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Servicios,
contenidos, tecnologías, entornos de mediación y oportunidades
en el comercio electrónico
2001 ha sido un año de profundos
cambios en el comercio electrónico y en el márketing.
2002 se abre con tendencias más o menos claras hacia una
migración a sistemas de pago por servicios y contenidos que,
antes, eran gratuitos. A ello se une que las empresas no están
poniendo en marcha nuevas iniciativas en internet sin tener claro,
previamente, cómo y cuándo van a alcanzar con ellas
un determinado nivel de rentabilidad. Mientras que, en una estrategia
multicanal, unos productos se consolidan como idóneos para
la venta online, otros no han tenido la respuesta esperada. Las
características del producto "vendible" online cambian según
los distintos mercados, pero lo que parece ser un elemento común
a todos es que, con las nuevas tecnologías y con una mentalidad
con respecto al pago de lo "online" que comienza a cambiar, tanto
entre empresas como usuarios, el papel de los contenidos y los servicios
como antesala al producto, o como fuente misma del negocio, será
cada vez más relevante.
Ello no quiere decir, no obstante, que las empresas que operan online
vayan a terminar obteniendo el grueso de sus réditos a partir
de contenidos y servicios, ni siquiera en un escenario en el que
la tendencia general sea la de pagar por ellos. Habrá que
ir más allá, y hablar de entornos de trabajo o
de mediación para los usuarios, en los que el producto,
el servicio, las herramientas de pago y el contenido de un site
supongan un todo integrado que genere un valor por el que el usuario,
entonces sí, esté dispuesto a pagar.
El que ello sea así va a depender, también, en gran
medida, de la capacidad de las empresas para adaptarse y responder
a la situación cambiante de sus usuarios tipo. Un ejemplo
claro y cercano es el de la evolución de los servicios de
acceso a internet gratuitos en distintos países a lo largo
del último año. En Argentina, por ejemplo, lejos de
disminuir, la crisis económica ha visto un reflorecer de
este tipo de acceso a la red. Muchos clientes de servicios de suscripción
de pago se han visto en la obligación de darse de baja por
la mala situación económica, reduciendo también
su consumo doméstico de internet.
A cambio, el papel de los sitios públicos de conexión,
con sus bonos horarios y calidad de banda ancha, así como
el de los servicios de correo electrónico basado en la web,
sin costes, que permiten un mayor control del gasto, han conocido
un auge importante a partir del verano de 2001. Tomando el relevo
de los usuarios que se quedan "descolgados" de los ISP de pago,
surgen otros que ofrecen el servicio gratuito y que combinan el
acceso web con servicios de comercio electrónico, cupones
promocionales para comprar en tiendas presenciales cercanas a la
localidad donde residen los internautas, y otras políticas
agresivas de captación de clientes.
En España, en cambio, la tendencia está siendo la
contraria. Los ISP gratuitos siguen siendo populares, pero la calidad
de los servicios que ofertan dista ya mucho de la que se puede conseguir
con un ISP de pago. Hay, además, un factor determinante:
el "boom" de las conexiones ADSL y la carrera de los distintos portales,
ISPs y teleoperadoras por ofrecer la conexión con más
ventajas, con más servicios complementarios y, dentro del
estrecho margen que deja un mercado excesivamente regulado, con
el menor precio. Para finales de este año más de un
millón de españoles disfrutarán, gracias al
ADSL, de la banda ancha en internet, por el mismo precio que puede
costar una comida familiar en un restaurante popular, esto es, entre
40 y 50 euros.
Los ISP gratuitos y aquellos portales que continúan ofreciendo
servicios de correo electrónico sin costes, ahora comienzan
a cobrar por las nuevas prestaciones que van añadiendo: más
espacio de almacenamiento, más espacio para las páginas
web... y, en general, despliegan agresivas campañas promocionales
con el fin de hacer que sus usuarios gratuitos pasen a ser de pago,
atrayéndoles con la oferta de poder entrar ahora más
barato que nunca al mundo de los servicios de pago, con el mensaje
soterrado de que la gratuidad de la que disfrutan está pronta
a llegar a su fin.
En México, según la consultora Select
IDC México, "una de las principales razones del bajo
nivel de tecnificación es que en muchas ocasiones los proveedores
no se adaptan a la situación y a las necesidades de los usuarios".
Sin embargo, la consultora señala que "en el caso particular
del acceso a Internet, la situación parece revertirse poco
a poco: desde el año pasado distintos proveedores de acceso
a Internet ofrecen servicios más adecuados para la demanda
nacional. Un ejemplo claro es el esquema de prepago".
En México, como en España, aunque quizás a
un ritmo más acelerado, los ISPs gratuitos están dando
paso aceleradamente a toda una serie de servicios de pago. Esto,
impuesto por las cirunstancias económicas de las empresas,
ha supuesto para muchos usuarios mexicanos una dificultad añadida
para conectarse a la red, ya que grandes sectores de la población
disfrutaban de los beneficios de la red gratis.
Pero este tipo de servicio no generó los niveles de ingreso
necesarios para convertirse en un negocio rentable. De modo que,
"para no desatender al segmento del mercado que se beneficiaba
por el uso del Internet gratuito, y sobre todo para generar una
mayor ganancia, algunos proveedores lanzaron esquemas de prepago
similares a los usados en el mercado de telefonía celular.
De esta manera aquellos usuarios cuyos hábitos de navegación
no son intensos tienen la posibilidad de contar con servicios de
acceso a Internet a precios bajos", según señala
la consultora.
De los 3 millones de internautas mexicanos, según Select-IDC
el 38% (más de 1.300.000) son usuarios domésticos,
que se conectan desde sus hogares. Estos internautas eran los principales
"clientes" de los sistemas gratuitos y son ahora también
el grueso de usuarios de los servicios de pre-pago.
Ahora bien, lejos de suponer una alteración o una inversión
en el ritmo de crecimiento de internautas domésticos, el
paso a los servicios de pre-pago, donde el usuario tiene un control
bastante sólido de lo que gasta navegando por la WWW, no
ha alterado significativamente la espectativa de crecimiento de
este colectivo, en un 30% anual, que lo llevaría hasta los
más de 3 millones en 2005, llegando a suponer entonces ya
más de la mitad de los internautas mexicanos.
Select-IDC señala que "el futuro de este tipo de iniciativas
luce prometedor sobre todo por estar dirigido a un mercado masivo
y que difícilmente tendría la posibilidad de contar
con estos servicios en esquemas de pago mensual". La consultora
también pone como ejemplo de la evolución hacia el
pago al sector empresarial mexicano que " representa para los
proveedores de servicio de acceso a Internet un reto importante,
pues es uno de los que tendrán crecimientos más moderados
durante los próximos años; en consecuencia, ha sido
necesario desarrollar servicios alternos alrededor del acceso, tanto
para satisfacer otras necesidades como para no peder presencia en
el mercado".
"El tópico toma fuerza en un momento en el cual es fundamental
ahorrar costos sin descuidar la seguridad, sobre todo después
de los acontecimientos del 11 de septiembre. En este sentido, los
proveedores de servicios se encuentran desarrollando sistemas con
mayor protección y alianzas entre diversos tipos de negocio
para garantizar a los usuarios la seguridad de los datos y las transacciones
que se realizan en línea. Sin duda, todos estos esfuerzos
serán apreciados por los usuarios de Internet en México,
un mercado sensible al precio y con necesidades particulares en
cada segmento, añade la consultora".
De modo que la migración hacia el pago por lo que era gratuito
en internet no es imposible, aunque el coste, el esfuerzo más
bien, para las empresas proveedoras de servicios online, es importante.
Llegados a este punto, cabe preguntarse que si la mejora en los
servicios (y en contenidos) y su adecuación a las necesidades
de los clientes puede permitir pasar de un modelo gratuito a uno
de pago o, como en el caso argentino, abrir oportunidades para el
resurgimiento de ISPs gratuitos, hábilmente entrelazados
en otras rutinas de rentabilidad (que sí son de pago, como
el comercio electrónico basado en productos manufacturados,
o la venta de publicidad online), sin que se produzca un cataclismo
o una huida en espaviento de los internautas, no permitirán,
también, mejorando los entornos de trabajo y de mediación
de los internautas en las webs comerciales, mejorar las ventas de
productos o servicios que no tengan que ver estrictamente con el
acceso y el disfrute a internet.
Atendiendo a uno de los casos más sonados de éxito
en el comercio electrónico en España, la tienda de
deportes de montaña Barrabès.com,
la respuesta, con todas las cautelas que se quiera, parece ser que
sí. Barrabès creó, antes que la tienda virtual, una
comunidad virtual que empezó como una afición por
el deporte y los materiales deportivos de sus propietarios, y que
encontró en la red el mejor medio para plasmar esa pasión
compartida con sus clientes. Así, antes que la tienda virtual,
vino la comunidad, el entorno de trabajo cotidiano de los clientes
y de los que no eran, entonces, clientes, pero sí compartían
gustos, intereses y afinidades con los que sí lo eran y con
la propia empresa.
El salto desde la comunidad como lugar de encuentro y de trabajo,
donde no se hablaba de los productos como tales, sino de lo que
se podría hacer con ellos, de los deportes de montaña,
de hazañas, historias y aventuras, al espacio comercial que
vino después, fue un proceso natural guiado por las propias
necesidades de los clientes.
Barrabès.com siempre fue rentable, al igual que la tienda presencial
situada en el pirineo aragonés de la que surgió todo,
y ha sobrevivido al boom y al crash de las punto.com. La tienda,
como bien dicen sus responsables siempre que salen en una conferencia
a hablar de su experiencia, ha crecido hacia adentro, no hacia afuera.
Lógicamente, la mayor demanda y el mayor volumen de ventas
ha traído consigo la necesidad de dar una respuesta logística
en consonancia, pero Barrabès no es una multinacional, ni nunca
participó en la alocada carrera de la economía financiera.
Basta con visitar su web-site para percibir la diferencia entre
este espacio comercial que sigue siendo, antes que nada, una comunidad,
y la mayoría de las tiendas virtuales al uso.
Barrabès.com, curiosamente, es una de las iniciativas de comercio
electrónico más antiguas dentro del panorama español,
y quizás siga estando, en muchos aspectos, por delante todavía
de lo que se estila.
Quien habla de modelos distintos en lo referente al planteamiento
del papel de los servicios y los contenidos, también habla
de modelos distintos en cuanto al planteamiento del márketing.
Nuevamente, el cambio de tendencia aflora, y la rentabilidad, el
retorno en cada campaña, es ahora la medida básica
para los anunciantes a la hora de decidirse a invertir en publicidad.
La visión comunitaria del espacio en el que se produce el
intercambio, el reforzado papel de los servicios y de los contenidos,
no sólo como fuente de ingresos en sí mismos, como
hemos visto en el caso de los ISPs, sino como punto de apoyo para
la comercialización de un producto acabado y tangible, como
es el caso de Barrabès.com o de Amazon,
también abre nuevos caminos para las acciones de márketing.
Actuar en una comunidad, en sintonía con ella, donde cada
uno de sus miembros es un agente potencial, transmisor poderoso
y generador de confianza en el mensaje propagado, resulta mucho
más eficaz que las campañas masivas y otras acciones
"above the line".
El reto se plantea a nivel de la integración y el entendimiento
entre el anunciante y la agencia, entre el site de soporte y los
creativos, entre la disponibilidad económica y las distintas
alternativas tecnológicas y en que todos estos factores se
sintetizen en un lenguaje que sea amigable y útil para los
usuarios.
Porque el papel de la publicidad online, para que siga siendo eficaz,
al igual que ocurre con contenidos y servicios, será cada
vez más el de una herramienta que el usuario pueda recoger,
utilizar y devolver, incluso con unas cuantas preguntas que, espera,
le sean respondidas.
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