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  Última actualización 05-11-2007 Publicación sobre marketing, publicidad, e-commerce, diseño y promoción en Internet  
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Junio de 2001


 

 

Calidad y seguridad, aspectos de los datos que son clave para el éxito comercial

 

Resulta cada vez más necesario que la eficacia del márketing como elemento integrador del quehacer de un negocio se base en datos sólidos, fiables y que permitan establecer una relación de calidad con los clientes. Pues no se trata de que el buen producto es el que atrae al cliente. Sino que es la buena relación con el cliente la que hace que la empresa pueda competir, y es esa interacción personalizada con el cliente la que cincela los materiales con los que la empresa hace buenos productos. Por otra parte, sin confianza, no hay relación posible.

El márketing puede actuar a varios niveles y con alcances distintos según cuáles sean los objetivos de la empresa en un momento determinado, no obstante, tarde o temprano la relación directa con los clientes se convierte en un aspecto fundamental del negocio.

Conseguir prestar un tratamiento individualizado y personal a cada cliente es básico para que una estrategia de márketing dé sus frutos eficazmente. Ello permite no sólo hablar al cliente y mostrarle nuestros argumentos de venta de una forma totalmente cómoda para él, sino también adaptar el producto y los servicios a sus propias necesidades, a través de un feedback permanente.

De las bases de datos al CRM

Este feedback se compone de datos, datos concernientes a todos y cada uno de los contactos mantenidos con los clientes, el canal, el mensaje y su contenido, la duración, la fecha, el momento y toda una serie de circunstancias que hay que manejar y saber interpretar para poder extraer de ella conocimientos y conclusiones que nos guíen en nuestra política comercial y en la orientación de nuestro negocio.

La manera en la que se almacenan estos datos es crucial. Hasta no hace mucho, las bases de datos eran una herramienta de trabajo secuencial, que permitía mecanizar y automatizar labores que, de otra manera, serían altamente engorrosas y mucho más caras en términos de tiempo y dinero.

Pero este enfoque de las bases de datos como una herramienta de gestión también, al igual que muchos otros puntos de vista sobre el márketing y los negocios, está cambiando sustancialmente con las posibilidades que nos ofrecen las nuevas tecnologías.

Lógicamente, lo primero que toda empresa debe tener en cuenta es procurar la 'higiene', o la limpieza de sus bases de datos. Almacenar información irrelevante o inadecuada consume recursos y no produce ningún beneficio para las empresas, además, puede conducir a errores que pueden traducirse en clientes molestos o insatisfechos.

Una base de datos depurada y valiosa no se consigue de un día para el otro. Antes al contrario, se trata del fruto de una labor constante de comunicación con el cliente, de trato personalizado, de seguimiento y empatía con éste, a la vez que de análisis de objetivos y establecimiento de criterios de guía adecuados para la recolección, almacenamiento, correlación y tratamiento de los datos.

Este marco de relaciones estables y cercanas con los clientes ha terminado por abrir todo un campo en la ciencia del márketing, que es el de la gestión de las relaciones con los clientes o CRM, como se le conoce por sus siglas en inglés (Costumer Relationship Management).

El CRM puede concebirse como un conjunto de recursos y herramientas que unen la gestión de los datos sobre los clientes, con la logística de la cadena de aprovisionamiento y distribución, integrando todas estas vías de actuación empresarial en una sola plataforma de inteligencia del negocio y de producción y entrega de servicios y enseres.

Pulsando las cuerdas de este maravilloso instrumento que es el CRM, podemos transferir la segmentación y la variabilidad del universo de clientes y prospects al resto de elementos que conforman las actividades del negocio, de modo que todos funcionen de un modo sincronizado con lo que es la situación en tiempo real del mercado al que nos dirigimos.

Las carencias en la protección de los datos merman su fiabilidad y dañan el potencial de las herramientas de márketing

Sin embargo, la llegada de las nuevas tecnologías y las potencialidades de intercomunicación, de flujo e intercambio de datos, el poder de la creación de perfiles y el hecho de que los mecanismos para su distribución y uso no estén al alcance del poder de supervisión y comprensión de la mayoría de los potenciales clientes de las empresas que utilizan estas innovaciones, hace que éstos muestren una desconfianza difícil de paliar con respecto al potencial uso inadecuado, no autorizado o pernicioso que pueda hacerse de sus datos personales.

De modo que la protección de los datos y el temor a perder la intimidad y la privacidad, hacen que los usuarios desconfíen siempre de las estrategias de márketing, también cuando hablamos de márketing personalizado. Tampoco ayuda el hecho de que hay todavía muchas empresas que no cumplen con los requisitos en esta materia que exige la Ley, y menos aún los casos de fraudes, faltas de seguridad y control que se hacen públicos, con gran eco en los media, de vez en cuando.

Lo cierto es que los usuarios, los clientes, una vez más tienen la razón. Aunque resulta más difícil que hacerlo de otro modo, una buena campaña de márketing debe ingeniárselas para ser eficaz funcionando siempre con los datos proporcionados directamente por los usuarios, o con aquellos que éstos han hecho públicos de modo voluntario.

Esto implica una aproximación de menos a más en la relación de la empresa con su cliente potencial y la elaboración de un perfil personalizado de atención para su cliente será, entonces, el mecanismo para obtener de él una información relevante, consentida, adaptada a sus necesidades y que no se inmiscuya en facetas que nada tienen que ver con la mera relación comercial.

La época de las campañas agresivas, que dejaban al cliente al traspié, inhibiendo su capacidad de reacción, es cosa del pasado. Además, esas compras espasmódicas y esos clientes que se sienten desconcertados, jamás podrían ser la base de una buena estrategia de CRM, simplemente porque el factor 'relationship' no existe en esos casos.

Las empresas son cada vez más conscientes de ello y sus agrupaciones se organizan para establecer códigos éticos de comportamiento, y trabajan en conjunto con los gobiernos y las asociaciones de consumidores para acercar posturas y encontrar soluciones de consenso sobre este tema.

Un ejemplo en España son las iniciativas de las entidades asociadas a la FECEMD (Federación Española de Empresas de Comercio Electrónico y Márketing Directo) que, como la suscripción a los mecanismos de opt out o listas Robinson, o el trabajo junto con el gobierno y diversos colectivos ciudadanos para dar forma a los contenidos de la futura Ley de Servicios de la Sociedad de la Información y del Comercio Electrónico, dan muestras de que la calidad de los datos, derivada de una relación estrecha con los clientes, basada en la seguridad y la confianza, es un tema crucial para el buen rendimiento de los negocios, dentro y fuera de internet.

La calidad de los datos es sinónimo de rentabilidad y eficacia

Una base de datos de calidad tiene un valor que va mucho más allá del coste que pueda tener como herramienta y de los ahorros económicos que pueda suponer para la empresa y para el propio cliente en el proceso de intercambio que se da entre ambos.

Una base de datos de calidad es en sí misma un valor añadido para cualquier empresa, que mide su grado de eficacia y su habilidad para adaptar su política de negocios a las condiciones socioeconómicas, culturales y políticas de los mercados en los que se desenvuelve.

Una base de datos, la manera en la que está constituida y es utilizada, así como la forma en la que ha sido construida a lo largo del tiempo, es algo así como la firma manuscrita de una empresa, que dibuja los trazos principales de su filosofía y del valor de todas sus ideas, proyectos, productos y recursos.

Para esa lucha permanente que implica ajustar al máximo la calidad de los datos y la eficacia con los que se los utiliza, hay que tener en cuenta que vivimos en un mundo inundado de información en el cual las decisiones no son sólo difíciles de tomar para un cliente sometido a la presión de múltiples ofertas, sino también para una empresa sometida a la presión de un mercado en el que hay que sopesar y optar en un momento dado más por unas potencialidades que por otras, ya que casi nunca es posible abarcarlas todas.

Esa posibilidad de equivocarse también se manifiesta cuando el volumen de datos que maneja una empresa supera ciertos límites. Podemos imaginar las consecuencias de enviar un pedido a un cliente equivocado, errar en el importe de una factura, o en el cargo de un cobro en una cuenta bancaria, o que, ante una pregunta de un cliente, un vendedor no pueda informarle adecuadamente sobre las características de un producto, o sobre el stock, o las capacidades y tiempos de entrega de la empresa.

Podemos imaginarlo, porque son cosas que suceden siempre en algún momento. Sólo que, a mayor cantidad de datos, mayor posibilidad de cometer errores, y mayor posibilidad de que estos errores sean grandes errores, que pueden costarnos el perder la relación con un cliente estrella, con un proveedor de los más necesarios e incluso, el contacto con la propia realidad de nuestra empresa.

Por cierto ¿cuánto tiempo hace que comprobó si las direcciones y números de teléfono de sus clientes están actualizados y no contienen errores?. ¿Está seguro de que el 100% de su correspondencia comercial ha llegado donde tenía que llegar? Si no es así, ¿cuánto le separa del 100%?

Si nuestro entorno no es muy competitivo, esas faltas siempre pueden subsanarse. Pero, a medida que el mercado se estrecha y se especializa, consentir tales carencias es ganar puntos para un billete a la extinción de nuestro negocio.

Lo cierto es que nos enfrentamos a un problema que está ahí, que crece y que requiere de esfuerzos permanentes. La calidad de los datos no es fácil de alcanzar, y , si se la consigue, no es para siempre. Hay que empezar todo de nuevo, cada día.

Herramientas, tecnologías y calidad

Hay muchas herramientas para auxiliar a las empresas en la labor de obtención, depuración y construcción de perfiles de datos, así como en su mantenimiento. Pero, mentalícese, detrás de esas herramientas, que muchas veces se venden como 'lo último' o la 'solución definitiva' debe de haber una política, una intervención y un uso creativo y eficiente de las mismas.

Tenga en cuenta que en la mayoría de los casos, los sistemas de gestión de la información, que alcanzan una complejidad notable, no son, en cambio, capaces de interpretar, de modo que muchos errores humanos, en especial los que no son formales, sino más bien intuitivos, pueden pasarse por alto. Un espacio en el que esto se ve con claridad es en el entorno de los call centers.

En un call center el flujo de datos es enorme y la interacción se hace al más alto nivel, el de los humanos. De esta interacción humano-humano, surge una serie de datos que luego pasan a las máquinas. Las máquinas pueden supervisar y comprobar sus propios procesos, pero poco pueden hacer con lo que ocurrió con la información antes de llegar a ellas.

En el mercado hay una variedad de herramientas a precios que, comparados con los costes que se producen como consecuencia de los errores e ineficacias en un tratamiento menos organizado de los datos, pues no resultan costosos ni mucho menos, antes, al contrario, más que un gasto, constituyen una excelente inversión.

Sin embargo, una de las principales barreras para que el apoyo de estas herramientas se popularice, no es el coste, sino la falta de conocimiento por parte de muchos empresarios, técnicos y profesionales dentro de las empresas. O la tendencia siempre a aferrarse a 'sus' datos, obtenidos 'por ellos' y, por tanto, tratados a su manera, 'como siempre', manualmente o por el mismo sistema que se utilizó la primera vez.

Uno de los problemas estriba también en que las aplicaciones de depuración y control en la calidad de los datos, desde el punto de vista de su interpretación, aún no forman parte de la mayor parte de los programas de tratamiento y almacenamiento de datos.

Pero la creciente preocupación de los usuarios por su seguridad e intimidad, así como de las empresas por acertar en sus acciones promocionales y fomentar una buena imagen entre los consumidores, harán, posiblemente, de estos mecanismos, una exigencia inexcusable en los entornos futuros de manejo y gestión de datos, y en las plataformas CRM.

Antes, sin embargo, toda empresa debe comenzar a poner los cimientos fundamentales, que no son otra cosa que establecer unos criterios, objetivos y políticas de comportamiento con respecto a los datos y a la información en general, tanto la que captan, como la que emiten. Después de todo, la información es la materia prima del márketing, y sólo si su calidad es óptima, el producto podrá ofrecer todas las garantías.

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Texto de Federico Hernández Plasencia
 
   
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