Excelencia
en Servicio (Tercera Parte)
Una demanda impostergable de la globalización
Por:
Daniel Tigani
¿En
qué consiste la excelencia en el servicio?
Creo que quien
mejor ha respondido esta pregunta ha sido uno de mis autores favoritos,
Mr. Karl Albrecht en su libro The only thing that matters. La excelencia
consiste en conocer, satisfacer y sorprender a los clientes. La
excelencia en servicio solo es posible cuando la satisfacción
de las expectativas del cliente ha sido superada. Ignorar cuales
son los valores de los clientes es una actitud arrogante y descuidada,
porque el valor es lo que realmente motivará una transacción
y sin embargo es subjetivo.
Una idea equivocada
es pensar que siempre debo aumentar el precio del servicio para
aumentar el valor entregado al cliente, pero puedo usar creatividad
para que esto no sea así. Para Uds., por ejemplo, una fotografía
de mis hijas no tiene mayor valor (no pagarían por ella),
por tratarse de niñas desconocidas, pero sin embargo tiene
gran valor para mí. Una prenda de las que utiliza la selección
nacional de fútbol tiene un precio determinado en el comercio,
pero este no será el mismo si dicha prenda perteneció
a uno de los integrantes destacados del plantel. En consecuencia
el precio y el valor no guardan una correspondencia tan fuerte,
como para no intentar agregar valor sin afectar los precios.
Debemos consultar
a nuestros clientes, actuales, potenciales y aun a los clientes
perdidos, para determinar la oferta de valor adecuada. Estas son
las consideraciones que debo analizar antes de armar el paquete
de valor que ofrecerá un negocio determinado. Este paquete
de valor es un conjunto de cosas tangibles e intangibles que determinan
para el cliente el valor integral recibido. A modo de ejemplo supongamos
que siendo las 18 hs., decidimos salir a comer algo rápido
para apaciguar el apetito sin demorar mucho. Nos han informado acerca
de un café muy bien puesto que hace unos maravillosos sándwichs
de jamón a buen precio. Al entrar al local vemos un ambiente
muy agradable y prometedor, pero observamos que el mozo que atiende
las mesas, tiene casi dos falanges de su dedo índice derecho
dentro de su nariz. En ese momento olvidamos todo lo demás
y salimos velozmente del local. Lo único que se nos ocurre
pensar que hará el mozo cuando no lo vemos.
El paquete de
valor debe ser analizado en cada detalle teniendo en cuenta las
impresiones del cliente. A estos elementos en los que se divide
el servicio Mr. Jan Karlzon los llamó Momentos de Verdad.
El momento de
verdad es cada una de las situaciones en las que el servicio es
evaluado, aun antes que podamos saberlo. Por ejemplo un hipermercado
puede ofrecer buenos precios y calidad de atención pero está
ubicado en una zona donde no se puede transitar sin una guardia
de seguridad. ¿Cree Ud., que no es posible que una empresa
internacional cometa un error como ese? ; le aseguro que se trata
de un ejemplo real.
Alguna vez hemos
rendido exámenes de 10 preguntas dónde cada una vale
un punto. Evidentemente solo obtendremos 10 puntos (100%) si contestamos
todas las preguntas bien. Si hubiéramos contestado 3 de esas
preguntas con un grado de perfección sublime, ignorando completamente
las otras 7, ¿Cuál será nuestro puntaje? ;
¿Podremos obtener un 10? ; ¿Verdad que no?.
Sin embargo,
como humanos todos hacen alguna cosa muy bien, otra regular y alguna
mal, pretendiendo un 10 solo por la que hacemos realmente bien.
Cuando manejamos los momentos de verdad de esta forma el resultado
es la mediocridad. Nadie tiene vocación de mediocre, no existen
maestrías en mediocridad y ningún niño responderá
mediocre, cuando se le pregunte que quiere ser cuando crezca, pero
sin embargo es el resultado mayormente observado en servicio. La
única explicación es que no se le pone atención
todos y a cada uno, de los puntos donde el cliente evalúa
nuestro servicio y nos basta con hacer algunas cosas bien para sentirnos
satisfechos. La percepción del cliente es el promedio de
todo lo que hacemos bien, regular y mal. El promedio es la mediocridad.
Salir de la
mediocridad implica una oferta de valor que supere las expectativas
del cliente en los momentos de verdad, en sus percepciones tangibles
e intangibles. La calidad del servicio será la que resulte
de elegir las dimensiones adecuadas, de las cosas que agregan valor,
resuelven problemas y satisfacen necesidades, para otorgar en estas
una medida mayor a la esperada por el cliente. Sin cliente no hay
servicio y solo el cliente tiene esa información clave que
usará para evaluarnos. Las expectativas del cliente son el
combustible indispensable de una organización que aspira
a un servicio excelente.
Concluimos que
la excelencia en servicio consiste en conocer, satisfacer y superar
las expectativas del cliente.
© Daniel
Tigani
www.hacer.com.ar
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