se lamentaba en televisión abierta que una señora
la había agredido verbalmente hasta que la hizo llorar.
¿A una
niña de 9 años?
Ahora les tocó
a los musulmanes, buenos o malos, con una creencia o con otra, sufrir
las consecuencias de la mente que simplifica, agrupa y juzga.
En su reciente
visita a los Estados Unidos, Fox pidió confianza al Congreso.
El mensaje fue más o menos así: ya no somos como antes,
hemos cambiado, no somos todos como creen; no generalicen y acepten
un nuevo paradigma: mexicanos serios, decentes y con credibilidad.
Por eso es tan
importante entender que la mente sólo tiene una oportunidad,
un solo tiro, una sola chanza para formarse una idea asociada de
una persona, de una compañía, de un producto o de
una marca. La idea asociada es territorio mental y emocional. No
habla de las características intrínsecas que pueda
tener en sí el producto o la persona.
Al final del
día, somos una idea en la mente de la gente, o para el caso,
una idea de nosotros mismos.
Y una vez que
se forma determinada idea, es muy difícil cambiarla.
Volviendo al
caso del Medio Oriente, pregunten a sus amistades si saben exactamente
lo que está ocurriendo en esa zona, y 7 de cada 10 van a
decir algo como: "la verdad ni le entiendo bien, es un relajo".
Preguntándole
a una especialista en el Medio Oriente, ella explicaba que las raíces
del problema se remontan a la Biblia donde Moisés, cuando
Dios le habló, le señaló la "tierra prometida"
que debía de ocupar.
La cosa se complica
con la Primera y Segunda Guerra Mundial, pero apenas una mente experta
en la materia puede conocer las sutilezas en una categoría.
Pero conforme
la humanidad se complica, el paso se acelera, el bombardeo de mensajes
se incrementa; cada vez hay menos expertos y la tendencia es a generalizar.
Por ejemplo
las ciudades de Stravanger, Narvik, Solberg, Fredrika, Varkaus,
Kouvola, Madetkoski, Igarka, Vorkuta, Kirov, Saratov, Lensk, Izhevsk,
suenan extrañas y fácilmente pudiéramos decir
que son rusas y ya; cuando en realidad son, efectivamente rusas,
pero también suecas, noruegas y finlandesas.
Lo mismo con
nombres como: Jandaq, Tahrud, Jahrom, Burjak, Teyvareh, Mukur, Zaranj,
Khuzdar, Khairpur, Turbat, Chaman, Jalpur, Ahmadabad, Rampur, Bhopal,
Mathura, Zalim, Al Birkah, Idlib, que son ciudades de: Irán,
Afganistán, Pakistán, India y Arabia Saudita.
Como estamos
tan lejos de estas ciudades, es fácil encajonarlas a pesar
de que hay grandes diferencias entre ellas.
Lo anterior
lo reflejó un empresario norteamericano dueño de una
compañía que facturaba 200 millones de dólares
al año, cuando le dijo a un ejecutivo mexicano que después
de atender la zona de Puerto Rico, de pasadita llegara a Brasil,
que al cabo estaba cerquita. Este hombre aglutinó a los latinoamericanos
sin importarle que la ciudad de Houston estaba más de pasadita
de Puerto Rico que Brasil.
¿Qué
tiene que ver esto con las marcas? Todo.
Una marca es
una promesa y la gente tiende a generalizar y a aceptar una idea
alrededor de ella. Y sólo una.
Por eso es tan
importante que el mensaje sea sencillo, contundente, claro, y sobretodo
consistente.
Recientemente
marcas poderosas han querido dominar aún más el mercado
y convertirse en "megamarcas". La confianza de los consumidores
es lo que hace que las marcas, al entrar en otras categorías,
tengan o no éxito.
Está
el caso de Dove por ejemplo, que domina el 24% del mercado de jabones
para el cuerpo y que quiso entrar en la categoría de jabones
para los platos y competir con Palmolive; pero el mercado no lo
aceptó. Dove es para el cuerpo, no para la cocina.
Ahora se vuelve
a arriesgar con un antitranspirante. Si los consumidores se pueden
imaginar las cualidades del jabón en un desodorante, puede
ser que tenga éxito. Pero si un Dove que evita la transpiración
así como humecta puede confundir a los consumidores, o complicar
el esquema de comunicación, el desodorante puede fracasar
y la percepción de la marca hasta puede alterarse.
Si se quiere
saber qué se piensa de una compañía o de un
producto, basta con que le pregunten al consumidor. En una frase,
en cuestión de segundos, te dirá tu valor, y se podrá
apreciar en qué categoría nos tiene aglutinados o
cómo nos amalgama con ideas asociadas.
Si se quiere
que una marca trascienda y que salga del montón, será
más fácil lograrlo si se le asocia con una idea, no
con varias. Es la ley del sacrificio en toda su extensión.
|