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LEY
DE RECIPROCIDAD
Andas perdido
buscando una dirección, llevas más de una hora dando
vueltas, y estás a punto de la desesperación. Finalmente,
le preguntas a un policía que estaba parado en la esquina,
quien atentamente te explica, y cuando termina, te dice "ah, yo
voy para allá también, ¿me da un aventón?"
Pero hay que
completar la escena: el policía tenía un aspecto rudo
y una mirada un poco rara. Además trae pistola y macana.
Pero lo que más presionaba era su aire de yo ya te ayudé,
ahora sigues tú, o ¿a poco eres tan mala onda?
¿Lo subirías
a tu auto para darle el aventón?
En medio de
la psicosis de violencia que viven las ciudades grandes y las historias
en la nota roja, a menos que seas easy going, las preguntas son
obligadas:
¿Y si
es un criminal disfrazado de policía? ¿Y si es un
policía corrupto? Qué casualidad que va para la misma
dirección, algo quiere este canijo. ¿Y si me dijo
mentiras, y si las instrucciones son para otro lado donde hay una
emboscada o algo así?
¿Lo
subirías a tu auto para darle el aventón?
Si eres como
la mayoría de las personas en América Latina, y no
llevas a la familia, lo más probable es que aceptes -con
un grado de incomodidad- pero motivado por la Ley de la Reciprocidad.
Otro escenario
donde aflora esta ley es con los Asalta-parabrisas. Si toca alto
en un semáforo, estos guerreros urbanos brincan sobre el
auto y a toda velocidad se ponen a limpiar el vidrio. Si el "asalto"
es efectivo, por más que el conductor repele, reniegue, o
patalee, el parabrisas queda limpio.
Y el conductor
suspira. Busca monedas en el cenicero, le pide monedas al copiloto.
Buscas cambio en el bolsillo. Hay una noción de darles algo
a cambio.
También
existen las Asalta-egos. Un hombre de 35 años lo confiesa:
"yo no puedo decirle que no a una vendedora guapa, la desgraciada
me vende lo que quiere. Si me está vendiendo un traje y me
toca los hombros como reafirmando que la talla me queda, se lo compro.
Si me están vendiendo camisas, y me dice que me veo bien
en una de ellas, se la compro. No sé que tengo pero siento
que me dominan".
La reciprocidad
otra vez. Pero con otro toque.
Este hombre
es soltero y todavía anda en busca de la mujer perfecta y
es sumamente susceptible a vendedoras guapas y jóvenes; es
clientazo.
El beneficio
de la vendedora es vender, ganar su comisión y explayar un
cierto grado de control sobre un pobre tipo hambriento de reconocimiento
del sexo opuesto. En un ambiente seguro y aceptado, la mujer coquetea
ligeramente, lo chulea, lo roza, wow, te queda tan bien. (si lo
tutean, mejor). Ah, si a esta vendedora se le ocurre, para amarrar,
llamar a otra joven y guapa vendedora para ver qué piensa
ella, pues ya son dos, y doble presión, y doble venta.
Un vendedor
de zapatos que te saca 22 pares en diferentes tallas con extrema
amabilidad y entusiasmo... ¿te sentirías cómodo
diciéndole, bye, gracias? ¿Si no compras nada esa
vez, te molestarías en preguntar por él otra vez?
Adular a alguien,
tener cumplidos con la persona, regalos, atenciones; todas pueden
ser formas de lograr que la gente haga lo que queremos. Y para esto
conviene distinguir por lo menos cuatro diferentes tipos de reciprocidades.
1.- El instinto
de la supervivencia.- Desde hace miles de años los humanos
empezaron a colaborar para subsistir. Pero esto no es característico
exclusivamente de los humanos. Los cuervos, por ejemplo, saben mucho
de esto.
En una investigación
científica, se observó cómo un cuervo solitario
no comió absolutamente nada del manjar que descubrió
en una granja semiabandonada, repleta de granos, y mazorcas. Los
científicos no podían explicar que el cuervo se hubiera
ido sin tocar nada, hasta que dos días después, se
emocionaron cuando vieron llegar a toda la comunidad de cuervos
para devorar y compartir el festín.
¿Un cuervo
decente? Más bien un cuervo con un buen instinto. Si todos
los cuervos hacen lo mismo, sus posibilidades de supervivencia y
la generación de la especie crece. Es como tener centinelas
en busca de alimentos para el grupo. Hasta parecen más civilizados
que los humanos.
2.- El aprecio
y el respeto mutuo.- En relaciones sentimentales, entre más
da uno, más compromiso adquiere el otro. Por la naturaleza
romántica del ejemplo, puede ser controversial llamarles
Asalta-corazones; pero adelante con el ejemplo.
Anillo "de compromiso"
lo dice todo. Un brillante gancha. Aunque esta dinámica empieza
desde los famosos anillos de promesa.
En este caso
hay un auténtico interés, incluso amor por la persona;
pero hay quien discute que finalmente se ama a quien más
nos da, o a quién mejor reciprocidad le proporciona a nuestros
esfuerzos. El tema del amor es muy complicado, ahí la dejamos.
3- El interés
comercial.- Las promociones en los supermercados y las edecanes
que reparten muestras gratis son otro ejemplo: Si mi señora,
todos mis hijos -supóngase familia numerosa- y yo comemos
un pedazo de queso cada quién, ¿cómo le digo
a la demostradora que no?
4- Manipulación.
Los padres pueden decir "después de todo lo que hago
por ti, más te vale que hagas esto"; los hombres pueden prometer
amor a las mujeres para obtener sexo; las mujeres pueden prometer
amor a cambio de posición y dinero; y en el peor de los casos,
los criminales pueden ofrecer paletas a los niños.
En cualquier
caso y en sus diferentes modalidades, no conviene perder de vista
la Ley de la Reciprocidad. Es una dimensión tan humana, que
a veces se puede subestimar la importancia que juega en la dinámica
de las interacciones sociales, profesionales y familiares.
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