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¡Tiempo!
¿Habrá
alguien que no le interese tomarse un período de su vida
para hacer realmente lo que se le dé su gana? Se requiere
de decisión para romper con la rutina, bajarse del tren,
cambiar el juego, desacelerar.
En atención al número de mails y comentarios que generaron
los artículos previos "El exceso del éxito" y "Escapismo",
surgen las siguientes líneas.
Era
un Domingo en la noche y la familia regresaba a la ciudad de México
después de un año Sabático. Había vivido
en el montañoso Colorado, EUA, donde esquiaron en invierno
y escalaron en verano. Convivieron como nunca: hicieron ejercicio,
exploraron lugares nuevos, se hicieron amigos y llegaron a conocerse
más entre ellos.
En
el aeropuerto fueron recibidos por suegros, hermanos, primos, amigos;
como si fueran héroes que regresaban de la guerra.
El
jefe de familia empezaba a trabajar el día siguiente. Tenía
quince días para entender cómo andaban las cosas en
el negocio y que su socio, que se había quedado al frente
durante todo ese año, le detallara pendientes. Ahora él,
con todo y familia, se iba a tomar su Sabático. Como en una
carrera de relevos donde uno se queda mientras el otro se va.
¿Sabrán
algo ellos que nosotros no sepamos?
Lo
que es un hecho es que los estilos de vida son dinámicos.
Las generaciones cambian su conducta según su entorno y la
etapa que les toca vivir.
Con
Internet, las industrias editoriales y de entretenimiento, la información
está impactando a los sistemas alternativos de vida, y emergen
nuevas formas. En Italia se detecta una tendencia de hombres cuarentones
que siguen solteros y su mamá les sigue lavando los calcetines,
y que deciden no casarse, "posso aspetare" dicen cuando los entrevistan.
En
México la gente se está casando más grande
y el concepto de mamá-joven está cambiando; en ciertas
sociedades cada vez se ven más madres o padres que viven
sin pareja con sus hijos; también se ven noviazgos eternos
que lo son todo menos un matrimonio formal o en otro extremo, la
gente se casa varias veces, o cambia de carrera profesional sin
problema.
¿Qué
hace falta para vivir como uno quiere, o para decidirse a vivir
un Sabático? O mejor aún, ¿Cómo hacerle
para incorporar una sensación de Sabático en la cotidianidad
de la vida?
Por
el lado físico, tristemente algunos necesitan un infarto
o enfermedad que represente el exceso. Por el lado de las relaciones
interpersonales, otros necesitan la amenaza o la motivación
de un divorcio o la ruptura con un hijo. Por el lado profesional
puede ser un despido inesperado, un quiebre de negocio. Por el lado
personal, un agotamiento crónico, un "ya no puedo ni con
mi alma".
¿Se
tiene que llegar a este extremo para tomar decisiones?
¿Tan
fuerte es el guión de vida que se impone desde la infancia?
¿Se podrá cuestionar? ¿Se podrá ser
rebelde con causa?
¿Quién
hizo el diseño de que la vida tenía que ser así?
Una autora norteamericana acaba de publicar un libro que describe
lo que califica como un fenómeno social: señoras,
entre los 35 y 55 años de edad empiezan a tomarse Sabáticos.
En el caso de estar casadas, se negocia con la familia, y las señoras
salen a realizar sus sueños: pintar, escribir, cocinar, acabar
la universidad, estudiar una maestría.
Un
Sabático permite revisar la dirección de vida, dialogar
con uno mismo y en su caso con la familia, y en general, hacer cosas
que normalmente no se hacen.
La
gente de negocios empieza a detectar esta tendencia. Hay una agencia
en Nueva York que se dedica a realizar los sueños más
exóticos, por ejemplo: convivir una semana con monjes tibetanos
en Dharmasala, India o con los indígenas en Chiapas; compartir
los ritos de bizantinos en un monasterio en Meteora, Grecia; o vivir
con los pocos Aborígenes nómadas de Australia.
También
empiezan a aparecer los personal & career coaches, que como aquéllos
que se pusieron de moda entre los ricos y famosos para su condición
física, pero llevado a la parte profesional. En México
las cosas cambian menos rápido pero los psiquiatras, consejeros,
religiosos y hasta brujos de Catemaco, nunca habían tenido
tanto trabajo, como si el mundo buscara orientación.
El
hogar empieza a apreciarse como zona de trabajo, de descanso, de
escape. Si la situación económica lo permite, está
equipada con todo: computadora, acceso a Internet, cable, asador,
brincolín, terraza; casi como si fuera un refugio del mundo.
Faith Popcorn, le llama Cocooing, refiriéndose a nido. Se
ve una explosión de servicio a domicilio y de llevar la tienda,
el producto, la experiencia, al hogar.
La
gran pregunta de la humanidad: si estamos de acuerdo que sólo
se utiliza el 10% del potencial humano, ¿dónde quedó
el otro 90%?
Quién
sabe, pero por lo pronto hay que empezar a explorarlo. No se vale
no cuestionarse, no hacer introspección, no tomar decisiones
porque la corriente nos lleva. Tampoco tenemos que cambiar de estilo
de vida ni de trabajo; pero hay que estar conscientes y con un grado
saludable de cuestionamiento e innovación.
Como
dijo Jorge Luis Borges:
"Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente
cada minuto de su vida. Claro que tuve momentos de alegría,
pero si pudiera volver atrás trataría de tener solamente
buenos momentos. Por si no lo saben de eso está hecha la
vida, sólo de momentos. No te pierdas el ahora. Pero ya ves,
tengo 85 años y sé que me estoy muriendo".
Es
triste morirse sin haber vivido, pero se podría empezar en
cualquier momento, incluyendo este.
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