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Abril de 2006


© José Enebral Fernández
Consultor de formación
jenebral1@mi.madritel.es

 

 

Pero, ¿a qué llamamos blended learning?

 

Como ya estaba ocurriendo con el e-learning , se dicen cosas interesantes, pero dispares, sobre el b-learning ( blended learning ); seguramente es así porque se trata de conceptos que admiten muy distintas interpretaciones. Algunos expertos son muy rotundos al formular sus puntos de vista, aunque luego hacen una interpretación muy específica de estos conceptos. En lo que se refiere a formación continua en las empresas, ¿a qué denominamos e-learning ? ¿A qué llamamos blended learning ?

Admitamos que no es preciso que todos estemos de acuerdo, porque de lo que se trataría es de aprovechar las experiencias, sin renunciar a la deseable diversidad de posibilidades que ofrecen las combinaciones. Parece que el término “ blended learning ” (concepto nada nuevo, en realidad) apareció en escena para dar respuesta a las deficiencias mostradas por el e-learning , y que se viene interpretando, en general, y aunque simplificando quizá demasiado, como una idónea combinación de e-learning y c-learning ( classroom learning ). Pero, usados a veces estos dos términos de manera particular, podríamos confundir a los lectores interesados: no siempre hablamos de lo mismo, aunque usemos las mismas palabras. Desde luego, lo que importa es que se produzca el aprendizaje, y mejor si se trata de un aprendizaje ameno, autotélico, eficaz y compartido; pero, si el aprendizaje no se produjera, el hecho de participar en un programa que denominemos “ blended ”, no nos resarciría de la frustración.

Podemos, en efecto, convenir en que blended learning significa “aprendizaje combinado”, y en que la expresión se utiliza al hablar de métodos de aprendizaje; y también en que determinados objetivos y contenidos —y otras razones— aconsejan combinar distintos métodos en diferentes proporciones. En principio, el e-learning podría ser uno de los ingredientes o no serlo (como el on the job , el mentoring , el outdoor ...), pero pensemos que sí, y que se combina con las clases presenciales en aula, de modo armonioso y sinérgico. Podría haber otras combinaciones, pero parece que la expresión se viene utilizando especialmente para ésta.

Yo creo que las jornadas en aula deberían conseguir —cada una de ellas— sus objetivos parciales, y que las sesiones ante el PC deberían igualmente conseguir —cada una de ellas— los suyos; y creo que ambas partes deben conocerse mutuamente para favorecer la sinergia. No cabría, si hablamos de métodos de aprendizaje, que utilizáramos el aula para poner parches a los rotos o descosidos del e-learning , ni cabría lo contrario; porque si utilizáramos un método para cubrir las deficiencias de otro, estaríamos justamente declarando las deficiencias de uno de ellos. ¿Qué opina el lector al respecto?

Podrá pensarse, por ejemplo, que determinadas lecturas propedéuticas encajan en la parte de e-learning como solución más rentable, y que el avance en temas complejos requiere la adecuada exposición didáctica y la interactividad espontánea del aula; aquí la parte introductoria debería haberse resuelto bien ante el PC y las clases en aula deberían empezar por donde les correspondiera y sin volver atrás más de lo justo. Otras veces podrá alternarse, por ejemplo, la teoría en sala y algunos ejercicios on line —o, al revés, la teoría on line y algunos ejercicios o prácticas en sala—; aquí, igualmente, cada parte habría de resolverse en su tiempo, sin pasos atrás no deseables. En realidad y como supondrá el lector, estas cavilaciones apuntan a la deseada eficacia de todos los esfuerzos de formación: si un método estuviera resultando ineficaz, habría que preguntarse por qué, y no cargar sus deficiencias a la mochila de otro método. ¿Lo ve así el lector?

En otras ocasiones, podrá pensarse que los temas son adecuados para el e-learning , pero que conviene verse en aula para aclarar dudas y sintonizarse; aquí ya estamos previendo que el e-learning dejará dudas y que nos tendremos que ver para resolverlas. Ante esta situación —la resolución de dudas en aula—, no estoy seguro de si se podría hablar de blended learning , o si se debería hablar simplemente de e-learning con parches o, más elegantemente, con periódica tutela presencial. Hagamos en este punto una retrospección.

Aunque habrá otros punto de vista, quizá más acertados, la evolución de los hechos parece haber sido la siguiente en los cuatro o cinco últimos años: a) el e-learning surge con vocación de alternativa a la formación presencial (aunque hubo quienes no eran tan optimistas al respecto); b) las grandes empresas montan sus plataformas de e-learning y reducen sus programas presenciales; c) los resultados del e-learning en muchas empresas resultan algo frustrantes; d) se acaba reconociendo públicamente que los resultados del e-learning corporativo son, en general, algo frustrantes (al principio no parecía reconocerse); e) algunos agentes del sector empiezan a proclamar que lo que le falta al e-learning son clases presenciales de complemento ( blended learning ); f) otros agentes insisten en que lo que le falta al e-learning es calidad, intensidad y eficacia didáctica; g) se animan las voces, tanto de quienes proclaman el b-learning , como de quienes apuntan a una mayor calidad/eficacia de los contenidos que ofrece el e-learning ... La historia es, obviamente, bastante más compleja, y mi punto de vista no pasa de ser uno más, pero creo que hay muchos directivos y trabajadores que observan el e-learning corporativo con alguna prevención...

Así las cosas, leí hace poco un artículo de un conocido experto en e-learning corporativo: “ Como sabemos — decía Íñigo Babot — , los programas Blended Learning se caracterizan por combinar una (inicio o final), dos (inicio y final), tres (inicio, intermedia y final) o más sesiones presenciales, unidas por varias semanas de clases y ejercicios vía eLearning ”. Para mayor claridad en su exposición, el autor nos ponía un ejemplo para un curso de cuatro meses; no parece tratarse de un caso concreto de una empresa, sino de un “ desarrollo cronológico típico ” del blended learning :

•  1 día con una o más sesiones presenciales, seguido de

•  8 semanas de sesiones e-learning , sin ninguna presencial, seguidas de

•  1 día con una o más sesiones presenciales, seguido de

•  8 semanas de sesiones e-learning , sin ninguna presencial, seguidas de

•  1 sesión y/o examen final.

Dice este conocido experto que “ las pocas sesiones presenciales que se imparten deben permitir a los alumnos conocerse, preparar y reforzar el vínculo virtual con sus profesores y otros alumnos, adquirir suficiente confianza, así como interaccionar (en persona, en vivo y en directo) con todo el grupo. Es decir, las escasas sesiones presenciales son fundamentales para el buen desarrollo del curso y, si salen mal, resultan contraproducentes, comprometiendo seriamente la eficacia del programa entero ”. Parece que Babot ha llegado a estas conclusiones tras conversar con responsables de formación de distintas empresas, y no podemos sino mostrarnos de acuerdo.

Empero, habrá quien interpretando libremente estos parámetros de tiempo, más que blended , vea en este desarrollo cronológico un largo programa de puro e-learning , con alumnos que se han conocido personalmente entre sí y con los tutores. Por otra parte, “ 8 semanas seguidas de e-learning sin ninguna presencial ” podría significar distintas cosas en distintos casos. Yo mismo puedo ponerles otro ejemplo extraído de mi propia experiencia de diseñador de cursos interactivos on line y de tutor en campus virtuales.

Recuerdo un caso (octubre de 2002) en que se daba un mes de plazo para seguir un brevísimo curso on line , de apenas dos horas de duración. El alumno tenía acceso al tutor vía e-mail durante todo el mes, y también disponía de un foro —y hasta un chat — para debatir con otros participantes, incluido el tutor. Puedo decirles que la mayoría de los alumnos (eran varios cientos) intentaba hacer el curso en los primeros días, y que las únicas consultas (en realidad, quejas) que recibí se referían a que la plataforma no mostraba el curso como “realizado”. No había dudas ni comentarios sobre el contenido del curso, ni se hacía uso del foro, y prefiero no hablarles del uso que se hacía del chat .

Sin extenderme en la experiencia propia, quería mostrar que, al hablar de e-learning —como ocurre en otras acciones formativas, y quizá más en formación a distancia— la duración en tiempo de calendario constituye un dato incompleto de la magnitud del curso, porque podemos estar hablando de una hora diaria, una hora a la semana, o, como en el caso que yo les comentaba, dos horas de estudio on line en un mes. Por otra parte, el estudio personal podría hacerse sobre un curso on line interactivo y multimedia —versión actual de la vieja enseñanza programada impresa—, o sobre un texto lineal que sacáramos por impresora, o de otro modo.

Tratando de buscar otras materializaciones del blended learning , he visto, por ejemplo, que Infova desarrolla programas con un módulo on line , otro día en sala y otro más en modalidad outdoor . Pero no he encontrado, a primera vista, detalle de programas blended en catálogo, quizá porque los que se orquestan se conciben “a medida”.

Personalmente, para el desarrollo de jóvenes directivos, vengo postulando la combinación, durante meses o años, de trabajo individual y de acciones presenciales con docente/tutor/mentor (abriendo espacio al autodidactismo, el on the job , el coaching , el shadowing y otras posibilidades tendentes al autoconocimiento, la autocrítica y la consolidación de la mejora). Sin duda (bueno, en casi todo puede caber la duda...), el desarrollo de directivos se produce a lo largo del tiempo, pero —perogrullada— no sólo por el paso del mismo sino mediante acciones diversas tendentes a acelarar nuestra madurez y sintonía con los objetivos estratégicos de cada organización...

Sobre el blended learning se han dicho muchas cosas, y no hay que descartar que haya intenciones diversas: que algunas respondan a intereses del aprendizaje, y algunas otras a otros intereses. Decir que la combinación es buena, y que esa es la tendencia, constituye seguramente una verdad; pero en la práctica no es decir mucho: depende de qué cosas combinemos, en qué proporción, y para qué caso concreto. Esto último es otra perogrullada por la que pido disculpas; pero añado otra más: todo aprendizaje es mixto, en realidad. Incluso cuando íbamos al cole, también estudiábamos en casa, hacíamos problemas, nos reuníamos con compañeros para estudiar juntos...

No sé qué pensará el lector, pero yo no excluyo que, como consecuencia de la moda del blended , se tienda alguna vez a combinar métodos como quien combina ingredientes en un plato de alta cocina; y aun cabe admitir, desde luego, que al hacerlo los resultados obtenidos sean satisfactorios. Aquí siempre hay que recurrir a la eficacia del aprendizaje, es decir, a ver si se alcanza lo que se pretendía, si es posible con el mínimo esfuerzo.

Pero fíjense cómo podemos estar incurriendo a menudo en los mismos vicios: dividir el aprendizaje más por métodos que por contenidos u objetivos a alcanzar; fundir el método con el lugar físico donde se lleva a cabo; hablar del blended como si hubiéramos descubierto la panacea; confundir el e-learning con la formación tradicional a distancia, simplemente porque el material se envía por red para ser impreso, o porque hay tutela telemática... Ya sé que habrá disensiones sobre todo esto —no pretendo estar en lo cierto sino nutrir la diversidad— , pero me parecía oportuno aclarar... incluso a qué llamamos “método”.

Yo estaba pensando en que el método se refería a cómo se generaba el aprendizaje en la cabeza (o el corazón) del alumno: mediante interiorización de lo que se lee, lo que se escucha, lo que se siente o lo que se ve; mediante el pensamiento reflexivo; mediante la práctica de destrezas; mediante el contraste de opiniones; mediante la acumulación de resultados obtenidos... O sea que, para mí, la lectura de una página de papel, con sus textos e imágenes, constituye un método de aprender, sea cual fuere el mecanismo externo por el que la página haya llegado a mis manos: como parte de un libro que he comprado, como anexo a un e-mail , obtenida por fax, e incluso obtenida por impresora desde Internet. Pero ya digo que caben otras opiniones o puntos de vista.

¿Dónde voy a parar? A parar voy, porque ya me he extendido suficientemente; pero quiero decir que hemos de hablar de calidad, de cosas bien hechas. Lo que importa de la hoja que leo —obtenida por fax, impresora, libro, etc.— es la calidad y eficacia didáctica. Que el alumno disfrute y aprenda en su estudio personal, o en su participación en acciones presenciales; que encuentre apoyo satisfactorio en la tutela; que vea reflejado su aprendizaje en el desempeño profesional; que acuda convencido, intrínsecamente motivado, a los cursos; que quede con ganas de seguir aprendiendo cosas... Gracias a los lectores, disientan o asienten, y brindemos por un año 2005 en que aprendamos muchas cosas, de un modo u otro.

 

 

 

© José Enebral Fernández
Consultor de formación
jenebral1@mi.madritel.es

   
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