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USA:
Un país de locos
No voy a descubrir
nada nuevo si afirmo que EE UU marca la pauta en casi todo, desde
las tendencias tecnológicas a los hábitos alimentarios
(¡malditas hamburguesas!), y desde el irresistible empuje
del idioma inglés, que se nos cuela por cualquier rendija,
hasta la inevitable costumbre de vestir pantalones vaqueros (perdón,
quería decir "blue jeans").
Y eso es, precisamente, lo que me preocupa: el contagio. Porque
como buen latino, me resisto a admitir que todo lo que viene de
USA es bueno por definición. ¿Que tienen cosas buenas?
Sin duda. Pero también cultivan mucha basura impresentable.
Quizás porque es un país muy grande hay mucho de todo,
de lo bueno y de lo malo. Y tal vez por ser un país tan grande,
lo bueno es buenísimo, y lo malo es espantoso.
Todo esto viene
a cuento de dos noticias que he leído esta semana y que me
han puesto de punta los pocos pelos que me van quedando.
La primera hace referencia a la nueva enfermedad que ha tomado carta
de naturaleza en Norteamérica: la adicción a la red.
Era inevitable, no hay estadounidense que se precie que no haya
puesto un psiquiatra o psicólogo en su vida. Sin su consulta
semanal donde descargar sus neuras, un norteamericano no es nadie.
Y después de haber puesto de moda la "adicción al
plástico" (a las tarjetas de crédito o compras compulsivas),
al trabajo (con esa palabra tan pintoresca que es "workoholic")
y a tantas otras cosas, ahora llega la moda de los adictos a la
red.
Tengo que reconocer
que cuando leí la noticia me preocupé. Porque si yo
me pasó no menos de cuatro o cinco horas diarias enganchado
a la red, ¿acaso soy un adicto y no me he enterado? Pero
no, después de leer la noticia con detenimiento llegué
a la conclusión de que no soy un adicto sino un currante
que trabaja como un enano. Porque los adictos a la red en EE UU
están, básicamente, enganchados a las charlas on-line.
O sea, algo así como mi mujer, que se pasa el día
hablando por teléfono con sus amigas.
Lo más
pintoresco de la historia es que descubierto el problema descubierto
el negocio. Ya han empezado a proliferar las clínicas de
desintoxicación para los adictos al chat. Lo increíble
es que los tratamientos para curar a los adictos ¡se imparten
por la red! Vamos, como si las charlas de Alcohólicos Anónimos
se celebrasen en un bar. ¡De locos! Pero no acaban ahí
las sorpresas de la semana en lo que se refiere a las noticias que
llegan de los Estados Unidos. Porque si alguien pensaba que no era
posible ser a la vez un próspero millonario y un pobre "sin
techo" se equivocaba. ¡Los americanos lo han conseguido! Esta
compleja cuadratura del círculo ha tenido lugar nada menos
que en Silicon Valley, el lugar del mundo donde hay más millonarios
por kilómetro cuadrado. Allí, en esa pequeña
bahía al sur de San Francisco donde viven nada menos que
80.000 millonarios, los empleados de las puntocom que ganan salarios
del orden de 50.000 dólares anuales (entre 9 y 10 millones
de pesetas) no tienen ni para alquilar un modesto piso de dos habitaciones.
Y es que un pequeño apartamento en alquiler en San José
o en Palo Alto cuesta 1.500 dólares al mes (cerca de 300.000
pesetas), y para firmar el contrato hay que hacer un depósito
de tres meses. Así que ahí tienen a los mimados empleados
de las puntocom, ganando sueldos millonarios y teniendo que vivir
hacinados en pequeños apartamentos y compartiendo dormitorios
como si fueran estudiantes.
Problemas y
más problemas para los que se iban a comer el mundo y ahora
se encuentran viviendo en pésimas condiciones, con graves
problemas de suministro de energía eléctrica y con
un alarmante deterioro medioambiental.
Pero eso no es lo más grave. Lo peor llegará el 16
de abril, una fecha fatídica para todos los empleados de
las puntocom que soñaban con hacerse millonarios. Porque
esa es la fecha límite para entregar la declaración
de la renta, y la obligación de pagar impuestos por las "stock
options" que tienen en su poder, y que a la cotización actual
de las bolsas no valen ni el papel en que están impresas,
hará que muchos de ellos se declaren en quiebra, pierdan
todas sus propiedades y, aun así, le adeuden al Fisco millones
de dólares. Una situación esperpéntica, si
no fuera tan terrible.
La conclusión
es que este año se producirá un éxodo de más
de medio millón de personas del que en un tiempo fuera "Eldorado"
de las Nuevas Tecnologías.
Y lo peor de
todo es que a quienes abandonan arruinados Silicon Valley no les
va a quedar dinero ni para un psicólogo de medio pelo que
les cure sus neuras.
Lo dicho, un
país de locos.
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