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Pasen
por caja, por favor
Se acaban los
tiempos en que todo lo que existe en la Red debe ser gratis. Y de
nada valdrá que salgan los nostálgicos añorando
aquel espíritu que animaba los primeros tiempos en que Internet
era una herramienta apenas conocida en los círculos universitarios,
con unas rudimentarias páginas de texto, sin imágenes
ni animaciones, pero con todo el sabor de lo nuevo por explorar,
y con ese regusto de los pioneros que hacían camino al andar.
Pero de aquella incipiente World Wide Web a la que hoy conocemos
hay un largo trecho. Tal vez no en tiempo, pero sí en planteamientos
y finalidades. Porque hoy día ya no se trata de intercambiar
conocimientos por un mero afán altruista de comunicación
entre colegas académicos. Internet se ha convertido en un
mercado donde todos, o al menos la inmensa mayoría de los
que entran en ella, pretenden hacer negocios y ganar dinero. Y si
de eso se trata, es absurdo pensar que se puede seguir invirtiendo
dinero en crear empresas para prestar servicios y generar contenidos
con la única finalidad de ofrecerlos gratis.
Y los primeros
que se han dado cuenta de ello han sido los buscadores, absolutamente
colapsados por peticiones de nuevos sitios web que quieren incorporarse
a sus listados, obviamente sin pagar nada por ello, en tanto que
los que utilizan sus servicios de búsqueda exigen que los
resultados sean manejables y cada vez más refinados, es decir,
piden un mejor servicio, aunque tampoco estén pagando por
él. Y la pregunta es de perogrullo: ¿Quién
paga los costes de ese servicio si ni los unos ni los otros lo hacen?
Hasta ahora
todo parecía basarse en una especie de bálsamo milagroso
que curaba todas las heridas (léase, pérdidas), llamado
"publicidad". Pero el tiempo, que se obstina en quitarle la razón
a las previsiones de los planes de negocio, ha demostrado que la
tarta publicitaria no da para tanto comensal.
A la vista están
los desastrosos resultados de tantos sitios web que plantearon su
negocio sobre la base de generar una elevada tasa de tráfico
para así atraer publicidad y poder vivir de esos ingresos,
para terminar derrumbándose como castillos de naipes en cuanto
empezó a soplar una ligera brisa de desconfianza en las Bolsas.
Y si no se puede
vivir de la publicidad, ¿cómo sobrevivir? Pues, para
bien o para mal, no hay más que una respuesta. El que quiera
servicios que los pague, y el que quiera contenidos, también.
Porque si dar servicios es caro, crear contenidos de calidad lo
es mucho más. Y eso lo sabemos bien los que estamos en este
negocio. Yo me pregunto, ¿por qué tengo que pagar
por leer un periódico impreso en papel y, en cambio, es gratis
cuando lo leo en la pantalla de mi ordenador? ¿Acaso lo único
que cuesta de elaborar un periódico es el papel? ¿Es
que el equipo humano que confecciona esa publicación no cobra
por su trabajo? ¿Y los equipos y las instalaciones han caído
del cielo? ¿O tal vez la empresa editora es una entidad benéfica
dispuesta a derrochar sus inagotables fondos en fomentar la cultura?
¡Seamos serios, por favor!
Uno de los primeros
en dar el pistoletazo de salida en esta nueva etapa a la que se
encaminan todos los grandes buscadores ha sido Yahoo!, que aunque
sigue manteniendo su servicio gratuito para ciertas categorías,
como medios de comunicación, entretenimiento y páginas
personales, los sitios web incluidos en las categorías de
Business to Business, Tiendas y Servicios, es decir, todos aquellos
que realicen transacciones comerciales, a partir de ahora deberán
pagar 199 dólares (unas 40.000 pesetas) por aparecer en sus
lístados.
Sin duda, esta
medida tendrá dos efectos, uno interno (Yahoo mejorará
sus ingresos, lo que redundará en un mejor servicio a sus
clientes) y otro externo (los internautas accederán a listados
más manejables en donde será más fácil
encontrar lo que se busca, y los sitios verán potenciada
su relevancia en listados exclusivos de profesionales). En definitiva,
todos ganan. Y en esta misma línea nos vamos a encontrar
a muy corto plazo con sitios tradicionalmente gratuitos como Napster,
y con la gran mayoría de los portales temáticos, que
ya están preparando su estrategia de cobro por acceder a
contenidos, bien sea de forma puntual (cobro por descargas) o estable
(suscripciones por periodos de tiempo sin límites de acceso).
Así que, amigos, no hay otra opción que empezar a
pasar por caja si queremos algo de calidad.
Es seguro que
este nuevo planteamiento hará que muchos internautas dejen
de visitar esos sitios para acceder a sus contenidos y usar sus
servicios que hasta ahora utilizaban gratuitamente, aunque... ¿para
qué necesitamos a esos "visitantes vampiro" que sólo
vienen a ver qué puedan "chupar" de nuestros sitios web sin
darnos nada a cambio?
Personalmente,
llevo mucho tiempo defendiendo la idea de que antes o después
Internet se romperá en dos, una red profesional donde se
podrá comprar y vender, hacer negocios, usar servicios de
calidad (y, por supuesto, de pago), o acceder a contenidos profesionales
de gran utilidad (pagando, claro está), y donde todos los
que participen dispondrán de sus correspondientes certificados
digitales para garantizar su identidad y la fiabilidad de sus transacciones
electrónicas (sí, estoy hablando del protocolo SET).
Es decir, un gran mercado virtual donde habrá que entrar
con la tarjeta de crédito en la mano. Y otra Internet para
aficionados, llena de páginas personales del club de fans
de las Spice Girls o de los amantes de la foca monje, y de sitios
web donde los jóvenes hablen de sus cosas en los chats y
se intercambien lo que les dé la gana (virus incluidos) sin
mezclarse ni incordiar a los profesionales que están trabajando.
La suerte parece
estar echada, y aunque algunos todavía se muestran reticentes
a aceptar estos nuevos planteamientos, creo que la mayoría
de los que trabajamos en Internet estamos de acuerdo en que éste
es un camino sin retorno.
El tiempo dirá
quién tiene la razón.
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