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Transformar
la empresa desde nuestra gente
“Comprendimos
que nuestro principal activo era nuestra fuerza laboral y que nuestro
crecimiento se debía a la valorización del activo”
Larry
Colin, EDS
Todo
empresario que piense en su fuerza laboral como el principal activo
de su empresa cuenta con enormes probabilidades de tener el éxito
asegurado en su organización.
En la última década las mejores empresas han reconocido
que tanto ellas como sus empleados salen ganando cuando estos últimos
tienen la oportunidad de aprender.
La organización adquiere trabajadores mejor capacitados,
de talentos variados, flexibles en sus asignaciones y con la virtud
de analizar cada problema con una amplitud que le permitirá
conseguir una solución más rápida. Ellos adquieren
nuevas destrezas, aprenden diferentes maneras de ver una misma situación
y tienen una relación más cercana y fluida con sus
compañeros de trabajo relacionándose de otra manera.
El hecho de salir de la rutina diaria y de aumentar el valor agregado
de uno mismo es motivante de por sí y cuando además
se ofrece la oportunidad de aprender y superarse dentro de la propia
empresa esto anima a los recursos hu- manos, que de otra manera
se estanca- rían.
El mundo de hoy es demasiado complejo como para que un director
tome cuenta de todo lo que hace falta y únicamente imponga
sus opiniones y pareceres al resto de la organización. Es
por eso que aumentando el valor de nuestra gente podremos no sólo
direccionar a la empresa hacia un punto común, sino aumentar
el valor de lo producido y proporcionalmente la rentabilidad, ya
que la empresa se convierte en una organización pensante
que de por sí aumenta su valor de mercado.
Años atrás, el valor de una empresa pasaba únicamente
por su facturación y sus activos fijos, hoy hay que sumar
a estas variables el capital humano que en las nuevas organizaciones
representa más de un 70% de su valor.
Peter Senge en su libro: La Quinta Disciplina, catalogado como
el mejor libro de Management del siglo destaca cuales son las cinco
disciplinas que practican las nuevas “Empresas Inteligentes”, orienta-
das al aprendizaje continuo.
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El Pensamiento Sistémico.
Nos ayuda a encontrar pautas y a fortalecerlas. Generalmente
solemos centrarnos en partes aisladas del sistema (debemos pensar
a la empresa como un sistema) y luego nos asombramos de que nuestros
esfuerzos fracasen ya sea en la resolución de problemas o
en el mantenimiento del éxito.
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El Dominio Personal.
Lleva aparejado un alto nivel de efi- ciencia y quienes son
eficientes pueden lograr los resultados deseados en forma consistente.
En la búsqueda del dominio personal debemos esclarecer y
profundizar nuestra visión, centralizar la energía,
desarrollar la paciencia y en general, encarar la vida con alegría
y positivismo.
- Los
Modelos Mentales.
Comprendemos el mundo y actuamos en él según nociones
y supuestos que pueden estar implantados en lo pro- fundo de nuestra
mente. Podemos no ser concientes del efecto que estos modelos ejercen
en nuestra percepción y conducta, sin embargo pueden llevarnos
hacia adelante o retenernos inútilmente en el mismo lugar.
-
La Visión Compartida.
Ninguna empresa crece si carece de una misión, de objetivos
y valores que se compartan con todo el personal. La definición
de visión o el carisma de un líder no son suficientes.
Una visión auténtica desarrolla la excelencia y el
aprendizaje sólo cuando gente de la empresa quiere realmente
lograr esos objetivos.
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El Aprendizaje en Equipo.
Es frecuente que equipos formados por individuos con un Coeficiente
Intelectual mayor que 120, tengan un Coeficiente Intelectual colectivo
de dos dígitos. ¿Por qué? Porque no han aprendido
a trabajar juntos. El verdadero aprendizaje comienza con el diálogo,
cuando los miembros del equipo suspenden las suposiciones y piensan
juntos para resolver los problemas o planificar el futuro.
Tal vez si quisiéramos resumir parte del espíritu
de estas cinco disciplinas diríamos que: la capacidad
de aprender más rápidamente que los competidores puede
ser nuestra única ventaja competitiva.
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