Excelencia
en Servicio (Primera Parte)
Una demanda impostergable de la globalización
Por:
Daniel Tigani
La cultura
burocrática y sus traumas
Lamentablemente
los argentinos hemos nacido y crecido en una cultura de burocracia,
donde nuestras expectativas sobre las personas que sirven públicamente,
esta plagada de estereotipos negativos que nos ha dejado una fuerte
impronta.
Todos
hemos tenido experiencias negativas, sacando número para
ser atendidos, haciendo largas colas para el pago de servicios e
impuestos, teniendo que pagar primero para después tener
derecho a reclamar, etc. Esta cultura ha influido fuertemente en
nuestra actitud natural y es la razón por la que generalmente
asumimos una posición defensiva cuando nos toca cumplir el
papel de prestadores de servicio. Como ejemplo vale mencionar que
en las empresas públicas los empleados de atención
al público eran los “castigados” por alguna circunstancia.
Nos basta con recordar ese personaje nefasto que grita: ¡SE
VAN PARA ATRÁS¡
En
cuanto a las empresas privadas, conozco una importante empresa de
origen holandés, que difundió en nuestro país
la idea que los departamentos de servicio pos venta son el “baño”
de las empresas, “hay que tenerlos para hacer lo inevitable”. Otros
hacían referencia a los departamentos de servicio técnico
o pos venta, como un mal necesario. Ingenieros aburridos y marcados
como gente con pocas luces eran los candidatos preferidos para ocupar
las posiciones de jefatura y gerencias.
Este
panorama histórico tan desalentador, nos hace reflexionar
acerca de la necesidad de revisar nuestros conceptos sobre un servicio
excelente, a la luz del nuevo paradigma global.
Si
nuestras empresas no pueden ser líderes en innovación
y nuestros costos de personal no pueden competir con los países
del oriente asiático, podemos enfocar nuestra estrategia
en un servicio que genere demanda por “satisfacción” y “fidelidad”.
Debemos construir relaciones duraderas de “enamoramiento”.
Luego
de 20 años de experiencia brindando servicio en empresas
exitosas, espero que este material sirva para despertarnos y ayudarnos
a mejorar nuestras capacidades, sin olvidar que este sector de la
economía emplea al 84% de la gente activa en los países
desarrollados.
El servicio
anti-ventas
“Importante
cadena de tiendas busca señoritas mal educadas”.
Lógicamente
este aviso nunca su publicó, pero recrea perfectamente la
experiencia de entrar en los locales de una reconocida marca italiana,
donde señoritas muy jóvenes permanecían imperturbables,
sentadas sobre altos bancos de bar, fumando. Nunca saludaban a los
clientes en primer lugar. Jamás tenían las prendas
que le pedíamos en nuestro talle (haciéndonos sentir
como una especie de cetáceos en extinción) y nunca
nos ofrecían nada a cambio. Por último no les importaba
si nos retirábamos sin gastar un solo peso en su tienda.
Al salir del negocio no sabíamos si pedir el libro de quejas
o llamar a Green peace.
¡La
estrategia aparente, era definir el posicionamiento de la marca
como reservada a una elite y en su lógica vendernos era un
favor. El resultado fue fracaso total, esperable cuando sabemos
perfectamente que a los argentinos el mal servicio nunca nos sorprenderá,
cuando más bien estamos muy cansados de recibirlo.
Este
servicio anti-ventas estaba ampliamente difundido en nuestro país
mucho antes de que esta reconocida empresa nos hiciera el honor
de radicarse.
Viajando
permanentemente y viviendo algunos años, en el interior del
país he tenido algunas experiencias notables.
Recuerdo
una carnicería de la ciudad de San Luis donde el propietario
se paraba por las tardes a la puerta para ver el tránsito
de la avenida España. La puerta de entrada tenía además,
una cortina plástica para evitar el ingreso de insectos.
Para ingresar había que esquivar la cortina y también
al propietario, que no se movía ni reaccionaba hasta varios
minutos después de hacernos esperar en perfecta soledad en
el interior de su local. Su saludo nos llegaba luego de ubicarse
detrás del mostrador, nunca antes y luego comenzaba a afilar
su cuchillo en nuestra presencia, como si no se notara que había
tenido mucho tiempo, antes de nuestra visita, para hacerlo.
La
aparición de los supermercados extinguió este comercio,
porque cualquier forma de autoservicio es mejor que el anti-servicio.
Los
comercios que han subsistido a la feroz competencia de las grandes
superficies son los que han desarrollado alguna clase de servicio
excepcional.
Otro
ejemplo es el de un Banco brasileño, quien recientemente
ha hecho una campaña de comunicación para posicionarse
como “el banco que atiende bien al público”. Al visitar cualquier
sucursal de ese banco se puede verificar que se trata de un lugar
repleto de cajeros automáticos, más parecido a un
salón de videogames.
¿Es
el autoservicio un servicio excelente? ; de ninguna manera, creo
personalmente que el autoservicio es una excelente excusa para no
ocuparse del público y emplear menos personal. La mayoría
de los bancos son fuentes inagotables de experiencias de anti-servicio
o servicio anti-ventas. Los gerentes de calidad de servicio, solo
lo llamarán después de que Ud. le comunique al banco,
que ha decidido retirar sus cuentas. Nunca lo llamarán para
ayudarlo a resolver sus problemas. Algunas oficinas de servicio
al cliente de bancos internacionales muy prestigiosos, son simples
departamentos de informes, que se desligan permanentemente de los
clientes diciéndoles que sus problemas deben tratarlos en
tal o cual oficina.
La
amplia difusión del anti-servicio es la única razón
para que la modalidad de autoservicio, sea una propuesta aceptable.
Concluimos
que existe una oportunidad ineludible, que presenta nuestro mercado
para la adopción de estrategias de diferenciación
basadas en un servicio excelente.
© Daniel
Tigani
www.hacer.com.ar
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