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"Compra
física frente a compra virtual"
Es frecuente
que las empresas se sorprendan de que, a pesar de tener un nº apreciable
de visitas a su web, esas visitas no se transforman, a corto plazo,
en operaciones de venta, ya sea on-line u off-line. Incluso ocurre
eso con alguno de los sitios web que he analizado este último
mes (mailto:informeweb@ajcomercio.com) que, aún incluyendo
bastantes elementos positivos, no era capaz de generar las anheladas
ventas.
Todos estos
casos se explican cuando analizamos la actitud de los clientes en
Internet y su forma de aproximación hasta concretar un pedido
de compra. Vaya por delante que es normal que, aún teniendo
un sitio web bien diseñado, las ventas no se materializarán
hasta al cabo de unos meses. Lo contrario sería, a mi entender,
absolutamente atípico. Vamos a descubrir por qué y,
de paso, podremos conocer cómo adaptar mejor nuestra estrategia
a lo que desean los clientes.
La mayoría
de errores de juicio vienen de dar por supuesto que, en una compra
virtual, el cliente sigue el mismo proceso que en una compra física.
Es fundamental conocer que hay, por lo menos, dos diferencias radicales.
1)
COMPRA FRENTE A NAVEGACIÓN
En la compra
física hay contacto físico y eso le permite al cliente
calibrar si le interesa, o no, la compra, a la vez que permite al
vendedor argumentar y defender su oferta. Así, cuando una
persona entra en una perfumería, sabemos que desea comprar
un perfume. El reto del comerciante está en convencer al
cliente de que debe comprar el perfume en su establecimiento (si
tiene el perfume adecuado, a un precio adecuado, si trata bien al
cliente, etc.). Igualmente, cuando una empresa industrial o un bufete
de abogados reciben una consulta, saben que ese contacto desea contratar
un producto o servicio. Es cuestión de presentar la mejor
oferta para llevarse el pedido.
En cualquier
caso, estamos hablando de la fase que podemos denominar "de compra
inmediata".
Y ¿qué
ocurre en Internet? ¿qué hacemos todos nosotros en
Internet? ¿Es que cada vez que visitamos un sitio es porque
pretendemos comprar alguna cosa? NO. Simplemente, no estamos de
compras. Estamos navegando, que es muy distinto. Estamos buscando,
olfateando, investigando. A la caza de sitios potencialmente interesantes
a corto, medio o largo plazo. Y cuando encontramos un sitio interesante,
lo memorizamos para el futuro. Pero entonces, ¿ cuando compramos
o hacemos negocios por Internet? Cuando lo necesitamos. Podemos
necesitar comprar alimentación una vez a la semana, un libro
cada 15 días, un coche cada 3 años y una hipoteca
una vez en la vida.
Luego, la misión
del sitio web no es la de conseguir venderle algo a cada visitante
que se acerca. Eso fracasará absolutamente siempre. Porque
va contra la mecánica del cliente. Y el cliente manda. ¿Entonces,
qué hay que hacer? ¿Cómo nos amoldamos al proceso
del cliente para conseguir venderle nuestros productos?
FIDELIZACIÓN
DEL PRE-CLIENTE
Según
lo dicho hasta ahora, será una cuestión de VIDA O
MUERTE para la empresa el conseguir mantener el contacto con cada
visitante que reciban sus páginas HASTA EL MOMENTO EN QUE
ESE CONTACTO DECIDA EFECTUAR UNA COMPRA. Y ese momento puede tardar
meses o años en producirse. Si no lo hacemos así,
si no nos preocupamos de establecer y desarrollar una relación
con nuestro cliente potencial, el resultado será que NUNCA
CONSEGUIREMOS VENDER NADA. Luego, la fidelización es esencial.
Para fidelizar
ya sabemos que conviene ofrecer contenidos interesantes y actualizados
continuamente. También con ese objetivo se inventaron los
boletines o newsletters periódicos. Esos boletines cumplen
un doble objetivo.
Por un lado,
seguimos presentes en la mente de nuestro pre-cliente, al acercarnos
hasta su buzón periódicamente. Se acostumbra a nosotros,
recuerda nuestro nombre, nos tendrá presentes. Por supuesto,
siempre que lo que le mandemos tenga interés para él.
El segundo objetivo
que cubre el boletín, tan importante como el primero, es
el de irnos presentando a nuestro cliente y el de ir construyendo,
paso a paso una imagen profesional y/o experta de nosotros ante
el cliente. Esa imagen que, en el mercado físico, él
obtiene al ver la tienda de óptica o al hablar con el comercial
o al visitar nuestro stand en una feria del sector.
Hay un segundo
punto radicalmente distinto en las relaciones comerciales virtuales.
2)
EL ANONIMATO
Un cliente que
navega y llega a nuestras páginas es anónimo y, sobre
todo, se sabe anónimo. TODOS NOS SABEMOS ANÓNIMOS
CUANDO NAVEGAMOS. Por eso no nos importa ir a cualquier sitio, incluídas
las páginas de nuestra competencia y hurgar en detalle en
todo lo que presentan. Estamos tranquilos. Sabemos que no nos descubrirán.
De este factor
surge un nuevo error frecuente en los sitios web. Vemos a menudo
como, para acceder a determinado servicio o sección, se nos
pide que rellemos previamente un formulario. ERROR GRAVE. Porque
el internauta es anónimo Y NO QUIERE DEJAR DE SERLO SI NO
HAY UNA BUENA RAZÓN.
Es decir, el
internauta estará dispuesto a perder su anonimato, o una
parte de él, sólo si obtiene a cambio algo que le
compense.Por ejemplo, si encuentra un sitio interesante y ese sitio
le propone un boletín electrónico, el internauta puede
decidir suscribirse si se le pide sólo su dirección
de correo-e y, quizá, su nombre de pila. Si se le pide para
ello que dé su número de teléfono, dirección
postal y cargo en la empresa, casi seguro que abandona su propósito
inicial de suscribirse. Es decir, hemos perdido un cliente para
siempre.
NUESTRA ARMA:
AVANZAR PASO A PASO
Si, en cambio,
conseguimos que se suscriba siendo más modestos en nuestras
exigencias, tendremos la oportunidad de ganarnos su confianza poco
a poco, de presentarle progresivamente nuestra oferta de productos,
de llamarle a visitar las novedades de nuestro sitio web, de pasar
a ser uno de sus recursos de cabecera.
Y ya siendo
suscriptor, le podemos ofrecer participar en la fase de prueba de
un nuevo servicio, o invitarle a una feria (física)en la
que vamos a estar, o pedirle que participe en una encuesta o........
Y en cada uno de esos pasos tenemos la oportunidad de pedirle más
datos. Entonces, con un mayor nivel de confianza en nosotros y a
cambio de un nuevo "privilegio" que le ofrecemos, es probable que
acceda a desvelarnos una parte más de su personalidad y de
su perfil como cliente.
Es decir, debemos
ofrecerle la oportunidad de ir dando pasos hacia nosotros. Es decir,
que se comprometa cada vez un poco más. Si queréis
decirlo de otra manera, debemos ganarnos su confianza y, además,
hacer que nos la demuestre.
CONCLUSIÓN
El internauta
habitual que llega a nuestro sitio web no está comprando,
sólo está navegando. Debemos "capturarlo" para conseguir,
en el plazo que va desde ahora hasta que necesite adquirir los productos
o servicios que vendemos, establecer una relación que nos
permita construir la confianza que le hará pensar en nosotros
en el momento de comprar. Por supuesto, eso vale tanto si nuestras
ventas se efectúan on-line como si las hacemos off-line (proyectos
de ingeniería, asesoría fiscal o mecánica de
precisión).
La otra conclusión
es que debemos respetar escrupulosamente su anonimato y sólo
pedirle que nos desvele una parte de su personalidad a cambio de
algún valor real. Si le convencemos, ese valor real que le
damos será el que le hará ganar confianza en nosotros
para dar un paso más. Efectivamente, no es un proceso rápido.
Pero ¿es que alguien había dicho que lo fuera?
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