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Anuncios
de gran superficie, intertextuales y 'poppies'
¿cuál es más eficaz?
A lo largo de
este año, según se agudizaba la crisis de los ingresos
publicitarios, los creativos, los gestores de los portales y sites
de soporte, así como los organismos encargados de proponer
los estándares publicitarios, se han afanado en desarrollar
nuevas herramientas que hiciesen más atractivas las inserciones
publicitarias, más rentables y más fácilmente
medibles en cuanto a su eficacia. Entre las novedades que hemos
visto están los banners de nuevos formatos, más grandes,
los anuncios del tipo 'pop up' (conocidos como también 'poppies'),
anuncios intersticiales y anuncios que se intercalan, al modo de
los medios impresos, en recuadros rodeados por el texto que se va
a leer. Cada uno intenta dar una respuesta a una necesidad distinta.
Es conveniente conocer cuándo es más adecuado optar
por una u otra solución.
El corto
reinado de los 'poppies'
De todos estos
cambios, el más evidente, en especial para los internautas,
es la gran proliferación de los anuncios de tipo 'pop up'
durante los últimos meses, en todo tipo de sites, y anunciando
todo tipo de productos, inclusive hasta eventos.
Los 'pop ups'
no son precisamente una novedad. En el mundo de los sites de contenido
erótico son populares desde hace años. Su intención,
en ese contexto, es inundar de información a un usuario ávido
de encontrar algo, pero sin una idea muy precisa del qué.
Realmente, los 'pop ups' en este contexto compiten arduamente entre
sí para ser los primeros que consigan llevar al internauta
a un web site determinado. Así, no es infrecuente que al
entrar en una página de contenido erótico, se abran,
no una, sino varias ventanas de 'pop up' con contenidos publicitarios
y enlaces, todo ello sin ningún control por parte del internauta.
En general,
casi todos los anuncios se corresponden a distintas URLs de una
misma empresa o grupo de empresas, de modo que se trata de tender
una especie de red para 'pescar' a un usuario que navega de modo
más bien compulsivo y que no tiene una idea clara y meditada
de qué es lo que está buscando.
En el marco
de las páginas y sites de contenido erótico esta estrategia
parece funcionar bien, en otros espacios del e-commerce, tal y como
atestigua la experiencia de este año que está por
acabar, no tanto. Además, los usuarios se quejan a los webmasters
y, con el tiempo, desisten de la navegación por los sites
que hacen un uso intrusivo de esta herramienta.
Un estudio de
Jupiter Media Metrix, efectuado a mediados del pasado verano, dejó
claro que los anuncios de tipo 'pop up' no eran más capaces,
a pesar de ser tan llamativos, de captar y dirigir tráfico
hacia los sites promocionados que un simple banner.
De hecho, sólo
en casos muy determinados, cuando se incluyen contenidos multimedia
y cuando lo que se anuncia en el 'poppie' está estrechamente
relacionado con el contenido del site que el internauta está
visitando, éstos son capaces de captar la atención
de un porcentaje algo mayor de usuarios. Y siempre que la ventana
del anuncio no se 'coma' toda la pantalla.
Es precisamente
en la gran capacidad para introducir contenido e imágenes
donde reside la fuerza del 'pop up' con respecto al banner y otros
formatos. También el hecho de que una presentación
en gran tamaño, o en tamaño adaptable si el usuario
decide hacer click, constituye una ventaja importante, ya que permite
captar de un modo más impactante la atención del usuario
durante esos escasos 15 ó 20 segundos que podría llegar
a dedicar a ojear un anuncio que sea de su interés.
En el mencionado
estudio se concluye también que los internautas prefieren
los 'pop up' que se abren discretamente en la esquina superior izquierda
de la pantalla, y que se quedan allí, y que se puedan cerrar
o abrir con un simple click. Mientras que les resultan especialmente
molestos esos pequeños que van haciendo 'scrolling' a lo
largo de uno de los márgenes, de tal modo que nunca dejan
de estar visibles ni se pueden cerrar.
Una última
consideración a tener en cuenta con respecto a los poppies,
es que la consultora norteamericana asegura también, en dicho
estudio, que no sólo el uso y proliferación de 'pop
ups' resulta molesto para los internautas, sino que también
diluyen el peso, la esencia, de la marca. Además, los usuarios
que más afectados se sienten por el uso de 'poppies', según
Jupiter, son también los que se muestran menos dispuestos
a las compras online. Es decir, precisamente el grupo en el que
habría que concentrar los esfuerzos para convencerles de
las bondades del comercio electrónico.
A vueltas
con el banner
En respuesta
a los nuevos desafíos, el viejo y querido 'banner' se reconvierte.
Aumenta de tamaño, cambia de forma y de posición y
así intenta recuperar parte del crédito perdido. Lo
cierto es que el 'banner' sigue siendo el formato publicitario más
utilizado, independientemente de que su eficacia está siendo
siempre puesta en tela de juicio. La realidad es que las tasas de
clickthrough que obtienen los banners son siempre bajas, inferiores
al 1%, salvo en casos excepcionales o en el marco de promociones
de gran impacto.
Pero siguen
ahí y son, después de los motores de búsqueda,
el boca a boca y las firmas en los mensajes de correo electrónico,
el mejor modo que un internauta, en especial, si es poco experimentado,
tiene para ir ampliando su conocimiento de los distintos sites que
pululan por la web. Digamos que cumplen una función social,
que, lamentablemente, no se ha revelado como muy rentable.
Uno de los principales
problemas que se ha puesto en evidencia con el aumento de tamaño
y cambio de ubicación de los banners es el hecho de que los
usuarios no siempre están interesados en leer anuncios muy
extensos cuyo contenido no les interesa. De modo que el espacio
'extra' que dan los banners de gran formato debería rellenarse
cuidadosamente, de tal modo que se pueda aprovechar eso que es la
ventaja de los 'pop ups', transmitir más cantidad de información
por unidad de tiempo de lectura.
Los nuevos banner
de gran formato tienen, no obstante, ventajas importantes con respecto
a los 'poppies'. No se esconden, están a la vista desde el
principio, digamos, que 'no engañan a nadie'. No se esconden
por detrás y aparecen de pronto, cuando cierras la ventana
por la que habías estado navegando. No te inundan la pantalla
con sucesivas ventanas que se abren, y que hasta comienzan a descargar
ficheros en tu disco duro sin que tengas ningún control sobre
ello. Los 'banner' se limitan a estar allí, a respetar la
inteligencia de los usuarios, que son quienes deciden si leerlos
o no. En todo caso, su presencia no supone ninguna molestia para
la navegación, y eso es algo que los internautas agradecen.
Claro es que,
precisamente, esta 'pasividad' de los 'banners' ha sido una de sus
características más criticadas. Pero lo cierto es
que los nuevos formatos de gran superficie, bien aprovechados, pueden
ser más eficaces. Algunas empresas, como IBM están
sabiendo dar una respuesta con 'banners' dinámicos de gran
formato, que no resultan molestos a la vista, pero que consiguen
captar la atención de los usuarios, quizás no sobre
los contenidos del anuncio al completo, pero sí sobre su
presencia, sobre la presencia de la marca.
Los nuevos 'banners'
son grandes, ocupan espacio, y, precisamente por eso, son obvios,
todo el mundo los va a ver. Son publicidad. El usuario decide si
hacer click o no, pero desde luego, no podrá evitar el haberlos
visto.
Los intertextuales
En los últimos
meses han comenzado a proliferar anuncios intercalados en el texto
de los sites de contenidos y noticias. En realidad, se trata de
dos formatos distintos. En uno que suele ser más habitual,
hay un pequeño párrafo publicitario inmediatamente
después del título. Diversos estudios demuestran que
la eficacia de este tipo de anuncios es sólo apreciable para
los nuevos usuarios de un site o para quienes leen por primera vez
el texto que los contiene. Los usuarios habituales ya saben que
están allí y automáticamente saltan hacia el
párrafo siguiente, que es donde comienza el texto que querían
leer.
Sin embargo,
estas inserciones de 'párrafos publicitarios' pueden ser
útiles en sites de contenido técnico o especializado
y siempre que lo que se anuncia tenga una estrecha relación
con el tema que se está leyendo, con el contenido. También
las promociones pueden servirse de este formato, pero siempre, también,
que lo que se promocione, o que el patrocinador, esté en
relación con aquello a lo que el internauta está dedicando
toda su atención en ese momento.
Un segundo formato
busca emular la publicidad que se da en los medios impresos, en
especial en las revistas. Se trata de insertar un espacio, una especie
de banner, que puede combinar elementos de texto e imágenes,
intercalado en el texto del artículo o contenido que se esté
leyendo. De modo que el anuncio queda rodeado y enmarcado en el
texto de lectura. Se trata de emular la forma en la que las publicaciones
escritas organizan el contenido, con inserciones de maquetación
que tratan temas derivados del tema principal, o que son como 'recuadros
explicativos'.
La publicidad
que hace uso de ese sistema en internet puede beneficiarse de esta
ventaja mimética. Además, tiene otros elementos a
su favor: no es molesta, puede contribuir a descargar, con imágenes,
parte de la pesadez de la lectura online y ayudan a que el usuario
pase más tiempo utilizando el site que sirve de soporte.
Si lo que se
ofrece como contenido promocional en el recuadro resulta interesante
o útil al usuario, es bastante probable que éste haga
click, ya que la lectura del artículo, que ya era de su interés,
potenciará aún más su deseo de profundizar
sobre el tema en cuestión.
Las ventajas
de internet
Así,
en general, vemos que los anuncios online, en cierto sentido, se
parecen más a los anuncios impresos que a los de la TV o
la radio. La gente los lee y decide si están o no interesados
en ellos. En la red, pueden optar, además, por hacer click
y tener una experiencia interactiva, algo más difícil
de conseguir con un anuncio en papel. El hecho de que el usuario
responda o no al anuncio está directamente relacionado con
su interés en el tema. En la TV la filosofía es más
semejante a la de los 'poppies'. Se trata de poner frente al espectador
la mayor cantidad de información en el menor tiempo posible,
sin que tenga, a priori, el control de decidir el ritmo de visualización.
La respuesta, en todo caso, sigue condicionada al interés
o la necesidad del usuario.
En la red, los
creativos y anunciantes tienen la posibilidad de afinar sus estrategias
y sus decisiones para acertar con las inserciones publicitarias
y saber en qué sites están las personas que podrían
interesarse por sus contenidos publicitarios. Se puede, entonces,
llamar su atención con anuncios lo suficientemente buenos
y evidentes como para que los miren, sepan que están allí.
El problema es que la tecnología es aún modesta y
conseguir que todos los usuarios que miren un anuncio online lo
'vean' realmente, hagan click o den una respuesta, es todavía
difícil.
Se trata de
una disyuntiva. Mientras más agresivo es un anuncio y una
tecnología de soporte publicitario, más proclives
son los internautas a evitarla y más probable es que la imagen
de marca, no sólo del anunciante, sino también del
site de soporte, se debilite. Sin embargo, es más fácil
captar la atención de los usuarios de este modo. Por otra
parte, tecnologías 'más respetuosas' y modestas, como
el 'banner' o los intertextuales parecen menos eficaces en una campaña
masiva, pero pueden resultar útiles e interesantes a los
usuarios que tengan necesidades específicas. El problema
es que, por su 'discreción' son menos capaces de llamar la
atención.
Como siempre,
se trata de ajustarse a unos objetivos claramente establecidos antes
del desarrollo de la campaña de promoción. Estos objetivos
atañen al producto, a la marca, al tiempo de respuesta y
a la calidad y cantidad de usuarios/prospects/clientes que se pretende
alcanzar. Las opciones son muchas y lo más contraproducente
es dejarse arrastrar por las 'modas'. Hay que tener bien claro hacia
donde se quiere ir.
Puede que una
campaña de banners combinada con otras estrategias sea eficaz
si casa con el interés de los usuarios. Puede que ocurra
lo mismo con los intertextuales. Incluso los 'poppies' pueden ser
útiles si no se abusa de ellos y si se los centra para acciones
específicas, de impacto y de una duración bien medida.
Lo que todos tenemos claro es que estamos en un momento de clara
evolución de los soportes publicitarios y de las herramientas
existentes. Y que, cada vez, se hace más evidente que no
existen soluciones estándar y que una misma campaña
no tiene por qué, necesariamente, estar atada a un único
tipo de formato. El mismo mensaje puede fluir a través de
distintas herramientas, reaccionando activamente a la evolución
de la respuesta de los usuarios.
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