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Comunicar y razonar
Cada área, disciplina o ciencia se sustenta sobre determinadas bases. Sobre tales bases o certezas se edifica todo un aparato que le da consistencia a esa pequeña parte del mundo que se trata de explicar. Sin embargo, irónicamente, las certezas de unos son las grandes interrogantes de otros. En el terreno de la creación de las imágenes se pueden invocar las palabras de Paul Ricoeur:
“Para el lingüista, la comunicación es un hecho, incluso uno muy obvio. Las personas en verdad se hablan una a la otra. Pero para una investigación existencial, la comunicación es un enigma, incluso una maravilla. ¿Por qué? Porque el estar juntos, condición existencial para que se dé la posibilidad de cualquier estructura dialógica del discurso, parece una forma de transgredir o superar la soledad fundamental de cada ser humano… [esto es] lo experimentado por una persona no puede ser transferido íntegramente a alguien más.”(1)
En efecto, la comunicación aunque se pase por obvia su existencia, no sólo por la lingüística sino por las profesiones encargadas de ella y que pretenden la creación de imágenes para un cierto fin, en su mayoría la obtención de ingresos a través del consumo; es una gran interrogante en cuanto a la posibilidad de transmitir experiencias. Así como de la misma imagen y el lugar de su ocurrencia .
La comunicación ocurre en la exterioridad del sujeto, mientras la razón en la interioridad. Bajo tal perspectiva, pareciera que el lenguaje funciona como el medio transformador de lo interior en lo exterior, pues “el lenguaje es la exteriorización, gracias a la cual una impresión se trasciende y se convierte en expresión”(2). Sin embargo, comunicar no necesariamente implica razonar , y razonar , no necesariamente implica comunicar . Más cuando lo comunicativo actúa sobre el ser humano impidiéndole llegar a ser. Lo comunicativo termina por bloquear la razón. Puesto que se enfoca simplemente en “el hecho de «decir algo a alguien»”, impide la “actitud objetivadora” de “la tercera persona” y coloca en la cúspide a “la primera persona” y su “actitud expresiva”(3).
Esto ocurre por la siguiente razón: Mediante lo comunicativo el ser humano se convierte en un signo, en donde su diferencia radica en sus calificativos, pero nunca se llega a su existencia. Siempre que se habla de alguien, se habla de ese alguien en cuanto a signo, esto es, en cuento a sus atributos. Esto se encuentra cruzando la línea de la cosificación del ser o la de la consolidación del valor de intercambio del ser humano a partir de su fuerza y capacidad de producción. Va más allá de concebir al ser como un ser simbólico, no solamente produce y consume signos si no que se convierte en uno. Es un proceso de transfiguración en donde la forma destruye al contenido. En el contenido solamente sobrevive la forma. Por lo tanto, el ser humano se convierte en un signo más, que cree estar por encima de todas las cosas; aunque realmente ya no hay cosas, solamente signos.
Sin embargo, no sólo se ha convertido en un objeto incapaz de ver dentro de sí mismo, sino que también al convertirse en signo de sí mismo ha roto todo vínculo con su humanidad misma y con el mundo y los objetos que lo rodean. El hombre se convierte en un signo capaz de crear otros signos, la digitalización no es más que una de esas formas de representar la interacción entre estos signos. Bajo tal estructura, lo virtual se constituye como la mayor edificación sobre un mundo de signos emancipado del mundo de los objetos.
Vivimos la etapa de la emancipación del signo también conocida como cultura de la imagen. En ella, el signo ha cambiado su papel de intermediario entre los objetos y el sujeto, por el de sustituto de los mismos objetos a los cuales representaba. Es más, en ella, cierto tipo de objetos aparecen ante uno con el estatus de sujeto, principalmente todos aquellos con algún tipo de pantalla, debido a que ellos son capaces (aparentemente) de entablar un diálogo; lo característico de este nuevo tipo de entes es que cuentan con un procesador o controlador. Sin embargo, en esta misma relación se produce una simbiosis entre ambos que hace imposible la diferencia entre el ser humano y el aparato o la pantalla, en otras palabras:
“Debido a que el medio de la televisión está tan interrelacionado con la mente humana, uno puede distinguirse del otro sólo cuando el aparato está muerto – esto es, apagado – y se ha convertido en un objeto que ha asumido rasgos estáticos. En verdad, una televisión viva deja de ser un aparato: al llenar la imagen el espacio sensorial de los televidentes, los obliga a participar en diálogos que reducen la percepción de aparato como tal hasta un mínimo despreciable.” (4)
Además esta relación se conforma como esencia de nuestro:
“… status ontológico, puesto que uno es en cuanto a los aparatos con los que interactúa . Solamente mediante esta interacción es capaz de reconocerse a sí mismo y a su existencia. De tal manera que la tecnología no solamente se convierte en un intento de discurso, sino también en ontología.” (5)
De tal manera que el ser humano, al convertirse en signo, es extranjero a sí mismo; esto es, no llega o se encuentra imposibilitado de acceder a la razón. En otras palabras esta en el mundo, pero no logra ser en el mundo. Puesto que comunicar no (necesariamente) es razonar (curiosamente, pareciera que el estudio de la comunicación se convierte en epistemología), ya que “el entendimiento discursivo no puede explicar sino únicamente describir” (6), esto es, no se “puede comprobar la concordancia entre imagen y realidad” (7).
(1) Ricoeur Paul, Teoría de la interpretación Discurso y excedente de sentido , Siglo XXI, México, 2006, pp. 29-30
(2) Ricoeur Paul, Teoría de la interpretación Discurso y excedente de sentido , Siglo XXI, México, 2006, p. 33
(3) Estos conceptos aparecen como parte de la explicación sobre lo que es la hermenéutica y la acción comunicativa por medio de la cual se puede realizar una transición entre la tercera, segunda y primera persona, sin embargo aquí se presenta como el dominio de la primera sobre la tercera. Habermas Jürgen, Conciencia moral y acción comunicativa , Península, Barcelona, 1996, en p. 38
(4) Ibid, pp. 31-32
(5) Castillo Bautista, Raymundo “Novum Textum” . Revista Digital Universitaria [en línea]. 10 de mayo 2007, Vol. 8, No. 5. [Consultada: 11 de mayo de 2007]. Disponible en Internet: http://www.revista.unam.mx/vol.8/num5/art33/int33.htm ISSN: 1607-6079.
(6) Fischer Hans Rudi, et. al. (comp.), El final de los grandes proyectos , Gedisa, España, 1997, p. 13
(7) Neurath Otto, “Naturalización de la teoría del conocimiento”, en Fischer Hans Rudi, et. al. (comp.), El final de los grandes proyectos , Gedisa, España, 1997, p. 23
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