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Si
bien en la actualidad y con los avances en la información
todos o casi todos han escuchado hablar de ella, muy pocos
han sido los que la han incorporado en su real magnitud y
potencialidad para obtener éxitos progresivos en la
gestión de la Calidad.
Tal
como sucedió con los cambios que debían ejecutar
algunas empresas cuando comenzaron a reemplazar la vieja estructura
piramidal por la horizontal y flexible que hoy utilizan -
hechos que seguramente recuerdan con una sonrisa -, este nuevo
cambio o giro dentro de las organizaciones va a implicar una
mayor y mejor calidad de flexibilidad. También, pese
a sus beneficios, creará algunos sobresaltos en la
empresa, particularmente hasta que se sistematicen los canales
de participación.
Previo
a comenzar con el análisis de los pasos que podrían
instrumentarse, o deberíamos decir, para poder crear
las condiciones propicias para desarrollar estas cualidades,
es imprescindible trabajar, primero, el concepto de creatividad
e innovación.
La
diferencia más evidente radica en su implementación;
la creatividad es, en sí misma, la expresión
del personal (conocedor de cada tarea) desde una perspectiva
que se combina con el estímulo externo para generar
ideas y soluciones. La innovación vendría a
ser el beneficiario de la creatividad, ya que emplea las ideas
mas importantes para crear nuevos productos; modificar las
costumbres o canales de negocios habituales haciéndolos
más efectivas y provechosas; diseñar nuevos
servicios al cliente tanto interno como externo; y todas aquellas
actividades de la empresa que, en función de la Calidad,
puedan modificarse en positivo. En síntesis, es un
importante engranaje del motor que pone y mantiene en funcionamiento
la mejora continua de los procesos de producción, sean
ellos de manufactura o de servicios.
Dicho
de otra manera, y sin que suene redundante para los lectores,
la innovación sería aplicar la creatividad y
la creatividad sería la llave o el empuje que colabora
en descubrir y delegar las libertades para que la innovación
se concrete. Por eso resulta de suma importancia la forma
en que se participa y se delega, con todo lo que estas dos
actitudes significan.
La
creatividad involucra
la visión de las personas y atrapa nuevas ideas, conceptos
y procesos como una alternativa para actuar en resolver e
identificar problemas y oportunidades.
La
innovación
es el proceso de identificar un recurso existente en nuestras
organizaciones y, a través del conocimiento, potenciarlo
a un nuevo y más trascendente nivel de valoración
y utilidad para el cliente. La creatividad es un proceso inventivo
y la innovación una práctica gestionaria o gerencial.
Estas
cualidades no son recursos que puedan trabajarse en forma
particular, no constituyen una disciplina; sino que es necesario,
como les dijera al principio, crear las condiciones para su
desarrollo, lo cual sí requiere disciplina.
El
empleado - no importa su jerarquía - que se siente
involucrado con la política institucional de la organización
y que sabe que tiene el espacio para crear y sugerir mejoras
irá enriqueciendo con sus ideas las posibilidades de
crecimiento. Además, desde su experiencia, es conocedor
y hasta experto en la tarea de la cual es responsable. De
hecho, la categoría expertise
existe, en algunas organizaciones, como un escalón
más del escalafón. Ésta es una manera
de reconocer, jerarquizar y validar que está íntimamente
vinculada con los niveles de satisfacción personales
y, como tal, funciona absolutamente a favor de los procesos
de optimización.
Toda
demostración de autoridad o de sometimiento hará
que aquellos creativos, elementales para el desarrollo de
la organización, no sólo pierdan su estímulo
(condición fundamental), sino que, incluso, se vayan
de nuestra empresa. Las actitudes creaticidas pueden llegar a ser nefastas para la prospección
de una organización.
Por
eso, la creatividad está íntimamente relacionada
con el liderazgo y sus estilos. Su implementación obliga
a evaluar permanentemente las condiciones usuales y encontrar
diferentes caminos para obtener mejores y nuevos resultados.
Las
empresas líderes del mañana serán aquellas
que puedan predecir o adelantarse al deseo de los clientes
y empleados, aceptando e introduciendo en su campo todas aquellas
experiencias no tradicionales o convencionales, en esa búsqueda
lógica y continua por la mejora constante.
Implantar
un clima de trabajo creativo encierra la habilidad de utilizar
el conocimiento como un capital. Los líderes actuales
son conscientes de cuán negativo resulta sojuzgar y
controlar el capital humano como hicieran en el pasado y deben
adoptar nuevos métodos - no rutinarios - para lograr
que ese conocimiento trabaje a favor de sus empresas. Uno
de los roles de los líderes, entonces, radicará
en adecuar o transformar la creatividad en una disciplina
que colabore en el desarrollo de variedad de posibilidades
que permitan seleccionar la alternativa más adecuada
a su gestión.
La
creatividad en el liderazgo inspira y provee ayuda, y construye
una visión que abre nuevas posibilidades.
El
líder creativo es aquél que sabe absorber los
conocimientos, opiniones, sugerencias y experiencias, incluso
externas, para unirlas, amalgamarlas y terminar creando un
mix que genera un crecimiento
nuevo en su organización; crecimiento que, además,
es sentido por los demás como "propio", ya
que es producto de la genuina complementariedad.
Las
herramientas para establecer la creatividad y la innovación
deben ser simples, pero relevantes y accesibles a todos. Deben
construirse dentro de la estructura como una práctica
diaria de la gestión organizacional. La gerencia debe
adoptar esas herramientas para que colaboren en los resultados
económicos en un entorno guiado por el conocimiento
y la clara distribución de roles.
En
consecuencia es imprescindible tener claros algunos conceptos
que ayudarán a implantarla de manera permanente en
esta nueva estructura de la empresa:
- Hacer
benchmarking,
estudiar permanentemente, analizar y comprender los pasos
y acciones que desarrollan en otras empresas los equipos
creativos, aún en aquellas que no estén en
nuestro área, nos habilitará para adaptar
metodologías de trabajo innovadoras.
- Mantener
la postura de que sabemos que se deben correr riesgos, por
lo que estamos en la obligación de seleccionarlos
inteligentemente para determinar cuáles afrontar.
- Reconocer
y seleccionar el nivel de compromiso, de creatividad e innovación,
que no deberá ser demasiado bajo pero, tampoco excesivamente
pretencioso.
- Brindar
soporte y promoción al grupo o equipo creativo. Éste
es uno de los factores a no descuidar.
Somos
fruto del estímulo.
- No
silenciar nuestra valoración con respecto a la creatividad
y la innovación y estar preparados para dar soporte
y confianza al próximo gran proyecto que seguramente
se cruzará en nuestro camino.
Si
tenemos en cuenta que la creatividad está vinculada
con las potencialidades del individuo y que para desarrollarla
es fundamental la calidad del líder, sus actitudes,
su carisma, el cambio de paradigma, aunque al principio genere
resistencias, terminará siendo una puerta abierta a
las ideas y a las prácticas positivas.
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