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La
estrategia de marcas, una herramienta para competir
Una estrategia
que incluya marcas complementarias permite a las empresas cubrir
aquellos nichos del mercado a los cuales la marca principal no está,
en principio, destinada, adelantándose así a los movimientos
de posibles competidores. Es también una herramienta para
evitar el 'acortamiento' del mercado que se produce por la tendencia
de las marcas a crecer hacia el espacio de las marcas rivales, y
un mecanismo para proteger y diferenciar, 'desde casa', a la marca
estrella, que, aunque no siempre es la más importante en
cuanto a beneficio económico, sí es la que 'tira'
de la imagen de la empresa e impregna de una determinada filosofía
al resto de productos.
Una de las realidades
más patentes de la vida comercial es que un mismo producto
no puede abarcar todos los nichos ni satisfacer todas las geometrías
de un mercado. Menos aún en una época en la que todo
tiende hacia la especialización y la diversificación,
empezando por el márketing mismo.
De modo que
para posicionarse en un mismo mercado a diferentes niveles, las
empresas necesitan trabajar con productos y marcas también
a distintos niveles. Eso significa aprender a asentar, en primer
lugar, una imagen, una idea de empresa, a través de una marca
'de bandera', en segundo lugar, luchar por posicionar y afirmar
dicha marca frente a la competencia y, por último, desarrollar
estrategias de mercado jugando con el potencial de las marcas complementarias,
con el fin de minimizar el impacto que las maniobras de la competencia
puedan tener sobre el espacio y la identidad comercial de nuestra
empresa, reflejados en la marca principal.
Razones para
comercializar nuevas marcas
La estrategia
de marcas complementarias está, en gran medida, condicionada
por las características del propio mercado: posibilidades
y criterios de segmentación, tipo de producto, políticas
de precios, etc. Resulta claro que un mismo producto no puede satisfacer
a usuarios que tienen distintas aspiraciones, necesidades, y capacidad
de compra. Al menos, no sin perjudicar su imagen y correr el riesgo
de crear una definición imprecisa y ambigua de lo que es
la marca y lo que representan los productos que la llevan.
El usuario compra
por necesidad, pero también por asociación de ideas.
En ello se basa el potencial de los mensajes publicitarios. Y por
ello conviene que dicha asociación de ideas sea lo más
nítida posible, sin ambigüedades. Las marcas son sinónimo
de identidad, de valores asociados con el producto, y se trata de
un terreno que hay que pisar con claridad y con firmeza, para evitar
correr el riesgo de que nuestra marca termine eclipsada por otra
con más personalidad y definición.
La estrategia
de marcas complementarias permite también ganar cuota de
mercado, al fabricar productos bajo un mensaje (marca) dirigido
hacia segmentos a los que no puede o no queremos que llegue la marca
principal. Muchos clientes no compran algunas marcas porque no están
enfocadas a ellos, o porque no se los permite su poder adquisitivo,
o porque la propia definición de la marca coloca al producto
en canales de distribución a los que dichos clientes no tienen
acceso.
Además,
los consumidores tienden a 'picotear', a probar aquí y allí,
distintas marcas, por lo cual, ofertando nuestros productos bajo
un número mayor de marcas, tendremos más oportunidad
para retener, en un punto u otro del mercado, a nuestros clientes.
Por otra parte,
potenciar el crecimiento de nuevas marcas es un método que
permite aprovechar sinergias y optimizar la capacidad productiva
de la empresa. Permite, también, reorientar y dar salida
a excedentes en momento de crisis. Aunque no debemos olvidar que
la marca es un mecanismo de comercialización, y por tanto,
la estrategia de definición, posicionamiento y márketing
deben tener, en cada caso, una entidad propia. Ahora bien, la producción,
los controles de calidad, la logística y la tecnología
proceden de la misma empresa, y pueden ser compartidas por las distintas
marcas, con el consiguiente ahorro de costes.
Las estrategias
de marcas complementarias son un recurso habitual no sólo
como medida preventiva para evitar perder cuota de mercado, o como
recurso para abrirse camino en nuevos nichos o espacios, sino también
como recurso de contra-ataque frente a las acciones de la competencia.
En general, cuando una empresa logra, mediante el éxito de
los productos, encumbrar una marca, es habitual que la competencia
reaccione produciendo marcas y productos similares en filosofía
y apariencia, inclusive en calidad, a unos precios 'de guerra'.
En ese caso,
en lugar de desvirtuar el concepto y los valores de la marca 'atacada',
entrando en guerras comerciales o cambiando el mensaje asociado
a ella, muchos analistas recomiendan hacer todo lo contrario, reforzarla
para dejar claro que la marca competidora que acaba de aparecer,
nada tiene que ver con la nuestra. Y, simultáneamente, antes
que entrar en una guerra de precios, lo más eficaz es lanzar
una marca complementaria y ponerla a competir con la 'marca agresora'.
Por otra parte,
los mercados, los usuarios y las necesidades van cambiando, y es
probable que nuestra marca principal sufra 'agotamiento' o que,
por la naturaleza de sus productos, sea muy arriesgado, incluso
poco viable, proceder a un 'aggiornamento'. En estos casos, también
se puede optar por el lanzamiento de marcas complementarias, que
permitan ir avanzando para mantener cubiertas las necesidades de
un mercado que evoluciona, a la vez que se mantiene la identidad
y la tradición de los productos que, en un momento anterior,
contribuyeron a la solidez de la marca o del grupo de marcas.
Las marcas
complementarias exigen una estrategia propia
Y eso significa
también recursos propios y todo el apoyo que ya recibe la
marca principal. Además, antes que nada, una marca complementaria
debe tener sentido, debe ser necesaria y viable, no se trata de
crear muchas marcas para inundar un mercado y no dejar espacio a
nadie. Las marcas, todas, deben estar definidas y apoyarse en una
estrategia clara y bien estudiada.
Para ello, antes
de dar el paso para lanzar una segunda marca, lo primero es hacer
estudios del mercado, de los consumidores, y focalizar y definir
del modo más preciso que sea posible el segmento, el canal,
la política de márketing y de distribución,
las ideas que se asociarán a la nueva marca y sus productos,
y la política de precios, así como dotar a todas estas
etapas de los recursos económicos y humanos necesarios para
llevarla a cabo bajo los mismos criterios de excelencia con los
que hayamos conseguido consolidar a la marca principal.
Este último
punto es crucial. Porque, si bien puede ser necesario lanzar una
marca complementaria para competir con otras empresas o para mantener
la cuota de mercado de nuestra 'marca estrella', no es menos cierto
que si esa operación no es rentable, estaremos desvirtuando
el propósito original y sometiendo a nuestro negocio a una
sobrecarga financiera inútil e innecesaria.
La segunda marca
no debe ser tratada como 'la hermana pobre' del grupo empresarial,
sino que debe contar con el mismo apoyo a nivel de comunicación,
distribución y CRM que la marca principal.
Y esta reflexión
tiene un corolario, los esfuerzos sólo tendrán justificación
si la cuota de mercado que se va a conseguir y la política
de precios con la que se va a trabajar nos conducen por el camino
de la rentabilidad. Si no es así, entonces es mejor considerar
otras opciones, entre las que cabe arriesgarse a introducir cambios
profundos en la marca original, o bien diversificar la actividad
y pasar a competir en otros sectores para consolidar el negocio
y dotarse de nuevas herramientas para competir en el mercado original
con ventaja sobre las otras empresas. Es lo que se llama 'hacer
la guerra de puertas adentro'.
... y tienen
sus peligros
Aparte del riesgo
de embarcarse en grandes esfuerzos que pudieran no ser rentables,
crear marcas complementarias supone asumir un reto de gran envergadura
para cualquier empresa, en especial para empresas medianas y pequeñas.
Hay que invertir
muchos recursos, tiempo, dinero, capital humano... y eso puede contribuir
a dispersar esfuerzos o a que restemos la debida atención
a los productos y marcas que componen nuestro 'core business'. El
incesante aumento de los recursos destinados a publicidad y márketing
que se deriva de manejar un pool de marcas es uno de los factores
que está incidiendo en una tendencia que se hace cada vez
más habitual, especialmente con los recientes procesos de
concentración y fusión de empresas, la reducción
en el número de marcas.
Así,
empresas que, en su momento, optaron por las marcas complementarias
para crecer y consolidar posiciones en los mercados, han llegado
a un punto de maduración en el que, unas pocas de todas las
marcas son las responsables de la mayor parte de sus ingresos, mientras
que otras sólo aportan pequeños beneficios. De modo
que las empresas están comenzando a retirar algunas marcas
poco rentables, para focalizar las inversiones y los recursos en
aquellas que mejores resultados en términos financieros y
de imagen les proporcionan.
Otro riesgo
frecuente de la proliferación de marcas complementarias es
el de la canibalización. Puede ocurrir que los usuarios de
la marca principal -que suele ser la más rentable para la
empresa- tiendan a migrar hacia las nuevas marcas complementarias,
creadas con el objetivo inicial de captar clientes de la competencia,
pero que, de este modo, terminan canibalizando a otras marcas del
grupo. Esto supone un serio problema, porque la cuota de mercado
de la empresa no aumentará, sino que se repartirá
entre las distintas marcas, la antigua y las nuevas, pero con el
incremento de costes que supone el crear y posicionar estas últimas.
Algunos ejemplos
reales
Una de las industrias
con la que mayor familiaridad tienen los consumidores y que nos
puede ejemplificar todo lo dicho con mayor claridad, es la del automóvil.
Tomemos como ejemplo al Grupo Volkswagen. La multinacional alemana
es propietaria de marcas como Porsche, Audi, Seat, o Skoda.
Volkswagen ha
pasado por un proceso de crecimiento y consolidación que
le ha llevado a ser como grupo empresarial y como marca, un líder
en Europa y otras zonas del planeta. Por el camino, ha ido adquiriendo
otras empresas y se ha nutrido con nuevas marcas y productos.
Su política
comercial ha sido muy arriesgada, pues para evitar que la competencia
le arrebatara espacio a su mítico coche, el VW Golf, la empresa
de Wolfsburg ha decidido hacerse la competencia a sí misma,
con productos como el Audi A3, algo más caro y exclusivo,
o el Seat León, con el mismo contenido mecánico y
la misma calidad, pero a un precio menor.
Al mismo tiempo,
ha combinado esta política audaz con otra de complementarse
en aquellos segmentos en los que la marca principal, VW, no está
presente o ha dejado de estarlo como consecuencia de su propia evolución,
como es el caso de los coches muy económicos y robustos,
papel que ahora representa Skoda, y en parte Seat, o el de los coches
de lujo y deportivos de élite, papel que queda, de momento,
en manos de Audi y Porsche.
Esta estrategia,
cuyo éxito comercial es evidente, no sólo por las
cifras de ventas, sino por la buena imagen de la empresa y sus productos,
que todos tienden a imitar -véase el caso del nuevo Peugeot
307, o del Ford Mondeo, casi idénticos en muchos aspectos
a un Golf o a un Passat- , está comenzando a dejar ver también
sus puntos débiles. El problema se llama Seat.
La política
de VW con respecto a la definición y el posicionamiento de
Seat ha sido un poco errática. Y si bien las otras marcas
del grupo tienen su personalidad y su identidad bien definidas,
Seat, a pesar de contar con más de 50 años de historia,
y de pertenecer a VW desde hace más de una década,
sigue pareciendo una marca recién creada, que aún
está definiendo su imagen, la filosofía de sus productos
y su segmento de mercado. Así, salvo en España, Alemania
y el Reino Unido, donde goza de un gran éxito comercial,
en otros países está costando diferenciarla de las
demás marcas del grupo y crear una identidad propia.
Para resolver
este problema, VW está en proceso de redefinir todo lo relativo
con Seat, al parecer, la marca española se especializará
en vehículos nicho, dejará de hacer coches pequeños
como el Arosa y toda la red comercial está siendo desmantelada
y vuelta a montar de nuevo. Se trata de encontrar un lugar para
la marca dentro de la amplia oferta del grupo. Y no es una tarea
fácil.
VW cuenta con
los recursos necesarios para hacer ese reordenamiento, pero esto
no está al alcance de todas las empresas. Por lo cual, resulta
indispensable estar siempre sopesando qué es lo que estamos
haciendo con nuestra marca principal, y ser meticulosos para evitar
errores en la concepción o el posicionamiento de marcas complementarias.
Una alternativa
está en crear marcas de distribución
Para las empresas
pequeñas o medianas, o para los sectores productivos que
pierden fuerza con respecto a los distribuidores o intermediarios,
una solución puede ser la de aliarse con estos y crear marcas
de distribución, también conocidas como 'marcas blancas'.
Son esas marcas que encontramos con cada vez mayor frecuencia en
supermercados y grandes centros comerciales, que llevan el nombre
del distribuidor (una cadena de hipermercados, por ejemplo, o marcas
que sólo se pueden encontrar en dichos establecimientos,
aunque lleven nombres exóticos).
Si bien al principio
los consumidores tenían ciertas dudas con respecto a la calidad
de estas marcas de distribución, el hecho de que poco a poco
se hayan ido familiarizando con ellas, y hayan podido comprobar
que, detrás de las mismas, en muchos casos, están
los fabricantes de las 'marcas de toda la vida', les ha hecho cambiar
la percepción, pasando de considerarlas como de poca calidad,
a verlas como marcas de calidad estándar con las que, además,
ahorran dinero, ya que los precios son más bajos, sobretodo
por dos motivos: ahorro en la distribución, márgenes
comerciales menores (a cambio de más ventas) y menores costes
publicitarios, de embalaje y de merchandising.
Además,
siendo los propios distribuidores los más interesados en
potenciar las ventas, estas 'marcas blancas' cuentan con los mejores
espacios en el lineal de productos en las tiendas en las que se
comercializan, y el servicio de atención al consumidor está
centrado en el propio establecimiento, algo que también agradecerán
los clientes a la hora de reclamaciones o dudas.
Pero las marcas
de distribución tienen un espacio limitado y no son una alternativa
a la creación de marcas complementarias en todos los casos.
En internet aún no existen casos claros de 'marcas blancas',
ya que lo usual es que los sites sean a la vez productores, comercializadores
y distribuidores de sus servicios. Tal vez lo que se asemeje más
a la idea de la distribución sea la sindicación de
contenidos, y el modelo de trabajo ASP, pero queda por ver cuál
será su comportamiento a lo largo de los años venideros.
Una estrategia
al alcance de cualquier empresa
En todo caso
conviene tener en cuenta que, si bien la marca con la que nuestra
empresa ha salido al mercado y que nos ha reportado tantas satisfacciones,
es fundamental, la posibilidad de crear nuevas marcas, sea para
explorar nuevos nichos, llegar a clientes que ahora no tienen acceso
a nuestros productos o, simplemente, adelantarnos a los movimientos
de la competencia, es algo que está ahí, y merece
la pena dedicar tiempo a considerarlo como posibilidad.
Hay, como hemos
visto, muchos riesgos, pero también oportunidades interesantes.
La creación de marcas, además, puede ser un buen motivo
para comenzar a establecer sinergias con otras empresas, por ejemplo,
con distribuidores, o con asociaciones profesionales. Pensemos que
nuestra empresa puede jugar, en este caso, dos papeles, el de quien
pide apoyo o se asocia para beneficiarse de una plataforma de distribución,
o bien el de quien brinda su capacidad de producción como
apoyo para la creación de una marca de distribución.
La clave, como
casi siempre, está en tener claro lo que se quiere hacer,
y en aunar dosis de datos, análisis, consulta, trabajo en
equipo e intuición, para detectar el momento más oportuno
y dar el primer paso.
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